El derecho a quedarse: clima, migración y resiliencia | Autor: CWS | Reflexiones desde Honduras con Ever Guillén, representante de país de CWS. En Santa Bárbara, en el occidente de Honduras, una reciente visita de una delegación de CWS puso de relieve cómo la migración, el cambio climático y los desafíos económicos están profundamente interconectados. Las conversaciones con familias, personas que han retornado y líderes comunitarios subrayaron la importancia de programas como Produce Verde, un proyecto implementado por CWS y su socio local CASM, con el apoyo financiero de Growing Hope Globally. En esta conversación, Ever Guillén, representante de país de CWS en Honduras, explica cómo el programa Produce Verde está ayudando a las familias a fortalecer sus medios de vida, proteger los recursos naturales y desarrollar resiliencia frente al cambio climático. ¿Qué aprendieron sobre los desafíos y oportunidades que enfrentan estas comunidades? Una de las lecciones más claras de esta visita fue comprobar cuán profundamente interconectados están el cambio climático, la seguridad alimentaria y la migración. Durante los últimos tres años, Produce Verde ha apoyado a más de 600 familias, ayudándolas a adoptar prácticas agroecológicas, diversificar sus fuentes de ingresos, fortalecer las organizaciones comunitarias y mejorar su capacidad de adaptación frente a los impactos climáticos. Sin embargo, las familias continúan enfrentando desafíos significativos. La agricultura sigue siendo la base de los medios de vida locales, pues la mayoría de los hogares dependen del cultivo de café, maíz, frijol y de la producción pecuaria a pequeña escala. Las lluvias cada vez más irregulares, las sequías prolongadas, las enfermedades de los cultivos y la disminución de la rentabilidad agrícola están debilitando tanto la producción de alimentos como los ingresos familiares. Este año, por ejemplo, la región atraviesa una de las sequías más severas de la última década. La temporada agrícola comenzó varias semanas más tarde de lo habitual, generando incertidumbre para los agricultores que dependen de patrones climáticos predecibles. Cuando las cosechas fracasan, las familias pierden tanto alimentos como ingresos, lo que dificulta invertir en su futuro y aumenta la presión para migrar. ¿Cómo responden las familias a estos desafíos? Lo que más me impresionó fue la determinación de las comunidades para adaptarse. A través de Produce Verde, las familias están adoptando prácticas agrícolas inteligentes frente al clima, como sistemas de riego, cosecha de agua, reforestación y manejo sostenible de los recursos naturales. Estas medidas ayudan a proteger los cultivos durante los períodos de sequía y a preservar fuentes de agua fundamentales. Las familias también están diversificando su producción mediante el cultivo de hortalizas y el desarrollo de pequeños negocios que reducen la dependencia de una sola fuente de ingresos. Los grupos comunitarios de ahorro y crédito se han convertido en otra herramienta importante, al facilitar el acceso a recursos que permiten a las familias invertir en actividades productivas y enfrentar la incertidumbre económica. Las mujeres están desempeñando un papel especialmente importante en esta transformación. Debido a que la migración ha llevado a muchos hombres a salir en busca de trabajo, las mujeres han asumido cada vez más responsabilidades relacionadas con la producción agrícola y la economía del hogar. Sin embargo, todavía enfrentan barreras en el acceso a la tierra, el crédito y otros recursos productivos. Por ello, fortalecer el liderazgo y la participación económica de las mujeres se ha convertido en un componente esencial del enfoque del proyecto. ¿Recuerda algún ejemplo que se haya destacado durante la visita? Una de las experiencias más inspiradoras fue conocer al grupo de mujeres “Manos Unidas para Siempre” en la comunidad de Calpules. Las integrantes compartieron cómo su participación en el proyecto ha transformado sus vidas, no solo desde el punto de vista económico, sino también personal. A través de la producción agrícola colectiva, la gestión financiera, la comercialización de sus productos y su participación en un grupo rural de ahorro y crédito, han fortalecido su confianza y demostrado su capacidad para asumir responsabilidades que tradicionalmente se reservaban para los hombres. Su éxito está transformando la percepción dentro de sus familias y comunidades sobre el papel que las mujeres pueden desempeñar en el desarrollo local. Al mismo tiempo, se están convirtiendo en defensoras de la protección ambiental, la seguridad alimentaria y la resiliencia comunitaria. Su liderazgo constituye un poderoso ejemplo para otras mujeres y, quizás más importante aún, para las niñas y adolescentes que ahora cuentan con modelos a seguir que les muestran nuevas posibilidades para su futuro. ¿Por qué es tan importante mantener el apoyo a estas iniciativas? Retomando la vulnerabilidad que mencioné anteriormente: los avances que observamos son reales, pero siguen siendo frágiles. Las comunidades continúan enfrentando barreras estructurales, como el acceso limitado a mercados, financiamiento, asistencia técnica y tecnologías de adaptación climática. Al mismo tiempo, la reducción de los fondos destinados a la cooperación internacional amenaza la sostenibilidad de programas que han requerido años de trabajo para consolidarse. Sin una inversión continua, las familias podrían volverse más vulnerables a las sequías, las enfermedades de los cultivos y futuros eventos climáticos extremos. La disminución