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El derecho a quedarse: clima, migración y resiliencia

El derecho a quedarse: clima, migración y resiliencia | Autor: CWS | Reflexiones desde Honduras con Ever Guillén, representante de país de CWS. En Santa Bárbara, en el occidente de Honduras, una reciente visita de una delegación de CWS puso de relieve cómo la migración, el cambio climático y los desafíos económicos están profundamente interconectados. Las conversaciones con familias, personas que han retornado y líderes comunitarios subrayaron la importancia de programas como Produce Verde, un proyecto implementado por CWS y su socio local CASM, con el apoyo financiero de Growing Hope Globally. En esta conversación, Ever Guillén, representante de país de CWS en Honduras, explica cómo el programa Produce Verde está ayudando a las familias a fortalecer sus medios de vida, proteger los recursos naturales y desarrollar resiliencia frente al cambio climático. ¿Qué aprendieron sobre los desafíos y oportunidades que enfrentan estas comunidades? Una de las lecciones más claras de esta visita fue comprobar cuán profundamente interconectados están el cambio climático, la seguridad alimentaria y la migración. Durante los últimos tres años, Produce Verde ha apoyado a más de 600 familias, ayudándolas a adoptar prácticas agroecológicas, diversificar sus fuentes de ingresos, fortalecer las organizaciones comunitarias y mejorar su capacidad de adaptación frente a los impactos climáticos. Sin embargo, las familias continúan enfrentando desafíos significativos. La agricultura sigue siendo la base de los medios de vida locales, pues la mayoría de los hogares dependen del cultivo de café, maíz, frijol y de la producción pecuaria a pequeña escala. Las lluvias cada vez más irregulares, las sequías prolongadas, las enfermedades de los cultivos y la disminución de la rentabilidad agrícola están debilitando tanto la producción de alimentos como los ingresos familiares. Este año, por ejemplo, la región atraviesa una de las sequías más severas de la última década. La temporada agrícola comenzó varias semanas más tarde de lo habitual, generando incertidumbre para los agricultores que dependen de patrones climáticos predecibles. Cuando las cosechas fracasan, las familias pierden tanto alimentos como ingresos, lo que dificulta invertir en su futuro y aumenta la presión para migrar.   ¿Cómo responden las familias a estos desafíos? Lo que más me impresionó fue la determinación de las comunidades para adaptarse. A través de Produce Verde, las familias están adoptando prácticas agrícolas inteligentes frente al clima, como sistemas de riego, cosecha de agua, reforestación y manejo sostenible de los recursos naturales. Estas medidas ayudan a proteger los cultivos durante los períodos de sequía y a preservar fuentes de agua fundamentales. Las familias también están diversificando su producción mediante el cultivo de hortalizas y el desarrollo de pequeños negocios que reducen la dependencia de una sola fuente de ingresos. Los grupos comunitarios de ahorro y crédito se han convertido en otra herramienta importante, al facilitar el acceso a recursos que permiten a las familias invertir en actividades productivas y enfrentar la incertidumbre económica. Las mujeres están desempeñando un papel especialmente importante en esta transformación. Debido a que la migración ha llevado a muchos hombres a salir en busca de trabajo, las mujeres han asumido cada vez más responsabilidades relacionadas con la producción agrícola y la economía del hogar. Sin embargo, todavía enfrentan barreras en el acceso a la tierra, el crédito y otros recursos productivos. Por ello, fortalecer el liderazgo y la participación económica de las mujeres se ha convertido en un componente esencial del enfoque del proyecto. ¿Recuerda algún ejemplo que se haya destacado durante la visita?  Una de las experiencias más inspiradoras fue conocer al grupo de mujeres “Manos Unidas para Siempre” en la comunidad de Calpules. Las integrantes compartieron cómo su participación en el proyecto ha transformado sus vidas, no solo desde el punto de vista económico, sino también personal. A través de la producción agrícola colectiva, la gestión financiera, la comercialización de sus productos y su participación en un grupo rural de ahorro y crédito, han fortalecido su confianza y demostrado su capacidad para asumir responsabilidades que tradicionalmente se reservaban para los hombres. Su éxito está transformando la percepción dentro de sus familias y comunidades sobre el papel que las mujeres pueden desempeñar en el desarrollo local. Al mismo tiempo, se están convirtiendo en defensoras de la protección ambiental, la seguridad alimentaria y la resiliencia comunitaria. Su liderazgo constituye un poderoso ejemplo para otras mujeres y, quizás más importante aún, para las niñas y adolescentes que ahora cuentan con modelos a seguir que les muestran nuevas posibilidades para su futuro. ¿Por qué es tan importante mantener el apoyo a estas iniciativas? Retomando la vulnerabilidad que mencioné anteriormente: los avances que observamos son reales, pero siguen siendo frágiles. Las comunidades continúan enfrentando barreras estructurales, como el acceso limitado a mercados, financiamiento, asistencia técnica y tecnologías de adaptación climática. Al mismo tiempo, la reducción de los fondos destinados a la cooperación internacional amenaza la sostenibilidad de programas que han requerido años de trabajo para consolidarse. Sin una inversión continua, las familias podrían volverse más vulnerables a las sequías, las enfermedades de los cultivos y futuros eventos climáticos extremos. La disminución de las oportunidades económicas también podría incrementar las presiones migratorias, especialmente entre la juventud y las personas migrantes que retornaron y que enfrentan dificultades para reintegrarse económicamente. Lo que está en juego no es únicamente el financiamiento de actividades específicas, sino la continuidad de procesos de desarrollo comunitario a largo plazo que fortalecen la resiliencia, el liderazgo y las capacidades locales. ¿Cuál es el mensaje principal que quisiera que las personas recordaran? La experiencia de Santa Bárbara demuestra que el cambio climático, la seguridad alimentaria y la movilidad humana no pueden abordarse por separado. Forman parte del mismo ciclo de vulnerabilidad que afecta a las comunidades rurales. Cuando el cambio climático reduce la productividad agrícola, las familias pierden tanto alimentos como ingresos. A medida que disminuyen las oportunidades, la migración se convierte cada vez más en una estrategia de supervivencia. Pero también vimos que este ciclo puede romperse. Las inversiones en agricultura sostenible, adaptación climática, organización comunitaria y oportunidades económicas están ayudando a las familias a construir medios de vida seguros y aSigue leyendo «El derecho a quedarse: clima, migración y resiliencia»

