Liderazgo femenino y desarrollo comunitario en el Bajo Chaco
Durante los últimos tres años, nueve comunidades indígenas del pueblo Enxet Sur, en el Bajo Chaco paraguayo, han visto cómo se materializa su anhelo de que sus comunidades tengan un futuro más justo.
30 de enero, 2026 | Autor: CWS | Gran Chaco Sudamericano

Con el acompañamiento de la Pastoral Social Diocesana de Benjamín Aceval (PSDBA), participaron en el proyecto Desarrollo Rural Integral en Nueve Comunidades Indígenas del Bajo Chaco Paraguayo, que ahora entra en su último año de ejecución.
Aunque la esperanza crece, los desafíos persisten: acceso limitado al agua segura, servicios de salud y educación insuficientes, y una vulnerabilidad constante frente al cambio climático. Por eso, el proyecto ha priorizado el fortalecimiento de capacidades, el liderazgo comunitario y la incidencia para garantizar derechos básicos.

Agua y miel: motores del bienestar
En el último año, más de 300 personas, en su mayoría mujeres, participaron en 70 talleres sobre purificación de agua, liderazgo, derechos humanos, educación indígena y adaptación al cambio climático. Lo aprendido no quedó en teoría: hoy se refleja en huertas más verdes, colmenas activas y familias que comienzan a ver frutos concretos.
Más de 50 familias están produciendo miel y 10 comunidades han logrado vender hasta el 70% de su cosecha en ferias locales. Para Genara Martínez, de Espinillo, las abejas no solo trajeron dulzura, sino también independencia: «Gracias a ellas (las abejas), ya compré mi heladera, mi cama y mi freezer».
El acceso al agua sigue siendo una prioridad. Como la mayoría depende de tajamares (reservorios de agua) comunitarios, las prácticas simples de purificación se han vuelto esenciales. Hoy, al menos 150 hogares hierven o tratan el agua, y 16 estructuras comunitarias han sido construidas o mejoradas.
“Aprendimos que al purificar el agua prevenimos enfermedades como la diarrea”, resumió Elsy Ramos, de Yakye Axa.

Defensa de derechos
Para muchas participantes, esta es la primera vez que reciben formación sobre sus derechos. En 2025, más de 230 mujeres fueron capacitadas en derechos humanos y liderazgo comunitario. Lo que antes parecía lejano hoy se vuelve parte de su vida diaria.
Como expresó Julia Fernández, de Kelyenmagategma:
“Es la primera vez que nos capacitan en nuestros derechos. Estamos muy contentas; nos abren los ojos y nos ayudan a aprender más sobre nuestra ley indígena”.
La preocupación, desafortunadamente, sigue siendo por el agua: “Si no tenemos agua, no podemos hacer nada: no podemos cocinar ni bañarnos, y los niños no pueden bañarse”, recuerda Aparicia González, de Sawhoyamaxa.
A medida que el proyecto se acerca a su cierre, las comunidades se reconocen más fuertes y preparadas para reclamar y defender sus derechos. El camino continúa, y son ellas quienes lo están marcando.
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