de las oportunidades económicas también podría incrementar las presiones migratorias, especialmente entre la juventud y las personas migrantes que retornaron y que enfrentan dificultades para reintegrarse económicamente. Lo que está en juego no es únicamente el financiamiento de actividades específicas, sino la continuidad de procesos de desarrollo comunitario a largo plazo que fortalecen la resiliencia, el liderazgo y las capacidades locales. ¿Cuál es el mensaje principal que quisiera que las personas recordaran? La experiencia de Santa Bárbara demuestra que el cambio climático, la seguridad alimentaria y la movilidad humana no pueden abordarse por separado. Forman parte del mismo ciclo de vulnerabilidad que afecta a las comunidades rurales. Cuando el cambio climático reduce la productividad agrícola, las familias pierden tanto alimentos como ingresos. A medida que disminuyen las oportunidades, la migración se convierte cada vez más en una estrategia de supervivencia. Pero también vimos que este ciclo puede romperse. Las inversiones en agricultura sostenible, adaptación climática, organización comunitaria y oportunidades económicas están ayudando a las familias a construir medios de vida seguros y aSigue leyendo «El derecho a quedarse: clima, migración y resiliencia»
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“La migración no es un hecho aislado”
“La migración no es un hecho aislado” | Autor: CWS | Reflexiones desde Honduras con Abbey Combs, consultora de Respuesta a Migrantes y Refugiados para América Latina y el Caribe de CWS Durante una visita reciente a Honduras, una delegación de CWS se reunió con comunidades del departamento de Santa Bárbara, organizaciones locales y representantes gubernamentales que trabajan para abordar los desafíos interrelacionados de la migración, el cambio climático, la inseguridad alimentaria y las oportunidades económicas. Entre ellos estuvo Abbey Combs, quien comparte lo que aprendió sobre la migración, el retorno y la reintegración, así como por qué es importante invertir en las comunidades locales para las personas que deciden quedarse, migrar o reconstruir sus vidas después de regresar a Honduras. Comprender a la Honduras de hoy ¿Qué fue lo que más le llamó la atención durante la visita y cómo ayuda esto a explicar la migración actual? Honduras lleva apenas siete meses bajo un nuevo gobierno y en medio de una transición política que ya ha tenido importantes implicaciones sociales y económicas. Los socios locales compartieron preocupaciones sobre el aumento de la inseguridad, la reducción de las protecciones sociales y las limitadas oportunidades económicas, especialmente en las zonas rurales. Al mismo tiempo, las comunidades continúan enfrentando los impactos del cambio climático, incluidos períodos de sequía, inundaciones y patrones ambientales cada vez más impredecibles que afectan los medios de vida agrícolas. En conjunto, estas presiones hacen que la movilidad humana, incluidos el desplazamiento interno, la migración hacia otros países y las deportaciones, siga siendo una realidad constante para las familias y comunidades hondureñas. Retorno, deportación y reintegración ¿Qué tendencias migratorias destacaron más en sus conversaciones con comunidades, personas que retornaron y socios locales? Reiteradamente, escuchamos a nuestros socios sobre el aumento de los retornos y las deportaciones. Hasta mediados de junio de 2026, aproximadamente 20.000 hondureños habían regresado al país, unas 4.000 personas más que en el mismo período del año anterior. Los socios informaron que, en promedio, entre 140 y 150 personas retornan diariamente. Si bien Honduras ha recibido deportaciones durante muchos años, los socios locales expresaron preocupación porque las personas están regresando en condiciones cada vez más vulnerables y describieron un trato cada vez más severo durante los procesos de detención y deportación. Otro cambio importante es que muchas de las personas vivieron durante años en Estados Unido; no son únicamente quienes fueron detenidas recientemente en la frontera. Esto genera desafíos de reintegración mucho más complejos. ¿Cómo están afectando las políticas migratorias recientes de Estados Unidos y el aumento de las deportaciones a las personas, familias y comunidades en Honduras? Los efectos se están sintiendo tanto entre los hondureños que viven en Estados Unidos como entre quienes permanecen en Honduras. Muchas familias hondureñas dependen de las remesas que sus familiares envían de Estados Unidos para cubrir sus necesidades básicas. Con frecuencia, estos recursos permiten construir viviendas, comprar medicamentos y mantener pequeños negocios. Ahora, debido al incremento de las medidas de control migratorio y a cambios en las políticas, como la eliminación del Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) para Honduras, muchas familias enfrentan dificultades económicas porque sus familiares han sido deportados o tienen miedo de salir a trabajar por temor a ser detenidos. Más allá del impacto económico, las comunidades también enfrentan los retos de reintegrar a quienes regresan, mientras las familias atraviesan separaciones, incertidumbre y reunificaciones repentinas después de años de distancia. ¿Qué aprendió sobre los desafíos y oportunidades que enfrentan las personas que regresan a Honduras después de una deportación o un desplazamiento? En muchos casos, vuelven con deudas derivadas de su proceso migratorio o de gastos legales en Estados Unidos, y pueden haber perdido redes de apoyo o conexiones familiares