La fuerza de la perseverancia: Orfelina y su trabajo en las comunidades

La fuerza de la perseverancia: Orfelina y su trabajo en las comunidades | Autor: CWS | A través de la fe, la humildad y el acompañamiento de campo, la técnica agrícola Orfelina Portillo está ayudando a familias en zonas rurales de Honduras a transformar sus medios de vida, construir fincas sostenibles, hogares más saludables y una comunidad más fuerte y conectada. Si antes Orfelina Portillo se describía como parte del “brazo que alimenta al mundo”, hoy, tras tres años de entrega en el proyecto Produce Verde, se ha convertido en el corazón de todo un equipo que sostiene ese esfuerzo con amor y disciplina.   Cada mañana, antes de que el sol se levante sobre Santa Bárbara, Honduras, Orfelina ora. Pide seguridad para el camino, pide que cada semilla, puesta en nombre de Dios, encuentre suelo fértil. Como técnica agrícola de nuestro socio local CASM, ella recorre las fincas y veredas para orientar a las familias y ayudarles a que sus proyectos productivos sean sostenibles. Este trabajo se basa en 15 años de alianza entre CASM y CWS para abordar la inseguridad alimentaria en Santa Bárbara.   Ahora, en el tercer año de la iniciativa, respaldada por CWS y Growing Hope Globally, la rutina de Orfelina sigue igual, pero el paisaje que recorre ha cambiado. Ya no solo ve parcelas a medio hacer; ahora hay huertos que han superado la prueba del tiempo. La «metodología de pase de cadena» ha florecido: las familias que recibieron sus primeros animales hoy entregan sus crías a sus vecinos, transformando la ayuda individual en una red de bienestar comunitario.   La filosofía de Orfelina es sencilla y poderosa: “Hay que saber llegar”. Para ella, la primera herramienta que las personas necesitan es la confianza. Llueva o haga sol, Orfelina llega sonriente a escucharlas. El proceso inicia conociendo la realidad de cada hogar y evaluando cómo puede apoyar.   La escasez no es un obstáculo, sino un punto de partida. “Siempre hay algo que se puede construir paso a paso”, afirma. Dependiendo de cada situación, las familias reciben ayuda para organizar huertos, corrales para gallinas, ecofogones, silos metálicos para guardar granos, lavaderos, letrinas o pisos mejorados, entre otros.     Impacto que sigue creciendo   Uno de los cambios más importantes que ha visto está en la mesa. Los huertos se convirtieron en medicinas naturales. “Los niños han superado esa parte, superan enfermedades como la anemia. Las capacitaciones han servido de mucho, y son cositas que ellas (las familias) tienen en el huerto”.    Salud desde la raíz: Lo que antes era una explicación técnica sobre cultivos, hoy es un testimonio de salud. En coordinación con promotores locales, los huertos se han vuelto la primera línea de defensa contra la anemia y la desnutrición infantil.    Sostenibilidad real: Los silos (recipientes) metálicos y ecofogones instalados en las primeras etapas hoy son herramientas que rinden ciento por ciento.      Inspirando a la próxima generación de agricultoras y técnicos    La vocación de Orfelina también se siente en su familia. Su hija Esmeralda, quien hoy tiene 13 años y creció viéndola compartir con las comunidades, proyecta su futuro en la agronomía o la veterinaria. Y es que el trabajo de Orfelina ha inspirado a una nueva generación en Santa Bárbara, por eso algunos jóvenes se le acercan a decirle que quieren seguir su camino.   En casa, ella practica lo que enseña: mantiene su huerto y sus animales con los cuidados necesarios, lo cual le permite hablarle al productor desde la experiencia: “Yo les recomiendo estas cosas porque yo también las hago”.    Al final de cada día, Orfelina regresa a casa, revisa sus notas y registra todo lo aprendido d la comunidad que visitó. “Es mi felicidad. Mi lema es enseñar y aprender al mismo tiempo”, afirma. Su trabajo es constante y silencioso. Como dice ella, “solo puede hacerse con fe y humildad”, y la convicción de que cada familia tiene la capacidad de transformar su propia vida cuando encuentra el apoyo adecuado.   El proyecto Produce Verde es implementado por nuestro socio local, Comisión de Acción Social Menonita (CASM), con el apoyo de Growing Hope Globally.   Conoce más sobre nuestro trabajo en Centroamérica aquí. Relacionadas: Centroamérica Donde una familia siembra un futuro: cultivando estabilidad a través de la fe y el trabajo arduo 2 de marzo, 2026Leer ahora Cosechas: nutrición, aprendizaje y generosidad 17 de noviembre, 2025Leer ahora «La Bendición»: una finca que alimenta a la familia Rivera 23 de abril, 2025Leer ahora

