No queremos morir cargando agua

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Foto: Fundapaz.

Gran Chaco Sudamericano23/02/2018 · Por Martín Coria / Traducción: Mariana Morán.

Con sus discretas, pero incansables actitudes, habilidades para escuchar, respeto por la sabiduría y experiencia de los ancianos y una sonrisa, Rebeca Soraire y Néstor Montes están transformando la América del Sur rural e inspirando a muchos otros a seguirlos. Ambos con menos de 30 años de edad, desempeñan papeles clave en un importante esfuerzo de colaboración, apoyado, en parte, por las organizaciones religiosas Food Resources Bank (FRB) y Church World Service (CWS), cuyo objetivo es promover la recolección de agua de lluvia de las azoteas de los hogares de las comunidades que habitan en la frontera entre Bolivia y Argentina. Este es posiblemente el lugar más caluroso de Sudamérica, donde más de 2.000 familias indígenas y campesinas que viven en lugares remotos, enfrentan déficits hídricos crónicos.

Entre 80 y 100 años atrás, los colonos campesinos, denominados criollos, se trasladaron a la zona creando tensión y conflictos, a veces violentos, por el uso de la tierra, entre éstos que eran ganaderos y los Wichi indígenas, seminómadas, cazadores y recolectores. Rebeca Soraire es nieta de uno de esos colonos criollos, que hoy en día son tan pobres como sus vecinos indígenas.

Además de participar activamente en la parroquia católica local y brindar una clase de alfabetización informática a estudiantes criollos y Wichis, Rebeca es miembro de la junta de la asociación regional de criollos de Los Blancos, Argentina. También es una de las pocas mujeres que integra un equipo local interétnico que encuesta a las familias, calcula su déficit hídrico y ayuda a crear mapas utilizando tecnología moderna, como equipos de GPS y Sistemas de Información Geográfica. Esos mapas, que hoy incluyen información de más de 2.000 familias, son herramientas fundamentales para trabajar sobre la problemática del agua. "No queremos morir llevando agua", dice una Rebeca muy decidida.

"Al principio, realmente no me gustaba usar GPS, cámaras y realizar encuestas de hogares. Esto cambió cuando nos dimos cuenta de que realmente nos iban a ayudar. El mapeo nos ayudó a mostrarle al resto de la comunidad y a las autoridades, no sólo la magnitud del problema del agua en el área, sino también quiénes son las familias que necesitan prioridad. Por ejemplo, de 130 familias de una comunidad, 120 tenían problemas de titulación de tierras y todas carecían de acceso a agua potable”. En esta región, la sequía suele durar seis meses y el déficit hídrico es tan grave que el agua de lluvia recolectada se utiliza exclusivamente para el consumo humano.

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Foto: Fundapaz.

Mientras tanto, Néstor, un hábil trabajador de la construcción, fabrica sistemas de captación de agua de lluvia en las azoteas. Él y otros miembros de la comunidad aprendieron a construir el tipo de cisterna de cemento que CWS y la ONG Fundapaz (socia local de FRB) trajeron de la región noreste de Brasil. Además de construir cisternas en el área de Los Blancos, donde vive, Néstor ahora viaja para entrenar a otros, en lugares tan distantes como Santiago del Estero o incluso cruzando la frontera con Bolivia. Néstor y su compañero de equipo tardan entre cinco y siete días en construir una cisterna de 4.226 galones, que incluye el tiempo que le demanda capacitar a personas locales interesadas en cómo construirlas. "Es conmovedor cuando construyes el primer sistema de recolección de agua de lluvia en una comunidad, pero se necesitan muchos más. El agua es nuestro problema número uno", dice. Las dos últimas cisternas que Néstor construyó en dos comunidades criollas beneficiaron a 34 familias (unas 190 personas).

Néstor es también un líder comunitario en ascenso del pueblo Wichi, que se encuentra en transición a convertirse en asentamientos permanentes, como resultado de la migración interna y las disputas territoriales y de apropiación de tierras en la región. En su papel de representante regional del pueblo Wichi, Néstor frecuentemente se reúne con funcionarios públicos federales, provinciales y municipales y agencias gubernamentales para discutir iniciativas de desarrollo comunitario relativas al agua, la educación y la salud. También se involucra para resolver o prevenir conflictos comunitarios, incluidas las disputas interétnicas entre miembros indígenas y no indígenas de la comunidad. En palabras de Néstor, "Hay conflictos que separan a los Wichis de los criollos, pero no somos enemigos. Y cuando se trata del agua, por ejemplo, no hay diferencias entre nosotros ". Néstor construye, enseña, defiende y también es un pacificador.

CWS y sus socios han ayudado a construir 25 sistemas de captación de agua de lluvia en las azoteas de las escuelas locales, aumentando la capacidad de recolección y almacenamiento de agua de lluvia en 160.000 galones.

Recientemente, Rebeca y Néstor viajaron a una conferencia regional organizada por Fundapaz y el FIDA, agencia para el desarrollo agrícola de las Naciones Unidas, sobre el mapeo comunitario como una herramienta para promover el acceso al agua, la tierra y la resolución de conflictos. Después de sus presentaciones, un periodista de un periódico nacional le preguntó a Rebeca cómo se las arregla ella para ser tan pacífica y la comunidad para mantenerse unida, cuando la situación del agua es tan desesperante y las necesidades y la injusticia son tan graves. Se detuvo por unos segundos y respondió: "No es fácil, pero nunca usaremos la violencia porque somos pobres y, como miembros más débiles de la comunidad, estamos seguros de que obtendremos la peor parte".

Néstor, Rebeca y las organizaciones comunitarias que ellos representan son actores vitales en el grupo de trabajo local sobre el agua que Fundapaz ayudó a crear. Otros miembros del grupo de trabajo incluyen el gobierno provincial de Salta y ONG locales y grupos comunitarios. CWS es uno de los dos observadores internacionales invitados a acompañar al grupo de trabajo. De tener éxito, el paisaje de esta zona semiárida de América del Sur, conocida como Gran Chaco, cambiará para siempre con cientos, si no miles, de sistemas de captación de agua de lluvia en las azoteas que se convertirán, de esta manera, en una característica habitual de los pueblos y las casas rurales.

Y con gente como Rebeca y Néstor trabajando duro, el cambio ya comenzó.