sólidas, especialmente si han vivido fuera del país durante largos períodos. Una tendencia particularmente preocupante es el aumento de las separaciones familiares, ya que no siempre se les brinda la oportunidad a los padres de decidir si regresan junto con sus hijos o de organizar el cuidado de los menores que permanecen en Estados Unidos. Los socios también expresaron preocupación por el creciente número de nacionales de otros países deportados a Honduras, a menudo con poca transparencia sobre los lugares a los que son trasladados o la asistencia disponible para ellos a su llegada. Crear condiciones para que las personas puedan quedarse ¿Qué significa el derecho a quedarse en el contexto hondureño? El derecho a quedarse significa que las personas deben tener la oportunidad de elegir si migran o permanecen en sus comunidades. Significa que nadie debería verse obligado a marcharse porque no puede satisfacer sus necesidades básicas o vivir con dignidad. En Centroamérica, muchas personas describen esta visión como el buen vivir: una vida digna donde las oportunidades, la comunidad y el bienestar están al alcance de todos. En Honduras, muchas comunidades ven este ideal amenazado por las dificultades económicas, los impactos climáticos, la inseguridad y el aumento de los retornos. El socio de CWS, CASM (Comité de Acción Social Menonita), está ayudando a crear condiciones para que las personas puedan quedarse por decisión propia mediante programas de agricultura climáticamente inteligente, iniciativas de liderazgo femenino, becas educativas, formación técnica y apoyo a pequeños negocios. ¿Qué les contaron las comunidades sobre los vínculos entre el cambio climático, los medios de vida, la seguridad alimentaria y la migración? Durante la visita, los miembros de las comunidades nos mostraron claramente las conexiones entre migración, cambio climático, seguridad alimentaria y medios de vida. Los agricultores nos hablaron de las sequías, la irregularidad de las lluvias y las dificultades para producir alimentos. Otras familias compartieron cómo los huracanes Eta e Iota (2020) destruyeron sus hogares y sus medios de subsistencia. Todos estos factores influyen en las decisiones de las personas sobre si quedarse, migrar o regresar. Debido a que estas realidades están interconectadas, las respuestas también deben estarlo. Por ello, CWS trabaja con organizaciones como CASM, que reconocen que la migración está vinculada a muchos otros aspectos de la vida comunitaria. Las inversiones en seguridad alimentaria, adaptación climática, medios de vida y recuperación ante desastres ayudan a fortalecer la estabilidad y la resiliencia necesarias para que las familias puedan permanecer en sus comunidades si así lo desean. Después de visitar estas comunidades, ¿cuál es el principal mensaje que espera que las personas recuerden? En Estados Unidos se suele pensar en la deportación como el final de una historia migratoria. En realidad, con frecuencia es el comienzo de un nuevo capítulo para las personas, las familias y las comunidades que intentan reconstruir sus vidas. Si hay algo que espero que las personas recuerden es que la migración no es un hecho aislado; es parte de una historia mucho más amplia relacionada con la familia, las oportunidades y la dignidad. Nuestro tiempo en Honduras reafirmó la importancia de invertir en las comunidades y organizaciones locales que están ampliandoSigue leyendo «“La migración no es un hecho aislado”»
La fuerza de la perseverancia: Orfelina y su trabajo en las comunidades
La fuerza de la perseverancia: Orfelina y su trabajo en las comunidades | Autor: CWS | A través de la fe, la humildad y el acompañamiento de campo, la técnica agrícola Orfelina Portillo está ayudando a familias en zonas rurales de Honduras a transformar sus medios de vida, construir fincas sostenibles, hogares más saludables y una comunidad más fuerte y conectada. Si antes Orfelina Portillo se describía como parte del “brazo que alimenta al mundo”, hoy, tras tres años de entrega en el proyecto Produce Verde, se ha convertido en el corazón de todo un equipo que sostiene ese esfuerzo con amor y disciplina. Cada mañana, antes de que el sol se levante sobre Santa Bárbara, Honduras, Orfelina ora. Pide seguridad para el camino, pide que cada semilla, puesta en nombre de Dios, encuentre suelo fértil. Como técnica agrícola de nuestro socio local CASM, ella recorre las fincas y veredas para orientar a las familias y ayudarles a que sus proyectos productivos sean sostenibles. Este trabajo se basa en 15 años de alianza entre CASM y CWS para abordar la inseguridad alimentaria en Santa Bárbara. Ahora, en el tercer año de la iniciativa, respaldada por CWS y Growing Hope Globally, la rutina de Orfelina sigue igual, pero el paisaje que recorre ha cambiado. Ya no solo ve parcelas a medio hacer; ahora hay huertos que han superado la prueba del tiempo. La «metodología de pase de cadena» ha florecido: las familias que recibieron sus primeros animales hoy entregan sus crías a sus vecinos, transformando la ayuda individual en una red de bienestar comunitario. La filosofía de Orfelina es sencilla y poderosa: “Hay que saber llegar”. Para ella, la primera herramienta que las personas necesitan es la confianza. Llueva o haga sol, Orfelina llega sonriente a escucharlas. El proceso inicia conociendo la realidad de cada hogar y evaluando cómo puede apoyar. La escasez no es un obstáculo, sino un punto de partida. “Siempre hay algo que se puede construir paso a paso”, afirma. Dependiendo de cada situación, las familias reciben ayuda para