Donde una familia siembra un futuro: cultivando estabilidad a través de la fe y el trabajo arduo

Donde una familia siembra un futuro: cultivando estabilidad a través de la fe y el trabajo arduo A través del proyecto Produce Verde, apoyado por CWS, la familia de Pedro Maldonado está transformando sus medios de vida, fortaleciendo su unidad e inspirando a su comunidad mediante prácticas agrícolas sostenibles. | Autor: CWS | Cuando la luz del día apenas se asoma tímidamente, la rutina de la familia Maldonado ya ha iniciado. Con una oración agradecen por un nuevo día, desayunan y salen al campo, donde además de sus cultivos también crece la esperanza.   Hace unos años, la vida de Pedro y su familia fue puesta a prueba cuando la pandemia golpeó Honduras. El trabajo se volvió incierto, los precios subieron y conseguir alimentos se hizo cada vez más difícil. La situación llegó a ser tan grave que su esposa Edis consideró migrar a los Estados Unidos para ayudar económicamente, pero la familia no quería separarse.   Decidieron quedarse en Honduras, permanecer juntos y aferrarse a su fe. Poco después, llegó la oportunidad de integrarse al programa de seguridad alimentaria que lidera la Comisión de Acción Social Menonita CASM, con el apoyo de Church World Service y Growing Hope Globally.   Este programa marcó un antes y un después en sus vidas. Recibieron animales, capacitación y herramientas para transformar su hogar en una finca productiva.     Crecimiento, aprendizaje y liderazgo compartido   Dos años después, los cambios son visibles en cada rincón.   Donde antes había pocos animales, hoy hay corrales organizados para gallinas ponedoras, pollos de engorde y pollitos más pequeños. Edis ahora lidera el proyecto avícola con confianza.   Empezó con apenas 15 gallinas, hoy cuida hasta 100 pollitos y recibe pedidos constantes de la comunidad. “Gracias a mi esposo que me ha dado fuerza, que me dice: ‘no tenga miedo de invertir”.   El biodigestor instalado en la finca les permite producir gas a partir de desechos, reducir costos y aprovechar mejor los recursos. La secadora solar ha mejorado el manejo del café, y las técnicas de abono orgánico fortalecieron la tierra. Incluso, aprovechan cada subproducto: con las cáscaras de tomate, zanahoria y limón, desparasitan a los animales, sin necesidad de químicos.     Sembrando estabilidad en familia   Cada mejora representa aprendizaje, esfuerzo y perseverancia. Sin embargo, Pedro insiste en que el cambio más grande no se ve a simple vista. Está en la forma en que su familia trabaja ahora. Antes, él sentía que debía resolverlo todo solo. Hoy, cada miembro tiene un rol y un propósito. Su esposa cuida los animales, sus hijos apoyan en el abono y el café, y las decisiones se toman juntos. Ese trabajo compartido mejoró la economía del hogar y trajo tranquilidad y alegría.   Y este proceso está profundamente conectado con su fe, porque aunque sus actividades comienzan en la madrugada y se extienden hasta la noche, “tenemos siempre el tiempo para Dios”, dice Edis. La familia participa activamente en su comunidad religiosa, y cuidar la tierra es, para ellos, una forma de honrar la creación. Pedro lo describe con sencillez: “Estamos siendo administradores de la creación y cuando estamos implementando cosas como estas, estamos contribuyendo con el medio ambiente”.   La luz se comparte. El impacto ya se extendió más allá de su hogar. A través del proyecto Produce Verde, Pedro no sólo recibió apoyo técnico, sino también una nueva forma de ver el futuro. Esa visión ha comenzado a inspirar a otras familias de la comunidad, que ahora se acercan para observar, preguntar y aprender. Pedro nunca buscó convertirse en un ejemplo, pero su experiencia lo ha llevado a compartir lo que sabe con quienes lo rodean y ser un líder.     Avanzando, paso a paso   Cuando habla del futuro, Pedro no menciona metas definitivas ni éxitos concluidos. Prefiere hablar del proceso. “No le digo que lo hemos logrado, sino que lo estamos logrando porque el plan es seguir avanzando. Darnos cuenta de que podemos desarrollar proyectos familiares es muy importante”.   Edis sueña con una finca más grande, con la casa en el centro y espacio suficiente para expandir los proyectos y compartir conocimientos con otros. Pedro escucha ese sueño con una sonrisa tranquila y dice: “Pedro está donde está porque ha sido un loco soñador y ha dicho: “se puede”. Relacionadas: Centroamérica Cosechas: nutrición, aprendizaje y generosidad 17 de noviembre, 2025Leer ahora «La Bendición»: una finca que alimenta a la familia Rivera 23 de abril, 2025Leer ahora La familia Gutiérrez cultiva vida y esperanza en Honduras 22 de abril, 2025Leer ahora

