Seguridad alimentaria y apoyo psicosocial en Guatemala | Autor: CWS | Para el agricultor, activista de derechos humanos e intérprete Neri Brito, la mejor forma de describir su región ixil en Guatemala, es “Bendecida. Es rica en vegetación, diversa y fértil». Neri es promotor de un programa de seguridad alimentaria y nutrición apoyado por CWS, que se enfoca en trabajar con las poblaciones indígenas. Él afirma que el proyecto ha contribuido a disminuir la desnutrición en niñas, niños y familias, además de recuperar los conocimientos ancestrales, incentivar el uso de abonos orgánicos, el cultivo sostenible y la preparación de recetas tradicionales. «Me gusta trabajar con la Madre Tierra. Mi pasatiempo es mirar las montañas, ver lo maravilloso que es nuestro mundo”, comentó. Junto con su equipo, Neri visita periódicamente a las familias del programa para saber cómo les va y llevar suministros. Él dijo: “Siento que además de traer suministros, ofrecemos apoyo psicosocial. La gente se siente escuchada, aprende a tener una alimentación equilibrada y es feliz”. A través del programa, las familias participantes reciben animales como cerdos, gallinas y ovejas. Cuando estos se reproducen, los distribuyen a otras familias para que también participen en la cría y venta. En nuestra entrega más reciente, repartimos 50 cerditos a dos comunidades. Este nuevo año, continuaremos trabajando con estas familias brindando capacitación y aumentando el acceso a semillas para cultivar vegetales nutritivos y comercializables. Estas son las actividades que implementa la Conferencia de Iglesias Evangélicas en Guatemala (CIEDEG) en varios municipios de los departamentos de Quiché y Quetzaltenango, con el apoyo de CWS, Growing Hope Globally y la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (LDS, por sus siglas en inglés). Relacionadas: Centroamérica Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras 2 de octubre, 2024Leer ahora Las manos de doña Santos cosechan el futuro de su familia 17 de mayo, 2024Leer ahora Con incidencia y liderazgo, Don Elías logró que su comunidad acceda al agua 15 de diciembre, 2023Leer ahora
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Cuidar del agua para alimentar la región: el desafío en el Bajo Chaco Paraguayo
Cuidar del agua para alimentar la región: el desafío en el Bajo Chaco Paraguayo A pesar de un clima adverso con fuertes sequías y una baja producción agrícola, seis comunidades indígenas en esta región demuestran su compromiso y capacidad de resiliencia. | Autor: CWS | Lavarse las manos, tener la casa limpia, cultivar la tierra para alimentarse y vender productos en mercados locales, son las actividades básicas que Leonardo Martínez y su familia desempeñan a diario para sobrevivir. Parece fácil, pero la realidad de muchas familias indígenas en el Bajo Chaco Paraguayo, se ha vuelto cada vez más difícil por la falta de agua. “El año pasado (2022) hubo poca lluvia; el clima cambia mucho, todo está seco, absolutamente seco”, dijo Leonardo. Él es líder en El Espinillo, una de las comunidades en las que CWS está acompañando el proyecto de Desarrollo Rural Integral, liderado por su socio local, Pastoral Social Diocesana Benjamín Aceval, con el apoyo de Growing Hope Globally. A inicios del 2022, la ola de calor en Paraguay afectó la producción agrícola, y quemó los cultivos que estaban en etapa de cosecha. En el caso de los participantes del proyecto, lograron cosechar cerca de un 30% de lo previsto. “No hay cómo cultivar muchas cosas, sólo algunas plantas y naranjas, pero por lo menos, hoy tenemos agua segura, gracias a la ayuda de ustedes”. Él conforma una de las 196 familias de Espinillo y Monte Alto que mejoraron su calidad de vida gracias a la reparación de la infraestructura de obtención de agua potable, excavación de pozos e instalación de techos colectores de agua. En el último año, surgieron otras iniciativas contundentes para abordar estos desafíos: Con el liderazgo de la Pastoral Social y la participación de CWS, se realizó el primer Conversatorio Interinstitucional del Bajo Chaco sobre Cambio Climático, la Mesa Técnica Departamental de Cambio Climático, y la Cumbre Departamental sobre Cambio Climático. Por otro lado, el proyecto incluye entrega de insumos agrícolas y apícolas, mantenimiento de huertas, entrega de ovejas y cabras, entre otros. En Octubre del 2022, se entregaron 100 cabras y 11 ovejas distribuidas en 10 aldeas. Adicionalmente, se crearon 11 huertas comunitarias y 8 particulares, junto con 61 chacras de producción diversificada. Leonardo aseguró que la producción está creciendo y “hoy hay más colmenas cargadas de miel”. Este año, se registraron 122 productores, y hasta el 20 de diciembre, se habían registrado 60 litros de