organizar huertos, corrales para gallinas, ecofogones, silos metálicos para guardar granos, lavaderos, letrinas o pisos mejorados, entre otros. Impacto que sigue creciendo Uno de los cambios más importantes que ha visto está en la mesa. Los huertos se convirtieron en medicinas naturales. “Los niños han superado esa parte, superan enfermedades como la anemia. Las capacitaciones han servido de mucho, y son cositas que ellas (las familias) tienen en el huerto”. Salud desde la raíz: Lo que antes era una explicación técnica sobre cultivos, hoy es un testimonio de salud. En coordinación con promotores locales, los huertos se han vuelto la primera línea de defensa contra la anemia y la desnutrición infantil. Sostenibilidad real: Los silos (recipientes) metálicos y ecofogones instalados en las primeras etapas hoy son herramientas que rinden ciento por ciento. Inspirando a la próxima generación de agricultoras y técnicos La vocación de Orfelina también se siente en su familia. Su hija Esmeralda, quien hoy tiene 13 años y creció viéndola compartir con las comunidades, proyecta su futuro en la agronomía o la veterinaria. Y es que el trabajo de Orfelina ha inspirado a una nueva generación en Santa Bárbara, por eso algunos jóvenes se le acercan a decirle que quieren seguir su camino. En casa, ella practica lo que enseña: mantiene su huerto y sus animales con los cuidados necesarios, lo cual le permite hablarle al productor desde la experiencia: “Yo les recomiendo estas cosas porque yo también las hago”. Al final de cada día, Orfelina regresa a casa, revisa sus notas y registra todo lo aprendido d la comunidad que visitó. “Es mi felicidad. Mi lema es enseñar y aprender al mismo tiempo”, afirma. Su trabajo es constante y silencioso. Como dice ella, “solo puede hacerse con fe y humildad”, y la convicción de que cada familia tiene la capacidad de transformar su propia vida cuando encuentra el apoyo adecuado. El proyecto Produce Verde es implementado por nuestro socio local, Comisión de Acción Social Menonita (CASM), con el apoyo de Growing Hope Globally. Conoce más sobre nuestro trabajo en Centroamérica aquí. Relacionadas: Centroamérica Donde una familia siembra un futuro: cultivando estabilidad a través de la fe y el trabajo arduo 2 de marzo, 2026Leer ahora Cosechas: nutrición, aprendizaje y generosidad 17 de noviembre, 2025Leer ahora «La Bendición»: una finca que alimenta a la familia Rivera 23 de abril, 2025Leer ahora
Donde una familia siembra un futuro: cultivando estabilidad a través de la fe y el trabajo arduo
Donde una familia siembra un futuro: cultivando estabilidad a través de la fe y el trabajo arduo A través del proyecto Produce Verde, apoyado por CWS, la familia de Pedro Maldonado está transformando sus medios de vida, fortaleciendo su unidad e inspirando a su comunidad mediante prácticas agrícolas sostenibles. | Autor: CWS | Cuando la luz del día apenas se asoma tímidamente, la rutina de la familia Maldonado ya ha iniciado. Con una oración agradecen por un nuevo día, desayunan y salen al campo, donde además de sus cultivos también crece la esperanza. Hace unos años, la vida de Pedro y su familia fue puesta a prueba cuando la pandemia golpeó Honduras. El trabajo se volvió incierto, los precios subieron y conseguir alimentos se hizo cada vez más difícil. La situación llegó a ser tan grave que su esposa Edis consideró migrar a los Estados Unidos para ayudar económicamente, pero la familia no quería separarse. Decidieron quedarse en Honduras, permanecer juntos y aferrarse a su fe. Poco después, llegó la oportunidad de integrarse al programa de seguridad alimentaria que lidera la Comisión de Acción Social Menonita CASM, con el apoyo de Church World Service y Growing Hope Globally. Este programa marcó un antes y un después en sus vidas. Recibieron animales, capacitación y herramientas para transformar su hogar en una finca productiva. Crecimiento, aprendizaje y liderazgo compartido Dos años después, los cambios son visibles en cada rincón. Donde antes había pocos animales, hoy hay corrales organizados para gallinas ponedoras, pollos de engorde y pollitos más pequeños. Edis ahora lidera el proyecto avícola con confianza. Empezó con apenas 15 gallinas, hoy cuida hasta 100 pollitos y recibe pedidos constantes de la comunidad. “Gracias a mi esposo que me ha dado fuerza, que me dice: ‘no tenga miedo de invertir”. El biodigestor instalado en la finca les permite producir gas a partir de desechos, reducir costos y aprovechar mejor los recursos. La secadora solar ha mejorado el manejo del café, y las técnicas de abono orgánico fortalecieron la tierra. Incluso, aprovechan cada subproducto: con las cáscaras de tomate, zanahoria y limón, desparasitan a los animales, sin necesidad de químicos. Sembrando estabilidad en familia Cada mejora representa aprendizaje, esfuerzo y perseverancia. Sin embargo, Pedro insiste en que el cambio más grande no se ve a simple vista. Está en la forma en que su familia trabaja ahora. Antes, él sentía que debía resolverlo todo solo. Hoy, cada miembro tiene un rol y un propósito. Su esposa cuida los animales, sus hijos apoyan en el abono y el café, y las decisiones se toman juntos. Ese trabajo compartido mejoró la economía del hogar y trajo tranquilidad y alegría. Y este proceso está profundamente conectado con su fe, porque aunque sus actividades comienzan en la madrugada y se extienden hasta la noche, “tenemos siempre el tiempo para Dios”, dice Edis. La familia participa activamente en su comunidad religiosa, y cuidar la tierra es, para ellos, una forma de honrar la