Construyendo resiliencia en Haití: voces de esperanza en medio de la crisis

Construyendo resiliencia en Haití: voces de esperanza en medio de la crisis | Autor: CWS | Cuando los desastres, la sequía y la violencia son continuos, la resiliencia se convierte en un salvavidas. En el noroeste de Haití, las familias de Baie‑de‑Henne atraviesan momentos difíciles. Desde los impactos climáticos hasta el aislamiento económico, los desafíos son inmensos; sin embargo, las historias que emergen de esta región también revelan fortaleza, ingenio y esperanza.   Las reducciones significativas en la asistencia internacional dejaron a más de 10.000 familias agricultoras sin semillas al inicio de la temporada de siembra en el 2025. Los pocos cultivos que lograron sembrar no germinaron debido al retraso de las lluvias. Las familias que aún tenían acceso al agua, la transportaron a pie hasta sus parcelas, sólo para ver cómo los insectos devoraban sus plantaciones debido a que la sequía eliminó otras fuentes de alimento.   La segunda temporada de siembra, en agosto, ofreció una breve esperanza, pero esta se desvaneció rápidamente. Las inundaciones de septiembre y el huracán Melissa en octubre destruyeron la mayor parte de los cultivos de plátano y yuca justo cuando estaban listos para cosecharse. Al mismo tiempo, los bloqueos y la violencia vinculada a pandillas aislaron aún más la región, desconectando a las familias de los mercados nacionales y provocando un aumento vertiginoso en los precios de los alimentos.   Frente a estas crisis, dos proyectos que implementó nuestro socio local OPFSLDIBH con el acompañamiento de Church World Service (CWS) y el financiamiento de Growing Hope Globally, se convirtieron en un sistema de apoyo crucial. Estas iniciativas ofrecen a las familias herramientas, capacitación y confianza para adaptarse. Tal como promete Isaías 41:18: “Abriré ríos en las alturas desoladas… convertiré el desierto en estanques de agua.” Un manantial restaurado, una comunidad renovada Uno de los mayores logros de los últimos dos años refleja esa promesa: la rehabilitación del manantial natural de Dumercy, que estuvo seco en años anteriores, pero que ahora fluye de manera continua incluso resistiendo las fuertes inundaciones y el huracán.Hoy, el manantial provee agua esencial para lavar ropa, atender animales y cocinar. A su alrededor, tierras que antes eran áridas se transformaron. Las familias sembraron plátano, malanga, maíz y calabaza, alimentando a sus hogares y vendiendo los excedentes en el mercado de Mare Rouge. Esta transformación fue posible gracias a amplios esfuerzos de conservación de suelos. Hasta ahora, 41 personas recibieron capacitación especializada en técnicas de conservación, y junto con supervisores capacitados, 195 agricultores aplicaron estos métodos en ocho hectáreas alrededor de la fuente Dumercy. Su trabajo incluyó la instalación de muros de piedra, cercas vivas, barreras de fijación de suelos y pasto, estructuras que se mantuvieron firmes tanto durante las inundaciones de septiembre como durante el huracán Melissa. Soluciones naturales para tiempos difíciles   Entre los muchos agricultores que fortalecieron sus habilidades está Michelet Nacius,  de 51 años, residente de Bombel y padre de siete hijos:   “Durante mucho tiempo, los insectos devastaron mis cultivos, afectando negativamente mi cosecha. Sin embargo, gracias a esta capacitación, los insectos ya no arrasarán mis cultivos. Ya empecé a producir y usar pesticida natural, con buenos resultados. Antes no tenía medios para combatir las plagas. Gracias, OPFSLDIBH y CWS, por esta iniciativa que me ayuda a combatir los daños causados por los insectos”.   Su experiencia se repite en los grupos agroecológicos. El pesticida natural se ha convertido en una herramienta vital durante un año en que la sequía obligó a los insectos a atacar con más agresividad los cultivos verdes. Estas formaciones permiten a los agricultores proteger sus parcelas sin depender de productos químicos costosos o inaccesibles.   El agricultor Bruly Cornet, de 67 años, también experimentó cambios transformadores tras años luchando contra la erosión:    “Cuando llovía, la erosión me causaba muchos problemas porque dejaba hoyos y se llevaba la capa fértil del suelo.”    Tras la construcción de estructuras de conservación en su terreno, todo cambió: “Ya coseché frijoles y maíz… Las estructuras tuvieron un papel importante en el aumento de mi rendimiento.”    Ahora protege esas obras y anima a sus vecinos: “Son muy útiles para la tierra… Voy a seguir protegiendo mis otras parcelas”.   A pesar de perder el 96% de sus cosechas, vivir bajo aislamiento impuesto por pandillas y enfrentar el aumento del costo de los alimentos, las familias de Baie‑de‑Henne no se rinden. Están reconstruyendo suelos, restaurando manantiales, adoptando técnicas agrícolas resilientes al clima y fortaleciendo sus pequeños negocios.   Esto es lo que significa resiliencia en el noroeste de Haití: agricultores cosechando nuevamente, mujeres expandiendo sus negocios, personas mayores protegiendo su tierra y familias manteniéndose unidas, incluso en medio de la tormenta.     Estamos agradecidos con Growing Hope Globally por su apoyo en este trabajo.   Aprende más sobre nuestro trabajo en Haití aquí. Relacionadas: Haití Lakou Tanama: Elevando las voces haitianas en la justicia sanadora 13 de octubre, 2025Leer ahora “Animo a todos los jóvenes a aprender una profesión” 30 de julio, 2024Leer ahora Una mirada más cercana a la vida en Haití 16 de julio, 2024Leer ahora