miel por cada uno. También hubo tiempo para aprender. Los participantes recibieron clases de alfabetización y leyes de educación indígena, y con el acompañamiento de SENASA (Servicio Nacional de Saneamiento Ambiental), conocieron sobre formas de potabilizar el agua y las consecuencias del consumo de agua contaminada. Los encuentros llegaron a 360 familias. En el 2023, los objetivos serán monitorear los frutos de un año productivo que dejó oportunidades para que la comunidad crezca. El Bajo Chaco Paraguayo es una región de América Latina ubicada en Paraguay, tiene amplias zonas de palmares y pantanos, un clima tropical húmedo de difíciles condiciones y contrastes. Hay épocas de intensas lluvias e inundaciones, y otras, de fuertes oleadas de calor, temperaturas altas y sequías severas. Esto representa una amenaza y riesgo para las comunidades indígenas, que dependen de la actividad agrícola para sobrevivir. Relacionadas: Gran Chaco Sudamericano Tres países se comprometen para la Gestión del Agua en el Chaco 10 de septiembre, 2024Leer ahora Video: Voces de mujeres indígenas 27 de agosto, 2024Leer ahora “Las mujeres de esta comunidad parecen haber despertado de un largo sueño” 24 de julio, 2024Leer ahora
Trabajan en equipo para cuidar de los cultivos
Trabajan en equipo para cuidar de los cultivos y la comunidad En República Dominicana, dos comunidades aprendieron sobre formas de producción agrícola más sostenibles y con mejores resultados financieros. | Autora: Mónica Arango | Junto con otro grupo de mujeres, Ángela Ramírez asumió la responsabilidad de llenar cerca de 30.000 sacos de abono para sembrar plantas y hortalizas. No fue una tarea fácil, pero ella y sus compañeras lo hicieron con dedicación, aprovechando este tiempo para aprender, conocerse y compartir experiencias en su comunidad. Ángela tiene 21 años, vive con su mamá, sus hermanos, y su hija Willenis, de tres años. Ella integra una de las 155 familias del proyecto de seguridad alimentaria “Desarrollo Empresarial Cooperativo”, que implementó nuetro socio local en República Dominicana: Servicio Social de Iglesias Dominicanas, con el apoyo de Growing Hope Globally. Las actividades están encaminadas a ofrecer medios de vida resilientes y atiende, principalmente, a mujeres, jóvenes y adultos mayores. El objetivo es fortalecer las capacidades y habilidades de los participantes para cultivar y comercializar plantas de café, aguacate, limón y otras variedades. A Ángela la describen como una joven sonriente y trabajadora. “El trabajo me ayuda a olvidar los problemas porque se comparte mucho. Aquí vivo feliz y me gusta ayudar en todo lo que pueda”, dice la joven, para quien esta experiencia en el vivero fue como una terapia que la ayudaba a lidiar con dificultades que tenía en su día a día. Ese sentimiento es compartido. Para Damiana Ogando, participante del sector de Babor Arriba, “el vivero es lo mejor que ha llegado a la comunidad. Una cosa muy buena para todos y confiamos que nuestros nietos también lo disfrutarán”. Para Crusely Valdez, de El Batey, gracias al proyecto, las mujeres aprendieron a transplantar, germinar e injertar plantas. “De aquí salimos empresarias y maestras para enseñar a hacer viveros a otras personas que no lo saben. Yo aquí trabajo por mí, mi familia y mi comunidad”. Las y los líderes comunitarios aprendieron técnicas de comercialización y mercadeo, elaboración de un plan de negocios y formas de crédito y ahorro. Para garantizar el suministro de agua necesario, SSDD también apoyó la instalación de uma bomba de agua a la orilla del río más cercano hasta el vivero, una distancia de 1.500 metros. Además, se construyó un germinador con capacidad para producir 40.000 plántulas de diferentes especies y trasplantarlas después a los viveros. Los viveros son sitios dedicados a la producción de plantas, con la mejor calidad y al menor costo posible. Requieren de una buena estructura, sistemas de riego, suficiente agua y luz, equilibrio de temperatura y humedad, entre otras cosas. Ángela Ramírez. Vivero El Batey. Vivero El Batey. Vivero El Batey. Pura Ogando. Taller sobre métodos de siembra. Capacitación a la comunidad. Plantaciones en el municipio de Dajabón. Relacionadas: Centroamérica Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras 2 de octubre, 2024Leer ahora Las manos de doña Santos cosechan el futuro de su familia 17 de mayo, 2024Leer ahora Con incidencia y liderazgo, Don Elías logró que su comunidad acceda al agua 15 de diciembre, 2023Leer ahora
Brotan el agua y las oportunidades para agricultores locales en Paraguay
Estamos muy bien. Las mujeres tienen agua. Ya no es como antes que debíamos acarrear agua de muy lejos; ahora ya tenemos hasta para regar nuestras plantas, nuestras huertas.