creación. Pedro lo describe con sencillez: “Estamos siendo administradores de la creación y cuando estamos implementando cosas como estas, estamos contribuyendo con el medio ambiente”. La luz se comparte. El impacto ya se extendió más allá de su hogar. A través del proyecto Produce Verde, Pedro no sólo recibió apoyo técnico, sino también una nueva forma de ver el futuro. Esa visión ha comenzado a inspirar a otras familias de la comunidad, que ahora se acercan para observar, preguntar y aprender. Pedro nunca buscó convertirse en un ejemplo, pero su experiencia lo ha llevado a compartir lo que sabe con quienes lo rodean y ser un líder. Avanzando, paso a paso Cuando habla del futuro, Pedro no menciona metas definitivas ni éxitos concluidos. Prefiere hablar del proceso. “No le digo que lo hemos logrado, sino que lo estamos logrando porque el plan es seguir avanzando. Darnos cuenta de que podemos desarrollar proyectos familiares es muy importante”. Edis sueña con una finca más grande, con la casa en el centro y espacio suficiente para expandir los proyectos y compartir conocimientos con otros. Pedro escucha ese sueño con una sonrisa tranquila y dice: “Pedro está donde está porque ha sido un loco soñador y ha dicho: “se puede”. Relacionadas: Centroamérica Cosechas: nutrición, aprendizaje y generosidad 17 de noviembre, 2025Leer ahora «La Bendición»: una finca que alimenta a la familia Rivera 23 de abril, 2025Leer ahora La familia Gutiérrez cultiva vida y esperanza en Honduras 22 de abril, 2025Leer ahora
Cosechas: nutrición, aprendizaje y generosidad
Cosechas: nutrición, aprendizaje y generosidad Rigoberto vive en la comunidad de El Carrizal, en el departamento de Yoro, Honduras. Con dedicación y alegría, ha transformado su pequeño terreno en una huerta vibrante que alimenta a su familia y fortalece su conexión con la tierra y sus vecinos. | Autor: CWS | «Lo que me encanta es cosechar, consumir lo que yo produzco, y compartirlo», dice Rigoberto y añade que «la iglesia nos ha enseñado que no seamos egoístas». Esta filosofía guía su trabajo diario al lado de su esposa Ofelia y sus cuatro hijos. Él cultiva hortalizas como tomates, chiles y hojas verdes, y ha comenzado a experimentar con nuevos cultivos que prosperan en su región como el maíz y el fríjol. A través del proyecto Produce Verde, implementado por la Comisión de Acción Social Menonita (CASM) con el apoyo de Growing Hope Globally, Rigoberto ha aprendido a elaborar fertilizante orgánico, adoptar nuevas técnicas de siembra y preparar comidas nutritivas con lo que cultiva. Su objetivo no es hacer mucho dinero, sino “tener alimento para la familia”. Más que sembrar: aprender y compartir El proyecto Produce Verde se enfoca en la Seguridad Alimentaria Nutricional y Agricultura Familiar, ofreciendo formación en salud y nutrición a familias rurales. Para Rigoberto, esto ha significado mejorar sus prácticas agrícolas y aprender a preparar comidas más saludables para su familia. “Las capacitaciones son claras y concretas, no sólo de teoría, sino de poner en práctica lo que aprendemos. Hemos aprendido a hacer foliares (fertilizantes) y abonos, y a alimentarnos mejor, ahora hacemos jugos en lugar de tomar refrescos de gaseosa”, cuenta Rigoberto mientras muestra la variedad de frutas que organizó su esposa Ofelia en la mesa. El de Rigoberto es uno de los 81 hogares que han establecido parcelas productivas con cultivos diversos como plátano, yuca y sandía. También construyó una pequeña granja para la crianza de aves, lo que contribuye al consumo de proteína en su hogar y genera ingresos con la venta de excedentes de huevos y carne. Aprendizaje colectivo Marco, otro participante del proyecto, destaca cómo la capacitación les ha ayudado a valorar lo que producen y entender la importancia de la nutrición. “No se trata solo de cultivar alimentos, se trata de aprender cosas nuevas, estamos muy contentos,” comenta. Entre abril y septiembre del 2025, 152 personas han participado en talleres sobre producción de fertilizantes orgánicos, y 75 mujeres asistieron a sesiones comunitarias de cocina para aprender a preparar comidas balanceadas con ingredientes locales. Huertas que transforman comunidades Juntos, en esta comunidad están construyendo un futuro más resiliente. Sus huertas son más que fuentes de alimento: son espacios de aprendizaje, solidaridad y esperanza. El proyecto Produce Verde también promueve la conservación ambiental y la adaptación al cambio climático. Las familias han adoptado prácticas inteligentes como secadores solares y sistemas de cosecha de agua, y 53 productores han implementado tecnologías sostenibles para proteger sus cultivos y reducir costos. La historia de Rigoberto es una entre muchas que reflejan el espíritu del proyecto: cultivar no sólo la tierra, sino también el conocimiento, la salud y la generosidad. Conoce más sobre nuestro trabajo en Centroamérica. Relacionadas: Centroamérica «La Bendición»: una finca que alimenta a la familia Rivera 23 de abril, 2025Leer ahora La familia Gutiérrez cultiva vida y esperanza en Honduras 22 de abril, 2025Leer ahora Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras 2 de octubre, 2024Leer ahora
«La Bendición»: una finca que alimenta a la familia Rivera