Cosechas: nutrición, aprendizaje y generosidad

Cosechas: nutrición, aprendizaje y generosidad Rigoberto vive en la comunidad de El Carrizal, en el departamento de Yoro, Honduras. Con dedicación y alegría, ha transformado su pequeño terreno en una huerta vibrante que alimenta a su familia y fortalece su conexión con la tierra y sus vecinos. | Autor: CWS | «Lo que me encanta es cosechar, consumir lo que yo produzco, y compartirlo», dice Rigoberto y añade que «la iglesia nos ha enseñado que no seamos egoístas».   Esta filosofía guía su trabajo diario al lado de  su esposa Ofelia y sus cuatro hijos. Él cultiva hortalizas como tomates, chiles y hojas verdes, y ha comenzado a experimentar con nuevos cultivos que prosperan en su región como el maíz y el fríjol.   A través del proyecto Produce Verde, implementado por la Comisión de Acción Social Menonita (CASM) con el apoyo de Growing Hope Globally, Rigoberto ha aprendido a elaborar fertilizante orgánico, adoptar nuevas técnicas de siembra y preparar comidas nutritivas con lo que cultiva. Su objetivo no es hacer mucho dinero, sino “tener alimento para la familia”.      Más que sembrar: aprender y compartir   El proyecto Produce Verde se enfoca en la Seguridad Alimentaria Nutricional y Agricultura Familiar, ofreciendo formación en salud y nutrición a familias rurales. Para Rigoberto, esto ha significado mejorar sus prácticas agrícolas y aprender a preparar comidas más saludables para su familia.   “Las capacitaciones son claras y concretas, no sólo de teoría, sino de poner en práctica lo que aprendemos. Hemos aprendido a hacer foliares (fertilizantes) y abonos, y a alimentarnos mejor, ahora hacemos jugos en lugar de tomar refrescos de gaseosa”, cuenta Rigoberto mientras muestra la variedad de frutas que organizó su esposa Ofelia en la mesa.   El de Rigoberto es uno de los 81 hogares que han establecido parcelas productivas con cultivos diversos como plátano, yuca y sandía. También construyó una pequeña granja para la crianza de aves, lo que contribuye al consumo de proteína en su hogar y genera ingresos con la venta de excedentes de huevos y carne.     Aprendizaje colectivo   Marco, otro participante del proyecto, destaca cómo la capacitación les ha ayudado a valorar lo que producen y entender la importancia de la nutrición. “No se trata solo de cultivar alimentos, se trata de aprender cosas nuevas, estamos muy contentos,” comenta.   Entre abril y septiembre del 2025, 152 personas han participado en talleres sobre producción de fertilizantes orgánicos, y 75 mujeres asistieron a sesiones comunitarias de cocina para aprender a preparar comidas balanceadas con ingredientes locales.     Huertas que transforman comunidades   Juntos, en esta comunidad están construyendo un futuro más resiliente. Sus huertas son más que fuentes de alimento: son espacios de aprendizaje, solidaridad y esperanza.   El proyecto Produce Verde también promueve la conservación ambiental y la adaptación al cambio climático. Las familias han adoptado prácticas inteligentes como secadores solares y sistemas de cosecha de agua, y 53 productores han implementado tecnologías sostenibles para proteger sus cultivos y reducir costos.   La historia de Rigoberto es una entre muchas que reflejan el espíritu del proyecto: cultivar no sólo la tierra, sino también el conocimiento, la salud y la generosidad.   Conoce más sobre nuestro trabajo en Centroamérica. Relacionadas: Centroamérica «La Bendición»: una finca que alimenta a la familia Rivera 23 de abril, 2025Leer ahora La familia Gutiérrez cultiva vida y esperanza en Honduras 22 de abril, 2025Leer ahora Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras 2 de octubre, 2024Leer ahora

