El derecho a quedarse: clima, migración y resiliencia
6 de agosto, 2026 | Autor: CWS | Centroamérica
Reflexiones desde Honduras con Ever Guillén, representante de país de CWS.

En Santa Bárbara, en el occidente de Honduras, una reciente visita de una delegación de CWS puso de relieve cómo la migración, el cambio climático y los desafíos económicos están profundamente interconectados. Las conversaciones con familias, personas que han retornado y líderes comunitarios subrayaron la importancia de programas como Produce Verde, un proyecto implementado por CWS y su socio local CASM, con el apoyo financiero de Growing Hope Globally.
En esta conversación, Ever Guillén, representante de país de CWS en Honduras, explica cómo el programa Produce Verde está ayudando a las familias a fortalecer sus medios de vida, proteger los recursos naturales y desarrollar resiliencia frente al cambio climático.
¿Qué aprendieron sobre los desafíos y oportunidades que enfrentan estas comunidades?
Una de las lecciones más claras de esta visita fue comprobar cuán profundamente interconectados están el cambio climático, la seguridad alimentaria y la migración. Durante los últimos tres años, Produce Verde ha apoyado a más de 600 familias, ayudándolas a adoptar prácticas agroecológicas, diversificar sus fuentes de ingresos, fortalecer las organizaciones comunitarias y mejorar su capacidad de adaptación frente a los impactos climáticos.
Sin embargo, las familias continúan enfrentando desafíos significativos. La agricultura sigue siendo la base de los medios de vida locales, pues la mayoría de los hogares dependen del cultivo de café, maíz, frijol y de la producción pecuaria a pequeña escala. Las lluvias cada vez más irregulares, las sequías prolongadas, las enfermedades de los cultivos y la disminución de la rentabilidad agrícola están debilitando tanto la producción de alimentos como los ingresos familiares.
Este año, por ejemplo, la región atraviesa una de las sequías más severas de la última década. La temporada agrícola comenzó varias semanas más tarde de lo habitual, generando incertidumbre para los agricultores que dependen de patrones climáticos predecibles. Cuando las cosechas fracasan, las familias pierden tanto alimentos como ingresos, lo que dificulta invertir en su futuro y aumenta la presión para migrar.
¿Cómo responden las familias a estos desafíos?

Lo que más me impresionó fue la determinación de las comunidades para adaptarse. A través de Produce Verde, las familias están adoptando prácticas agrícolas inteligentes frente al clima, como sistemas de riego, cosecha de agua, reforestación y manejo sostenible de los recursos naturales. Estas medidas ayudan a proteger los cultivos durante los períodos de sequía y a preservar fuentes de agua fundamentales.
Las familias también están diversificando su producción mediante el cultivo de hortalizas y el desarrollo de pequeños negocios que reducen la dependencia de una sola fuente de ingresos. Los grupos comunitarios de ahorro y crédito se han convertido en otra herramienta importante, al facilitar el acceso a recursos que permiten a las familias invertir en actividades productivas y enfrentar la incertidumbre económica.
Las mujeres están desempeñando un papel especialmente importante en esta transformación. Debido a que la migración ha llevado a muchos hombres a salir en busca de trabajo, las mujeres han asumido cada vez más responsabilidades relacionadas con la producción agrícola y la economía del hogar. Sin embargo, todavía enfrentan barreras en el acceso a la tierra, el crédito y otros recursos productivos. Por ello, fortalecer el liderazgo y la participación económica de las mujeres se ha convertido en un componente esencial del enfoque del proyecto.
¿Recuerda algún ejemplo que se haya destacado durante la visita?

Una de las experiencias más inspiradoras fue conocer al grupo de mujeres “Manos Unidas para Siempre” en la comunidad de Calpules.
Las integrantes compartieron cómo su participación en el proyecto ha transformado sus vidas, no solo desde el punto de vista económico, sino también personal. A través de la producción agrícola colectiva, la gestión financiera, la comercialización de sus productos y su participación en un grupo rural de ahorro y crédito, han fortalecido su confianza y demostrado su capacidad para asumir responsabilidades que tradicionalmente se reservaban para los hombres.
Su éxito está transformando la percepción dentro de sus familias y comunidades sobre el papel que las mujeres pueden desempeñar en el desarrollo local. Al mismo tiempo, se están convirtiendo en defensoras de la protección ambiental, la seguridad alimentaria y la resiliencia comunitaria. Su liderazgo constituye un poderoso ejemplo para otras mujeres y, quizás más importante aún, para las niñas y adolescentes que ahora cuentan con modelos a seguir que les muestran nuevas posibilidades para su futuro.
¿Por qué es tan importante mantener el apoyo a estas iniciativas?
Retomando la vulnerabilidad que mencioné anteriormente: los avances que observamos son reales, pero siguen siendo frágiles. Las comunidades continúan enfrentando barreras estructurales, como el acceso limitado a mercados, financiamiento, asistencia técnica y tecnologías de adaptación climática. Al mismo tiempo, la reducción de los fondos destinados a la cooperación internacional amenaza la sostenibilidad de programas que han requerido años de trabajo para consolidarse.
Sin una inversión continua, las familias podrían volverse más vulnerables a las sequías, las enfermedades de los cultivos y futuros eventos climáticos extremos. La disminución de las oportunidades económicas también podría incrementar las presiones migratorias, especialmente entre la juventud y las personas migrantes que retornaron y que enfrentan dificultades para reintegrarse económicamente.
Lo que está en juego no es únicamente el financiamiento de actividades específicas, sino la continuidad de procesos de desarrollo comunitario a largo plazo que fortalecen la resiliencia, el liderazgo y las capacidades locales.
¿Cuál es el mensaje principal que quisiera que las personas recordaran?
La experiencia de Santa Bárbara demuestra que el cambio climático, la seguridad alimentaria y la movilidad humana no pueden abordarse por separado. Forman parte del mismo ciclo de vulnerabilidad que afecta a las comunidades rurales.
Cuando el cambio climático reduce la productividad agrícola, las familias pierden tanto alimentos como ingresos. A medida que disminuyen las oportunidades, la migración se convierte cada vez más en una estrategia de supervivencia. Pero también vimos que este ciclo puede romperse.
Las inversiones en agricultura sostenible, adaptación climática, organización comunitaria y oportunidades económicas están ayudando a las familias a construir medios de vida seguros y a crear futuros dentro de sus propias comunidades.
Estos esfuerzos fortalecen lo que a menudo llamamos el “derecho a quedarse”: la capacidad de las personas de permanecer en el lugar que consideran su hogar porque cuentan con los recursos, las oportunidades y la resiliencia necesarios para prosperar.
El proyecto Produce Verde es implementado por nuestro socio local, la Comisión de Acción Social Menonita (CASM), con el apoyo de Growing Hope Globally.
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