«La Bendición»: una finca que alimenta a la familia Rivera Rogelio Rivera, su esposa Suyapa Villeda y su familia han transformado su pequeña finca, La Bendición, en un hogar próspero y sostenible en La Sierra, Honduras. A través del proyecto Produce Verde, han adoptado nuevas técnicas agrícolas, diversificado sus cultivos y compartido recursos para fortalecer tanto su sustento como su comunidad. | Autora: Mónica Arango | “Gracias a Dios por un nuevo día”, dice Rogelio cada mañana antes de iniciar sus labores: alimenta a la novilla, riega los cultivos, da agua a las gallinas y supervisa el pastoreo de las ovejas. Su esposa, Suyapa, prepara las tortillas fortificadas y licuados verdes que aprendió a hacer, antes de comenzar su trabajo con la huerta y los animales. Rogelio Rivera y Suyapa Villeda viven con sus tres hijos en la comunidad de La Sierra, Macuelizo, Santa Bárbara. Esta zona de clima fresco, rodeada de pinos y compuesta por unas 30 familias, los acogió hace más de cuatro décadas. Desde que se unieron al proyecto Produce Verde, implementado por la Comisión de Acción Social Menonita (CASM), han aprendido nuevas técnicas agrícolas y construido el gallinero que necesitaban. También diversificaron sus cultivos con plátano, yuca, frijoles, hortalizas como rábano y mostaza, y árboles frutales como manzana, papaya, piña y limón. La familia cría animales, incluidos cerdos, gallinas y ovejas, y ha comenzado a mantener colonias de ‘meliponas’, abejas nativas sin aguijón, cuya miel utilizan con fines medicinales y para la venta. Su finca, La Bendición, es ahora una fuente de orgullo. “No sabíamos cómo hacer este abono”, dice Rogelio, mostrando las lombrices que se mueven en la tierra que sostiene en la mano. “Estamos muy agradecidos con Dios”, añade, señalando con entusiasmo los sacos de abono que ahora representan autosuficiencia y un suelo sano del que cosecha alimentos para su familia. Cultivando habilidades Suyapa comparte con orgullo que ahora sabe cómo cuidar mejor su huerta. “Aprendí a cuidar de mis animalitos y muchas cosas más de agricultura. Me encantan mis gallinitas”, afirma. También forman parte de un grupo que promueve prácticas sostenibles, como evitar la quema de desechos y utilizar abono orgánico en cultivos en terrazas. Como muestra de su compromiso con la comunidad —y como parte del proyecto— la familia participa en la práctica de “pase en cadena”, la cual consiste en entregar un cerdito a otra familia en una comunidad vecina para que lo críen, puedan reproducirlo y eventualmente, vender como una fuente adicional de ingresos. Como señala César Soriano, de CASM: “Este proyecto y el empeño de las personas representan un compromiso natural con la tierra y una disposición de experimentar con nuevas prácticas”. El proyecto Produce Verde es implementado por nuestro socio local, la Comisión de Acción Social Menonita (CASM), con el apoyo de Growing Hope Globally. Conoce más sobre nuestro trabajo en Centroamérica. Relacionadas: Centroamérica La familia Gutiérrez cultiva vida y esperanza en Honduras 22 de abril, 2025Leer ahora Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras 2 de octubre, 2024Leer ahora Las manos de doña Santos cosechan el futuro de su familia 17 de mayo, 2024Leer ahora
La familia Gutiérrez cultiva vida y esperanza en Honduras
La familia Gutiérrez cultiva vida y esperanza en Honduras Pedro Pablo Gutiérrez y su familia han transformado su pequeña finca en Las Varas, Honduras, en un hogar autosuficiente y próspero con el apoyo del proyecto Produce Verde. A través del trabajo en equipo, prácticas agrícolas sostenibles y el compartir con la comunidad, han creado una vida basada en la resiliencia, la salud y la generosidad. | Autora: Mónica Arango | Cada mañana, Pedro Pablo Gutiérrez comienza su día con una oración y una taza de café caliente. Él vive junto a su esposa Rosa y su hija Glenda en la comunidad de Las Varas, Macuelizo, en el departamento de Santa Bárbara, Honduras. Ellos cuidan su finca con esmero. Su día empieza temprano: alimentan a los cerdos, revisan el estanque de peces, atienden a los animales y supervisan los cultivos. “Aquí hacemos de todo un poquito”, compartió Pedro Pablo. El cultivo de piña es su tarea favorita. “Nos encanta su sabor, por eso lo disfrutamos tanto”, dice, señalando las hileras escalonadas que han sembrado. Algunas piñas ya están listas para cosechar, mientras que otras apenas comienzan a crecer. Esta fruta también les genera ingresos, ya que las venden en pueblos vecinos. “La piña se vende bien; tiene un buen mercado.” Además de las piñas, la familia cultiva maíz y frijoles y mantiene una gran variedad de plantas. También crían cerdos, gallinas, patos y ovejas, y cuentan con un pequeño estanque de peces. “Los peces no se ven, pero ahí están. Cada mañana encendemos el sistema de agua y los alimentamos”, explica Pedro Pablo, orgulloso del esfuerzo de su familia. Uno de sus logros más significativos es haber podido compartir uno de sus cerditos con otra familia como parte del proyecto. “La llamamos ‘la jefa’”, dice, señalando a la madre preñada. “Dar el cerdito nos hace sentir útiles”, afirma Pedro Pablo. Construyendo un hogar autosuficiente y más saludable Desde que se unieron al proyecto Produce Verde, implementado por la Comisión de Acción Social Menonita (CASM), han aprendido a elaborar fertilizante orgánico, adoptar nuevas técnicas de siembra y preparar alimentos con lo que cultivan. También cuentan con una ecoestufa, una letrina y un sistema de almacenamiento de granos. “El fogón no produce humo; el humo sale por arriba y así protegemos nuestros pulmones”, explica Rosa. “Ya no compramos huevos ni pollo. Ahora tenemos todo aquí para el consumo en casa”, agrega Pedro Pablo. Su finca es un modelo de autosuficiencia y trabajo en equipo: mientras una persona cuida el jardín, otra se ocupa de los animales. Para la familia, el apoyo que han recibido ha sido transformador. “Esta es la primera vez que una institución nos ayuda. Gracias a Dios y gracias a ustedes.” El proyecto Produce Verde es implementado por nuestro socio local, la Comisión de Acción Social Menonita (CASM), con el apoyo de Growing Hope Globally. Haz clic aquí para conocer más sobre nuestro trabajo en Centroamérica. Relacionadas: Centroamérica «La Bendición»: una finca que alimenta a la familia Rivera 23 de abril, 2025Leer ahora Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras 2 de octubre, 2024Leer ahora Las manos de doña Santos cosechan el futuro de su familia 17 de mayo, 2024Leer ahora