Un futuro sostenible para las comunidades indígenas

Un futuro sostenible para las comunidades indígenas | Autor: CWS |   En el corazón del Bajo Chaco paraguayo, las personas están construyendo un panorama más resiliente. Gracias al proyecto Desarrollo rural integral en nueve comunidades indígenas del Bajo Chaco Paraguayo*, se han logrado avances significativos en educación, seguridad alimentaria y fortalecimiento comunitario.   “Las comunidades son las protagonistas de su propio desarrollo”, afirma la abogada Raquel Pérez, quien coordina las capacitaciones en liderazgo participativo y organizacional, con el apoyo de facilitadores indígenas.  Las jornadas de formación en derechos humanos han contado con una amplia participación de mujeres.  «Quiero animarlas a luchar por nuestros derechos», dice Mariana Ayala, una de las mujeres que más ha aportado con su liderazgo. Conoce su historia aquí: «Las mujeres de esta comunidad parecen haber despertado de un largo sueño»  Video: Otros testimonios   Disciplina y participación comunitaria   A pesar de los desafíos durante el segundo semestre de 2024, por causa de una sequía que afectó la producción agrícola y dejó a muchas comunidades sin acceso al agua, la persistencia de los y las participantes permitió que los procesos de agroecología y ganadería continuaran: Más de la mitad de las huertas siguieron activas en 19 aldeas. El 70% de las familias sacaron adelante su parcela agroecológica En 10 aldeas lograron comercializar el 70% de la producción apícola en un mercado seguro y a precio justo. El número de cabras y ovejas aumentó.   Por otro lado, el proyecto promovió la participación en 16 reuniones de la Mesa Técnica Departamental sobre Cambio Climático, abordando los efectos de El Niño y La Niña, así como estrategias de adaptación y mitigación.   Y como parte de las prioridades, se instalaron 15 nuevas fuentes de agua segura y se repararon tres más. También se realizaron talleres sobre potabilización y se instalaron filtros en espacios comunitarios como escuelas.   Lee más sobre las mesas departamentales aquí: Tres países se comprometen para la Gestión del Agua en el Chaco   El compromiso de cada persona involucrada en este proyecto nos demuestra que es posible construir un futuro donde el acceso al agua, la educación y la seguridad alimentaria sean una realidad para todos. Su resiliencia es un ejemplo de cómo el desarrollo puede ser inclusivo y sostenible a largo plazo. * Este proyecto es implementado por nuestro socio local, la Pastoral Social Diocesana de Benjamín Aceval (PSDBA) con el apoyo financiero de Growing Hope Globally.  Relacionadas: Gran Chaco Sudamericano Tres países se comprometen para la Gestión del Agua en el Chaco 10 de septiembre, 2024Leer ahora Video: Voces de mujeres indígenas 27 de agosto, 2024Leer ahora “Las mujeres de esta comunidad parecen haber despertado de un largo sueño” 24 de julio, 2024Leer ahora

“Ser agricultor es un acto de paciencia y fe”

“Ser agricultor es un acto de paciencia y fe” | Autor: CWS | Para Óscar Caballero Benítez, “ser agricultor es un acto de paciencia y fe”, y esto reafirma su creencia en Dios. “El más creyente es el agricultor: Sembramos esperando que la naturaleza nos dé frutos. A veces, pasa hasta un año. Así como la tierra, nuestra vida necesita tiempo y cuidado para dar cosecha”.   Él vive con su esposa y cuatro de sus seis hijos en Valle Verde, una comunidad de 110 familias ubicada en el occidente de Honduras. Rodeados de montañas y un clima templado, el lugar es ideal para los agricultores de la zona, quienes tienen un gran potencial productivo capaz de abastecer mercados cercanos como el de Copán y San Pedro Sula.    El día comienza temprano en la casa de Óscar. A las 6:00 a.m., alimentan a las gallinas y revisan las parcelas. “Lo que más nos gusta es cosechar en familia”, comenta Óscar. Su hijo menor, de 10 años, se emociona cada vez que recoge los huevos del gallinero.   Para Óscar, su parcela es un símbolo de resiliencia y colaboración comunitaria. Hace algunos años, las fuertes lluvias y las plagas habían mermado las cosechas. Él cultivaba maíz, como sus padres le habían enseñado, pero las técnicas tradicionales ya no eran suficientes. Fue entonces cuando la Comisión de Acción Social Menonita llegó a la zona con el proyecto ‘Produce Verde’* y les ofreció capacitaciones técnicas e insumos a los agricultores.   Gracias a las nuevas técnicas de siembra que le enseñaron, Óscar aprendió a optimizar sus cultivos. Ahora sabe que el distanciamiento entre las plantas puede influir en la calidad del maíz, dependiendo de si busca cosechar grano o elote. También recibió apoyo para construir los gallineros en los que tiene 20 gallinas, productoras de 10 a 12 huevos diarios. Este recurso mejora la dieta familiar y genera ingresos adicionales.   Además, CASM ayudó a modernizar el sistema de agua comunitario. Con la instalación de tuberías nuevas y un sistema de riego en desarrollo, Valle Verde está mejor preparada para enfrentar los desafíos climáticos. Óscar también participó en talleres de sostenibilidad y aprendió a fabricar fertilizantes e insecticidas orgánicos para proteger sus cultivos.   Con estas herramientas y el acompañamiento técnico, Óscar diversificó su producción. Hoy no solo trabaja con maíz, sino también con plátano, chile, yuca, papaya y piña.   Las lluvias intensas siguen siendo un desafío, pero gracias a la reubicación estratégica de parcelas y al sistema de drenaje comunitario, los agricultores han logrado mitigar los daños. “Antes, una lluvia menor nos afectaba mucho. Ahora, nuestras preparaciones hacen que las cosechas sean más seguras”, explica.   El sueño de Óscar y su familia es abrir una panadería para combinar dos pasiones: cultivar y preparar comidas. Con un horno casero, él y su esposa ya empezaron a hornear pan y venderlo por encargo. Su visión es expandir el negocio e incluir tamales, ‘montucas’ y tamalitos (preparaciones tradicionales a base de maíz).    “Creemos en Dios y confiamos en que él nos dará lo necesario. También agradecemos por este proyecto que nos ha permitido avanzar”.   *Nuestro socio local, la Comision de Accion Social Menonita (CASM) implementa el proyecto Produce Verde, con el apoyo de CWS y Growing Hope Globally. Historias de cambio Video: Voces de mujeres indígenas 27 de agosto, 2024Leer ahora “Animo a todos los jóvenes a aprender una profesión” 30 de julio, 2024Leer ahora “Las mujeres de esta comunidad parecen haber despertado de un largo sueño” 24 de julio, 2024Leer ahora