Semillas de Esperanza para 917 familias en Guatemala
Semillas de Esperanza para 917 familias en Guatemala | Autora: Mónica Arango | Josefa Pérez y su esposo llevan más de una década cultivando la tierra que tienen cerca de su casa; pero sólo hace un año comenzaron a ver una diferencia enorme en su trabajo. Ellos aprendieron a sembrar de manera sustentable, libre de tóxicos y con estrategias de producción para vender más y ganar un sustento para sus familias. “Ahora cosechamos el tomate dentro del invernadero y da mejores resultados. No es igual que sembrarlo al aire libre. No teníamos idea, pero CIEDEG vino a enseñarnos. También aprendimos a cuidar la tierra y abonarla. Nos sentimos satisfechos porque vimos un cambio”, cuenta Josefa. Su familia es una de las 917 que participan en el proyecto “Semillas de Esperanza para la seguridad alimentaria Nutricional”, implementado por CWS y su socio local, Conferencia de Iglesias Evangélicas de Guatemala, con el apoyo de Growing Hope Globally. El objetivo del proyecto es contribuir a mejorar la seguridad alimentaria de las familias, en 17 comunidades de los departamentos del Quiché y Quetzaltenango, en Guatemala. Esto se ve reflejado en el trabajo de Josefa, quien no solo mejoró sus ingresos, sino la calidad de vida de sus seis hijos. Josefa comienza su día a las 6 de la mañana. Después de hacer el desayuno para sus hijos, limpiar la casa, y dar alimento a sus gallinas, ella se va caminando hasta la tierra donde tiene sus cultivos de brócoli, repollo, apio y escarola. “Lo más importante de trabajar en el campo es que no hay que comprar comida en el mercado. Mi familia tiene comida. Y si sobra, la vendemos”, asegura Josefa, quien a pesar de no haber contado con la oportunidad de estudiar, continúa alentando a sus hijos para que lo hagan. “Yo les digo que es lo que más les va a servir. Yo quisiera leer algo pero no puedo, no sé cómo”. El proyecto contempla entrega de semillas y especies vegetales propias de cada región, como cilantro, rábano, remolacha, acelga, espinaca, entre otras. Ya se construyeron 590 huertos familiares y 30 invernaderos. Además, se implementó un mercado comunitario para que los participantes vendan sus productos y compren otras cosas que necesiten para su día a día, como ropa, medicinas y productos de higiene. Relacionadas: Centroamérica Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras 2 de octubre, 2024Leer ahora Las manos de doña Santos cosechan el futuro de su familia 17 de mayo, 2024Leer ahora Con incidencia y liderazgo, Don Elías logró que su comunidad acceda al agua 15 de diciembre, 2023Leer ahora
El sueño que Leidy y Jorge reconstruyeron
El sueño que Leidy y Jorge reconstruyeron Conversamos con una de las familias que participan en el programa Vivienda con Dignidad, en Honduras, para ayudar a quienes perdieron su casa tras los huracanes Eta e Iota. Dentro de poco, Jorge y Leidy van a mudarse a su nuevo hogar. | Autor: Mónica Arango | Cuando Jorge Luis Sarmiento era un niño, sufrió un accidente durante el huracán Mitch. El agua, lodo y escombros lo arrastraron. Cinco días después, lo encontraron gravemente herido. Él perdió su audición. A pesar de los desafíos, Jorge siempre trabajó para conseguir su sueño de tener un lugar donde vivir y un terreno donde cultivar alimentos para sustentar a su familia. Desafortunadamente, en Noviembre del 2020, los huracanes Eta e Iota destruyeron su casa. “Estábamos muy tristes. Nos costó tanto ser dueños de nuestra casa y en segundos todo se vino abajo”, nos dijo Leidy. El terreno en el que vivían se declaró inhabitable. Era época de cosecha; todos los cultivos se perdieron. En ese lugar, 35 familias más perdieron sus viviendas. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en Honduras los huracanes afectaron a 4,7 millones de personas y obligaron a más de un millón a evacuar sus hogares. “Todos ahí cerca éramos familia. Mamá, tía, abuela, todos quedaron sin casa”, dice Jorge. Leidy, por su parte, recuerda que su hijo tenía apenas 20 días de nacido. “Debajo de nuestra casa pasaba una quebrada, entonces entró el agua. Las paredes se rajaron, la casa se estaba hundiendo, nos tocó salir. Luego, se derrumbó todo. Quedamos con las cosas en la calle”. Una nueva esperanza apareció para ellos. Después de una rápida evaluación de necesidades y entrega de ayudas, realizada por socios locales de CWS, se identificaron a 93 familias en situación de vulnerabilidad extrema y se pasó a una segunda fase de apoyo. Este grupo entró a hacer parte del Proyecto Vivienda con Dignidad, desarrollado en tres comunidades: Nuevo Celilac, Ceguaca y San Nicolás, en el departamento de Santa Bárbara. La nueva casa de Leidy y Jorge se está construyendo en el terreno que les cedieron sus padres. Ya está completo en un 90% y sólo faltan las ventanas y puertas. Jorge participó activamente en la construcción de su casa. Se unió a los trabajadores y los ayudó con sus tareas diarias. “A veces, los trabajadores se iban, pero Jorge seguía construyendo bloques porque estaba ansioso por ver su casa terminada”, dijo Leidy. El sueño de esta familia es mudarse a su casa, emprender y trabajar juntos para criar a su hijo. Mientras esperan que la construcción esté lista, la pareja vive en una casa alquilada. Leidy añadió: “Agradecemos a Dios y a todos los que nos están apoyando”. Hasta el momento han participado 23 familias (117 personas). Actualmente se están construyendo 70 casas nuevas para 70 familias (350 personas). Además de la construcción de casas, este programa desarrollará oportunidades de subsistencia agrícola para los miembros de la comunidad. Estas actividades incluirán el suministro de semillas, capacitaciones en recursos agrícolas y resiliencia. El Proyecto Vivienda Con Dignidad lo lidera CWS, implementado por los socios locales Comisión de Acción Social Menonita y Proyecto Aldea Global, con el financiamiento de Church of the Brethren (COB), Latter-day Saint Charities y algunos donantes individuales. Leidy y Jorge Luis Sarmiento y su hijo. Vitalina Melgar. Remijio Ventura y Martha Elba Paz. Marco Antonio Martínez Melgar. Cristóbal Perdomo. Antonia y Mario Ventura. Rigoberto Alarcón. Ya se construyeron las primeras 23 viviendas. Valle de la Cruz, Santa Bárbara, Honduras Valle de la Cruz, Santa Barbara, Honduras En algunos lugares, continúa la reparación de vías. Relacionadas: Centroamérica Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras 2 de octubre, 2024Leer ahora Las manos de doña Santos cosechan el futuro de su familia 17 de mayo, 2024Leer ahora Con incidencia y liderazgo, Don Elías logró que su comunidad acceda al agua 15 de diciembre, 2023Leer ahora
“Detrás de mi historia, hubo una familia que me abrazó”
“Detrás de mi historia, hubo una familia que me abrazó” | Autora: Mónica Arango | Delfina Acosta es una joven brillante y motivada de Orán (Salta, Argentina). Sus amigos la llaman Delfi, le encanta escuchar música, hacer nuevos amigos, jugar fútbol y rugby. Delfina también es pionera: fue la primera estudiante transgénero en graduarse de la universidad de su provincia. Esta joven de 27 años es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de Salta, en la ciudad de Tartagal (Argentina). Con su título y su pasión, ahora Delfina es activista y dedica su tiempo a luchar por la igualdad de género. Hoy trabaja en el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de Argentina, en la Agencia Territorial en Salta. Delfina fue una de las participantes en el “Estudio Exploratorio sobre Vulneración y Promoción de Derechos de la Población LGBTI+ en municipios del Gran Chaco Sudamericano”, realizado por CWS. Este informe captura las voces y demandas de las personas LGBTI+ en esta vasta