“Ser agricultor es un acto de paciencia y fe”
“Ser agricultor es un acto de paciencia y fe” | Autor: CWS | Para Óscar Caballero Benítez, “ser agricultor es un acto de paciencia y fe”, y esto reafirma su creencia en Dios. “El más creyente es el agricultor: Sembramos esperando que la naturaleza nos dé frutos. A veces, pasa hasta un año. Así como la tierra, nuestra vida necesita tiempo y cuidado para dar cosecha”. Él vive con su esposa y cuatro de sus seis hijos en Valle Verde, una comunidad de 110 familias ubicada en el occidente de Honduras. Rodeados de montañas y un clima templado, el lugar es ideal para los agricultores de la zona, quienes tienen un gran potencial productivo capaz de abastecer mercados cercanos como el de Copán y San Pedro Sula. El día comienza temprano en la casa de Óscar. A las 6:00 a.m., alimentan a las gallinas y revisan las parcelas. “Lo que más nos gusta es cosechar en familia”, comenta Óscar. Su hijo menor, de 10 años, se emociona cada vez que recoge los huevos del gallinero. Para Óscar, su parcela es un símbolo de resiliencia y colaboración comunitaria. Hace algunos años, las fuertes lluvias y las plagas habían mermado las cosechas. Él cultivaba maíz, como sus padres le habían enseñado, pero las técnicas tradicionales ya no eran suficientes. Fue entonces cuando la Comisión de Acción Social Menonita llegó a la zona con el proyecto ‘Produce Verde’* y les ofreció capacitaciones técnicas e insumos a los agricultores. Gracias a las nuevas técnicas de siembra que le enseñaron, Óscar aprendió a optimizar sus cultivos. Ahora sabe que el distanciamiento entre las plantas puede influir en la calidad del maíz, dependiendo de si busca cosechar grano o elote. También recibió apoyo para construir los gallineros en los que tiene 20 gallinas, productoras de 10 a 12 huevos diarios. Este recurso mejora la dieta familiar y genera ingresos adicionales. Además, CASM ayudó a modernizar el sistema de agua comunitario. Con la instalación de tuberías nuevas y un sistema de riego en desarrollo, Valle Verde está mejor preparada para enfrentar los desafíos climáticos. Óscar también participó en talleres de sostenibilidad y aprendió a fabricar fertilizantes e insecticidas orgánicos para proteger sus cultivos. Con estas herramientas y el acompañamiento técnico, Óscar diversificó su producción. Hoy no solo trabaja con maíz, sino también con plátano, chile, yuca, papaya y piña. Las lluvias intensas siguen siendo un desafío, pero gracias a la reubicación estratégica de parcelas y al sistema de drenaje comunitario, los agricultores han logrado mitigar los daños. “Antes, una lluvia menor nos afectaba mucho. Ahora, nuestras preparaciones hacen que las cosechas sean más seguras”, explica. El sueño de Óscar y su familia es abrir una panadería para combinar dos pasiones: cultivar y preparar comidas. Con un horno casero, él y su esposa ya empezaron a hornear pan y venderlo por encargo. Su visión es expandir el negocio e incluir tamales, ‘montucas’ y tamalitos (preparaciones tradicionales a base de maíz). “Creemos en Dios y confiamos en que él nos dará lo necesario. También agradecemos por este proyecto que nos ha permitido avanzar”. *Nuestro socio local, la Comision de Accion Social Menonita (CASM) implementa el proyecto Produce Verde, con el apoyo de CWS y Growing Hope Globally. Historias de cambio Video: Voces de mujeres indígenas 27 de agosto, 2024Leer ahora “Animo a todos los jóvenes a aprender una profesión” 30 de julio, 2024Leer ahora “Las mujeres de esta comunidad parecen haber despertado de un largo sueño” 24 de julio, 2024Leer ahora
Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras
Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras | Autor: CWS| Church World Service fue fundada en 1946 «para hacer en colaboración lo que ninguno de nosotros podría lograr por sí solo». Hoy, ese espíritu sigue presente en nuestro enfoque, y es fundamental en nuestra participación en el proyecto de cinco años que se lanzó recientemente: Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras, financiado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). El propósito es atender las necesidades de la población más vulnerable a desastres climáticos en Honduras. La Sierra del Merendón, ubicada en la costa norte, cerca de la frontera con Guatemala, es una región montañosa que se eleva desde el nivel del mar hasta los 2,438 metros en solo 8 kilómetros. Alberga a casi 300.000 personas distribuidas en 238 comunidades. Los modelos climáticos muestran un aumento en las temperaturas diarias promedio y una disminución de la precipitación anual, lo que afectará a más a quienes dependen de la agricultura de subsistencia. La Comisión de Acción Social Menonita (CASM), socio de CWS desde hace muchos años, será el encargado de implementar el proyecto a través de un enfoque integral que incluye capacitación agrícola, fortalecimiento de sistemas de mercado, creación de estaciones meteorológicas y sistemas de