Cosechas: nutrición, aprendizaje y generosidad
Rigoberto vive en la comunidad de El Carrizal, en el departamento de Yoro, Honduras. Con dedicación y alegría, ha transformado su pequeño terreno en una huerta vibrante que alimenta a su familia y fortalece su conexión con la tierra y sus vecinos.
17 de noviembre, 2025 | Autor: CWS | Centroamérica

«Lo que me encanta es cosechar, consumir lo que yo produzco, y compartirlo», dice Rigoberto y añade que «la iglesia nos ha enseñado que no seamos egoístas».
Esta filosofía guía su trabajo diario al lado de su esposa Ofelia y sus cuatro hijos. Él cultiva hortalizas como tomates, chiles y hojas verdes, y ha comenzado a experimentar con nuevos cultivos que prosperan en su región como el maíz y el fríjol.
A través del proyecto Produce Verde, implementado por la Comisión de Acción Social Menonita (CASM) con el apoyo de Growing Hope Globally, Rigoberto ha aprendido a elaborar fertilizante orgánico, adoptar nuevas técnicas de siembra y preparar comidas nutritivas con lo que cultiva. Su objetivo no es hacer mucho dinero, sino “tener alimento para la familia”.

Más que sembrar: aprender y compartir
El proyecto Produce Verde se enfoca en la Seguridad Alimentaria Nutricional y Agricultura Familiar, ofreciendo formación en salud y nutrición a familias rurales. Para Rigoberto, esto ha significado mejorar sus prácticas agrícolas y aprender a preparar comidas más saludables para su familia.
“Las capacitaciones son claras y concretas, no sólo de teoría, sino de poner en práctica lo que aprendemos. Hemos aprendido a hacer foliares (fertilizantes) y abonos, y a alimentarnos mejor, ahora hacemos jugos en lugar de tomar refrescos de gaseosa”, cuenta Rigoberto mientras muestra la variedad de frutas que organizó su esposa Ofelia en la mesa.
El de Rigoberto es uno de los 81 hogares que han establecido parcelas productivas con cultivos diversos como plátano, yuca y sandía. También construyó una pequeña granja para la crianza de aves, lo que contribuye al consumo de proteína en su hogar y genera ingresos con la venta de excedentes de huevos y carne.

Aprendizaje colectivo
Marco, otro participante del proyecto, destaca cómo la capacitación les ha ayudado a valorar lo que producen y entender la importancia de la nutrición. “No se trata solo de cultivar alimentos, se trata de aprender cosas nuevas, estamos muy contentos,” comenta.
Entre abril y septiembre del 2025, 152 personas han participado en talleres sobre producción de fertilizantes orgánicos, y 75 mujeres asistieron a sesiones comunitarias de cocina para aprender a preparar comidas balanceadas con ingredientes locales.
Huertas que transforman comunidades
Juntos, en esta comunidad están construyendo un futuro más resiliente. Sus huertas son más que fuentes de alimento: son espacios de aprendizaje, solidaridad y esperanza.
El proyecto Produce Verde también promueve la conservación ambiental y la adaptación al cambio climático. Las familias han adoptado prácticas inteligentes como secadores solares y sistemas de cosecha de agua, y 53 productores han implementado tecnologías sostenibles para proteger sus cultivos y reducir costos.
La historia de Rigoberto es una entre muchas que reflejan el espíritu del proyecto: cultivar no sólo la tierra, sino también el conocimiento, la salud y la generosidad.
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