región y ofrece recomendaciones para tomar acciones sociales y políticas. Antes del informe, “no teníamos una herramienta académica ni datos concretos sobre la población LGBTIQ, y específicamente sobre la población trans”, explicó Delfina. “Este estudio ha sido una motivación para poder conocer a otras personas que también trabajan en este tema y tienen experiencia en nuestra provincia”. A través del reporte, Delfina siente que a la comunidad LGBTIQ+ se le ha dado una voz y una posición más fuerte. Ella quiere seguir luchando por sus derechos a ocupar espacios y ser escuchados y escuchadas. La joven trabaja por este objetivo en el grupo de investigación del que hace parte, denominado “Área sobre Género, Feminismos y Disidencias Sexuales” en la Universidad Nacional de Salta. Esta institución también colaboró y participó en el estudio de CWS. Entre muchas de sus metas inspiradoras, Delfina nos dijo que su mayor sueño es abrir “La Casita Trans”, una casa para recibir, escuchar y educar a personas transgénero y travestis. “Sé que lo lograremos”. Delfina es un ejemplo de lucha admirable y representa el espíritu de aceptación y deseo de un mundo donde todos sean acogidos. Mira el reporte completo aquí: Estudio Exploratorio sobre Vulneración y Promoción de Derechos de la Población LGBTI+ en municipios del Gran Chaco Sudamericano. Este estudio es una expresión del compromiso institucional con la construcción de un mundo con paz y justicia, donde ningún tipo de discriminación u otra forma de violencia sea tolerada o promovida hacia ningún grupo o colectivo de personas, donde todos los derechos sean reconocidos y respetados y donde siempre el diálogo, y no el agravio, sea el camino. Fotos cortesía: Delfina Acosta Relacionadas: Historias de cambio Video: Voces de mujeres indígenas 27 de agosto, 2024Leer ahora “Animo a todos los jóvenes a aprender una profesión” 30 de julio, 2024Leer ahora “Las mujeres de esta comunidad parecen haber despertado de un largo sueño” 24 de julio, 2024Leer ahora
Catarina y Juana: Dos mujeres comprometidas con su familia y su comunidad
Catarina y Juana: Dos mujeres comprometidas con su familia y su comunidad Catarina Juárez de León y Juana López García son promotoras locales en el proyecto de seguridad alimentaria y nutrición que CWS apoya en comunidades Maya Mam de Quetzaltenango (Guatemala). Participan 490 familias. | Autora: Erwin Garzona | Catarina, es una valiente madre soltera que lucha para sacar adelante a sus hijas Luci e Imelda, completó sus estudios primarios y trabaja como promotora del proyecto desde hace más de dos años. Juana, es una joven soltera que apoya a sus padres y hermanos, es maestra de educación infantil que, ante la falta de empleo, lanzó como emprendedora una pequeña cafetería que debió cerrar debido al impacto de la pandemia, y es promotora en el proyecto hace poco más de un año. El proyecto, implementado por nuestro socio local CIEDEG (Conferencia de Iglesias Evangélicas en Guatemala), ofrece acceso a recursos agropecuarios como semillas, insumos para preparar abonos, ganado ovino y porcino, y orientación técnica para la producción y aprovechamiento de alimentos, y el mejoramiento de la nutrición. También se impulsa la generación de ingresos mediante la venta de algunos de los productos agrícolas. Asimismo, se promueven los derechos de la mujer y el empoderamiento de las mujeres. Ellas representan más del 90% de participantes directas en el programa. Debido a la pandemia y las limitaciones de movilización y encuentros presenciales, Catarina y Juana se han convertido en los ojos, oídos y manos de CIEDEG en el día a día del proyecto en las comunidades locales. Ellas compran y distribuyen semillas y otros insumos agrícolas, facilitan capacitaciones sobre derechos de las mujeres, hacen monitoreo y seguimiento visitando a las familias y sus huertos, y