alerta temprana, reducción del riesgo de desastres, movilización comunitaria y coordinación con instituciones nacionales y regionales para implementar políticas de gestión de riesgos climáticos. Más de 57.000 personas participarán activamente en el proyecto, y más de 3.600 familias se beneficiarán de prácticas agrícolas climáticamente inteligentes. María Cristina Reyes, presidenta de la Asociación de Patronato en el sector Las Delicias, reflexionó sobre las dificultades que han enfrentado en el pasado para prosperar con las cosechas de la tierra: “Teníamos muchos alimentos y no sabíamos qué hacer con ellos. Tocamos muchas puertas y nadie nos ayudó. Fue indignante porque formamos parte de la sociedad.” También reafirmó su compromiso de cooperar con CASM: “Para nosotros, es un sueño hecho realidad que lleguen a nuestras comunidades para mejorar la calidad de vida de nuestras familias, del medio ambiente y de nuestras tierras.” Este proyecto, con una inversión de 7.2 millones de dólares, es un ejemplo clave de estrategias de adaptación al cambio climático y refleja el compromiso de largo plazo de CWS con las alianzas locales. Además, es la primera vez que los cinco gobiernos locales de la Sierra del Merendón se unen para ejecutar acciones de mitigación frente a la crisis ambiental. CWS ha trabajado en Honduras desde finales de los años 70 y con CASM desde 2007. Programas anteriores incluyen el de seguridad alimentaria, que sirvió como modelo para esta propuesta, y un programa de recuperación ante desastres, en respuesta a los huracanes Eta e Iota en 2020. «Trabajamos con CWS debido a nuestro enfoque compartido en atender las necesidades urgentes de las familias más vulnerables y por nuestros valores comunes de respeto, solidaridad, equidad, justicia y servicio», comentó Nelson García Lobo, director ejecutivo de CASM. CWS seguirá liderando actividades clave como la inclusión de poblaciones vulnerables y la documentación de estrategias de adaptación al cambio climático. Otro aliado en el proyecto fue la Cámara de Comercio e Industrias de Choloma. Los programas de capacitación a largo plazo, centrados en prácticas ambientales inteligentes, son una de nuestras principales estrategias para combatir las causas de la pobreza y el hambre en la región. Centroamérica Las manos de doña Santos cosechan el futuro de su familia 17 de mayo, 2024Leer ahora Con incidencia y liderazgo, Don Elías logró que su comunidad acceda al agua 15 de diciembre, 2023Leer ahora “Formo parte del brazo que alimenta al mundo” 14 de agosto, 2023Leer ahora
Las manos de doña Santos cosechan el futuro de su familia
Las manos de doña Santos cosechan el futuro de su familia | Autor: CWS | En la comunidad de Cunta, una pequeña vereda de Macuelizo, Santa Bárbara (Honduras), doña Santos está inspirando un cambio. Ella atravesó una fase de muchos desafíos tras la pérdida de su esposo y uno de sus cinco hijos, pero con el apoyo de su familia, logró sobreponerse y pasó de ayudar en la venta de verduras de un terreno ajeno a tener su propio espacio de cultivo. Ahora, cuenta con un equipo de jóvenes de la comunidad que la apoyan en la distribución de las verduras que cosecha y ya está planeando abrir su propia tienda. La suya es una de las 21 familias de la zona que están participando en el proyecto ‘Produce Verde’, implementado por nuestro socio local Comisión de Acción Social Menonita CASM, con el apoyo de Growing Hope Globally. En total, son 750 familias en los municipios de Macuelizo, Nueva Frontera y Azacualpa. “Por aquí siempre hemos tenido problemas de agua. Yo antes no sabía usar la motobomba, todo era más difícil. Después, fuimos aprendiendo más cosas”, cuenta doña Santos. Y es que precisamente, uno de los componentes del proyecto es la Seguridad Alimentaria Nutricional y Agricultura Familiar, que se enfoca en la formación en salud y nutrición de las familias rurales para fortalecer sus capacidades y promover su desarrollo. Familias como las de doña Santos reciben acompañamiento técnico, participan en diversas actividades de producción, saneamiento ambiental y prácticas sostenibles. Los participantes también asisten a reuniones con el gobierno local y a actividades sobre los derechos de las mujeres, emprendimiento y autocuidado. Participando en las formaciones, doña Santos aprendió a usar abonos orgánicos, aumentó la calidad de sus cultivos y aprendió a manejar sus ingresos. “Me siento muy bien porque ahora que estoy en este proyecto, he prosperado un poco. Tampoco tengo que comprar comida para mi familia, todo viene de la tierra. A veces, compramos chile. Ya estuve con un grupo de mujeres aprendiendo a hacer encurtidos.” Después de muchos años con una rutina que comienza a las 4:30 de la mañana, el trabajo de doña Santos se ha vuelto desgastante para su salud, pues a veces le duele mucho una rodilla y no puede salir a vender en su carreta. Sin embargo, ella ya está pensando en una solución: “Pienso poner una tienda para vender mis cosas. Yo no guardo el dinero sino que lo voy invirtiendo otra vez en el negocio”, dijo. Además de su proyecto con frutas y verduras, ella tiene un corral de gallinas y ya está preparando otro espacio para recibir la donación de un cerdo. Haz clic aquí para conocer más sobre los programas que acompañamos en Centroamérica. Relacionadas: Historias de cambio Video: Voces de mujeres indígenas 27 de agosto, 2024Leer ahora “Animo a todos los jóvenes a aprender una profesión” 30 de julio, 2024Leer ahora “Las mujeres de esta comunidad parecen haber despertado de un largo sueño” 24 de julio, 2024Leer ahora