Con incidencia y liderazgo, Don Elías logró que su comunidad acceda al agua

Con incidencia y liderazgo, Don Elías logró que su comunidad acceda al agua | Autor: CWS| En el remoto pueblo de Pinabete, zona rural de Honduras, la lucha por el derecho al agua y la acción de una pequeña comunidad dio resultados. El líder Elías Pérez asumió el desafío de trabajar en incidencia política, y no solo logró persuadir al gobierno local para que les diera permiso de utilizar una fuente de agua que hallaron cerca, sino también los recursos para construir la infraestructura necesaria y llevar el vital líquido a todos.    Don Elías vive con su esposa y dos hijas, se dedica a la recolección de café y la siembra de hortalizas y granos. Él es el presidente de la junta de agua en el Pinabete y de la Asociación de las Juntas de Agua en el municipio de Azacualpa. “Todo ha sido como una misión para mí. Vamos a lograr cubrir tres comunidades”, dijo.    En medio de su labor, él conoció al equipo de la Comisión de Acción Social Menonita CASM en la zona y entró a participar en el proyecto que busca mejorar las condiciones de vida de las personas a través de entrega de insumos agrícolas y capacitaciones. Además de los insumos, Don Elías recibió apoyo para la construcción de una letrina para su familia.   A través de CASM, en coordinación con las autoridades locales, y el apoyo financiero de Growing Hope Globally, lograron destinar recursos para comprar tubos, válvulas y cemento. El próximo año (2024) comenzará el proyecto de abastecimiento con el que cerca de 300 habitantes recibirán agua.    Para César Yovani Soriano, del equipo regional de CASM en Santa Bárbara, “el abastecimiento de agua con calidad y segura para las familias es una prioridad. Don Elías es una conexión importante porque él está liderando las juntas de agua locales; él nos ayuda a identificar necesidades de las comunidades y gestionar recursos del gobierno local”.   En el caso de las letrinas, se identifican a las familias que más la están necesitando. Les ayudan con la tasa campesina (un sanitario de cierre hidráulico y una pila de almacenamiento de agua) y las láminas de aluminio para cubrirla. En los casos en los que las familias completaron más de 20 años con una letrina; el apoyo fue para actualizarla o repararla.   A través de esfuerzos colaborativos, Pinabete pasó de ser una comunidad que luchaba por el acceso al agua a una empoderada con los recursos esenciales para una vida mejor.    Don Elías concluyó diciendo que “hay que sembrar, porque de lo que yo siembre en esta tierra, es como todo mundo me va  a recordar. Ese es mi deseo, dejar huellas bien plantadas”.   Agradecemos a la Comisión Menonita de Acción Social (CASM) por su liderazgo en este programa y a la generosidad de Growing Hope Globally por su apoyo. Personas migrantes y refugiadas Encuentro de organizaciones de fe a favor de personas migrantes 20 de febrero, 2024Leer ahora ¿Cómo la migración exige una actuación multisectorial? 21 de septiembre, 2023Leer ahora El trabajo de los defensores de migrantes en “un país de impunidad” 20 de septiembre, 2023Leer ahora