reportan a CIEDEG sobre dificultades o avances. Recientemente, también aplicaron entrevista para un diagnóstico participativo sobre disponibilidad, acceso, uso y consumo de alimentos, y talla-peso en niñas y niños menores de cinco años. Al preguntarles qué han aprendido a través del proyecto, Catarina y Juana nos contaron que “la convivencia con otras mujeres y con las comunidades nos han dado aprendizajes nuevos”. Señalan que han aprendido sobre agricultura, seguridad alimentaria y derechos de las mujeres. Ellas destacan su compromiso con su comunidad y el agradecimiento que sienten por poder trabajar en el proyecto. No es casual que la primera palabra que me enseñaron en su idioma, el Maya Mam, fue “gracias”: Chjonte. Por otro lado, comentaron que es importante valorarse como mujer, conocer y defender sus derechos. “En San Martín y San Juan, y hasta en mi familia, las mujeres no se daban su lugar y no participaban en la comunidad, o sus esposos les vedaban la participación, se discriminaba a la mujer”, dijo Juana. Esto implicaba que solo los hombres tenían el derecho de trabajar e ir y participar en actividades de la comunidad, y a las mujeres les estaba vedado. Por su parte, Catarina afirmó que “por eso es importante aprovechar las oportunidades y participar”. Y aunque ahora ven más participación de las mujeres, incluyendo la posibilidad para muchas de continuar estudios, los cambios aún son insuficientes. “Tenemos que animar a otras mujeres a que conozcan sus derechos y se valoren, es importante por eso informar y capacitar”, dijo Juana. Y en el contexto del Día Internacional de la Mujer, ella agregó: “Me gustaría decirles a todas las niñas, señoritas, mujeres, que conozcamos nuestros derechos, nos valoremos y participemos en todos los espacios para aprender y poner en práctica la igualdad; es necesario participar para combatir la discriminación y que valoremos a las niñas y mujeres”. “Es importante celebrar el Día Internacional de la Mujer porque habla sobre la igualdad de todos. Todas las mujeres tenemos derecho de trabajar, abuelas, madres, hijas, todas tenemos derechos. Saludo a todas las mujeres en este mismo día”, concluyó Catarina. Conoce algunos de los testimonios de las mujeres que participaron en este proyecto de seguridad alimentaria y nutrición: Josefa y Rosa comparten sobre las iniciativas de sus aldeas en Guatemala. Relacionadas: Centroamérica Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras 2 de octubre, 2024Leer ahora Las manos de doña Santos cosechan el futuro de su familia 17 de mayo, 2024Leer ahora Con incidencia y liderazgo, Don Elías logró que su comunidad acceda al agua 15 de diciembre, 2023Leer ahora
Josefa y Rosa comparten sobre las iniciativas de sus aldeas en Guatemala
Josefa y Rosa comparten sobre las iniciativas de sus aldeas en Guatemala Un grupo de mujeres en Nebaj cosecha los resultados de una siembra cuidada con cariño; y otro, en San Martín Sacatepéquez y San Juan Ostuntalco, cría animales con la cooperación de la comunidad. Historias de cambio. | Autora: Mónica Arango | Cuando el sol aún no asoma sus primeros rayos del día, Josefa Pérez ya está despierta orando. “Pido para que la cosecha aumente, que este año tengamos más siembras”. Por eso, lo primero que hace después de preparar el desayuno y limpiar la casa, es salir a ver sus cultivos de arveja, repollo, brócoli y papa. Al igual que otras mujeres de la aldea La Pista, ubicada en Nebaj, en el departamento El Quiché (Guatemala), ella se esmera y pasa la mayoría de su tiempo en el huerto para cuidar la producción de vegetales que le sirve de alimento a su familia, y de ayuda financiera cuando logran vender la producción en el mercado campesino local, donde venden otros pequeños productores como ella. Esta es una de las iniciativas en las que participan 490 familias como la de Josefa. Se trata del