Cuidar del agua para alimentar la región: el desafío en el Bajo Chaco Paraguayo

Cuidar del agua para alimentar la región: el desafío en el Bajo Chaco Paraguayo A pesar de un clima adverso con fuertes sequías y una baja producción agrícola, seis comunidades indígenas en esta región demuestran su compromiso y capacidad de resiliencia. | Autor: CWS | Lavarse las manos, tener la casa limpia, cultivar la tierra para alimentarse y vender productos en mercados locales, son las actividades básicas que Leonardo Martínez y su familia desempeñan a diario para sobrevivir. Parece fácil, pero la realidad de muchas familias indígenas en el Bajo Chaco Paraguayo, se ha vuelto cada vez más difícil por la falta de agua. “El año pasado (2022) hubo poca lluvia; el clima cambia mucho, todo está seco, absolutamente seco”, dijo Leonardo. Él es líder en El Espinillo, una de las comunidades en las que CWS está acompañando el proyecto de Desarrollo Rural Integral, liderado por su socio local, Pastoral Social Diocesana Benjamín Aceval, con el apoyo de Growing Hope Globally.   A inicios del 2022, la ola de calor en Paraguay afectó la producción agrícola, y quemó los cultivos que estaban en etapa de cosecha. En el caso de los participantes del proyecto, lograron cosechar cerca de un 30% de lo previsto.   “No hay cómo cultivar muchas cosas, sólo algunas plantas y naranjas, pero por lo menos, hoy tenemos agua segura, gracias a la ayuda de ustedes”. Él conforma una de las 196 familias de Espinillo y Monte Alto que mejoraron su calidad de vida gracias a la reparación de la infraestructura de obtención de agua potable, excavación de pozos e instalación de techos colectores de agua. En el último año, surgieron otras iniciativas contundentes para abordar estos desafíos: Con el liderazgo de la Pastoral Social y la participación de CWS, se realizó el primer Conversatorio Interinstitucional del Bajo Chaco sobre Cambio Climático, la Mesa Técnica Departamental de Cambio Climático, y la Cumbre Departamental sobre Cambio Climático.   Por otro lado, el proyecto incluye entrega de insumos agrícolas y apícolas, mantenimiento de huertas, entrega de ovejas y cabras, entre otros. En Octubre del 2022, se entregaron 100 cabras y 11 ovejas distribuidas en 10 aldeas. Adicionalmente, se crearon 11 huertas comunitarias y 8 particulares, junto con 61 chacras de producción diversificada.   Leonardo aseguró que la producción está creciendo y “hoy hay más colmenas cargadas de miel”. Este año, se registraron 122 productores, y hasta el 20 de diciembre, se habían registrado 60 litros de miel por cada uno.    También hubo tiempo para aprender. Los participantes recibieron clases de alfabetización y leyes de educación indígena, y con el acompañamiento de SENASA (Servicio Nacional de Saneamiento Ambiental), conocieron sobre formas de potabilizar el agua y las consecuencias del consumo de agua contaminada. Los encuentros llegaron a 360 familias.   En el 2023, los objetivos serán monitorear los frutos de un año productivo que dejó oportunidades para que la comunidad crezca. El Bajo Chaco Paraguayo es una región de América Latina ubicada en Paraguay, tiene amplias zonas de palmares y pantanos, un clima tropical húmedo de difíciles condiciones y contrastes. Hay épocas de intensas lluvias e inundaciones, y otras, de fuertes oleadas de calor, temperaturas altas y sequías severas. Esto representa una amenaza y riesgo para las comunidades indígenas, que dependen de la actividad agrícola para sobrevivir. Relacionadas: Gran Chaco Sudamericano Tres países se comprometen para la Gestión del Agua en el Chaco 10 de septiembre, 2024Leer ahora Video: Voces de mujeres indígenas 27 de agosto, 2024Leer ahora “Las mujeres de esta comunidad parecen haber despertado de un largo sueño” 24 de julio, 2024Leer ahora

Trabajan en equipo para cuidar de los cultivos

Trabajan en equipo para cuidar de los cultivos y la comunidad En República Dominicana, dos comunidades aprendieron sobre formas de producción agrícola más sostenibles y con mejores resultados financieros. | Autora: Mónica Arango | Junto con otro grupo de mujeres, Ángela Ramírez asumió la responsabilidad de llenar cerca de 30.000 sacos de abono para sembrar plantas y hortalizas. No fue una tarea fácil, pero ella y sus compañeras lo hicieron con dedicación, aprovechando este tiempo para aprender, conocerse y compartir experiencias en su comunidad.   Ángela tiene 21 años, vive con su mamá, sus hermanos, y su hija Willenis, de tres años. Ella integra una de las 155 familias del proyecto de seguridad alimentaria “Desarrollo Empresarial Cooperativo”, que implementó nuetro socio local en República Dominicana: Servicio Social de Iglesias Dominicanas, con el apoyo de Growing Hope Globally.   Las actividades están encaminadas a ofrecer medios de vida resilientes y atiende, principalmente, a mujeres, jóvenes y adultos mayores. El objetivo es fortalecer las capacidades y habilidades de los participantes para cultivar y comercializar plantas de café, aguacate, limón y otras variedades.   A Ángela la describen como una joven sonriente y trabajadora. “El trabajo me ayuda a olvidar los problemas porque se comparte mucho. Aquí vivo feliz y me gusta ayudar en todo lo que pueda”, dice la joven, para quien esta experiencia en el vivero fue como una terapia que la ayudaba a lidiar con dificultades que tenía en su día a día.   Ese sentimiento es compartido. Para Damiana Ogando, participante del sector de Babor Arriba, “el vivero es lo mejor que ha llegado a la comunidad. Una cosa muy buena para todos y confiamos que nuestros nietos también lo disfrutarán”.   Para Crusely Valdez, de El Batey, gracias al proyecto, las mujeres aprendieron a transplantar, germinar e injertar plantas. “De aquí salimos empresarias y maestras para enseñar a hacer viveros a otras personas que no lo saben. Yo aquí trabajo por mí, mi  familia y mi comunidad”.   Las y los líderes comunitarios aprendieron técnicas de comercialización y mercadeo, elaboración de un plan de negocios y formas de crédito y ahorro.   Para garantizar el suministro de agua necesario, SSDD también apoyó la instalación de uma bomba de agua a la orilla del río más cercano hasta el vivero, una distancia de 1.500 metros. Además, se construyó un germinador con capacidad para producir 40.000 plántulas de diferentes especies y trasplantarlas después a los viveros. Los viveros son sitios dedicados a la producción de plantas, con la mejor calidad y al menor costo posible. Requieren de una buena estructura, sistemas de riego, suficiente agua y luz, equilibrio de temperatura y humedad, entre otras cosas. Ángela Ramírez. Vivero El Batey. Vivero El Batey. Vivero El Batey. Pura Ogando. Taller sobre métodos de siembra. Capacitación a la comunidad. Plantaciones en el municipio de Dajabón. Relacionadas: Centroamérica Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras 2 de octubre, 2024Leer ahora Las manos de doña Santos cosechan el futuro de su familia 17 de mayo, 2024Leer ahora Con incidencia y liderazgo, Don Elías logró que su comunidad acceda al agua 15 de diciembre, 2023Leer ahora

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