proyecto de Semillas de Esperanza para Seguridad Alimentaria y Nutrición, implementado por CWS a través de su socio local CIEDEG, y con el apoyo de Growing Hope Globally. Además de semillas y plantas, las familias reciben insumos químicos y orgánicos para preparar abonos; materiales para reconstruir o mantener sus invernaderos, sistemas de riego, equipos para aspersión de fertilizantes y plaguicidas orgánicos y/o químicos. Además de Nebaj, el programa se desarrolla en San Martín Sacatepéquez y San Juan Ostuntalco, en el departamento de Quetzaltenango. Los participantes recibieron semillas para sembrar en sus huertas e invernaderos. Algunos también accedieron a capacitaciones en asuntos como derechos humanos, derechos de las mujeres, seguridad alimentaria e higiene. La aldea La Pista está rodeada de montañas y aunque normalmente hace frío, estos primeros días del año han sido cálidos, con poca lluvia. Y sin importar el clima, Josefa y cuatro compañeras más van al huerto y al invernadero a trabajar, luciendo sus trajes típicos de la etnia Maya Ixil: usan faldas largas llamadas ‘cortes’ y blusas amplias llamadas ‘huipiles’, que son de algodón, bordadas con flores, animales y símbolos que identifican a sus comunidades en colores alegres. “Estamos contentas. Ha sido una buena cosecha. En el invernadero tenemos tomate, chile jalapeño, chile pimiento y pepino”, dice Josefa. De igual forma, a unos 135 kilómetros de Nebaj, CIEDEG también implementa el proyecto en seis aldeas: Toj Mech, El Rincón, La Estancia y Toj Alik (en el municipio de San Martín Sacatepéquez); y Nueva Concepción y Agua Blanca (en el municipio de San Juan Ostuncalco). En la Nueva Concepción, conversamos con Rosa Elvira Vásquez, quien cuida de sus animales y cultivos mientras carga a Alexa (18 meses) en la espalda. Ella es la menor de sus cuatro hijas. La familia de Rosa recibió un cerdo hace dos años, gracias al apoyo de CWS y LDS Charities, ahora tienen tres. También recibió semillas y sembró maíz, papa, cilantro, remolacha, rábano y zanahoria. Esta es otra iniciativa que ha traído resultados para las familias de San Martín Sacatepéquez y San Juan Ostuncalco. La cadena productiva de pase consiste en que varias familias reciben animales como cerdos, gallinas y ovejas, y cuando estos se reproducen, son repartidos a otras familias, para que puedan iniciar su proceso de cría y venta. Los recursos que obtienen con esta actividad les ayuda a comprar otros alimentos, medicinas, ropa y útiles escolares para sus hijos. “He aprendido mucho, lo que recogemos en los huertos nos sirve para preparar el almuerzo y las comidas”, dice Rosa, y aunque nos contó que ella no tuvo la oportunidad de estudiar, sus hijas ya entraron a la escuela. En una próxima etapa del proyecto, se ofrecerán talleres de seguridad alimentaria y técnicas agrícolas para los técnicos y promotores de CIEDEG y las organizaciones locales, y se terminará de medir talla y peso en niños menores de cinco años para determinar sus condiciones nutricionales. Fotos: CIEDEG Relacionadas: Centroamérica Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras 2 de octubre, 2024Leer ahora Las manos de doña Santos cosechan el futuro de su familia 17 de mayo, 2024Leer ahora Con incidencia y liderazgo, Don Elías logró que su comunidad acceda al agua 15 de diciembre, 2023Leer ahora
Siembra de conocimiento en comunidades indígenas de Paraguay
Siembra de conocimiento en comunidades indígenas de Paraguay Estudiar está abriendo una puerta de posibilidades a los habitantes del Bajo Chaco paraguayo. Integrantes de comunidades indígenas cuentan sobre sus logros tras capacitarse en producción agrícola y apícola, entre otros asuntos. | Autora: Mónica Arango | Uno de los deseos más grandes de Teresa Benítez, habitante de El Espinillo, es «estudiar, conocer quién es la A, la B y las otras letras también”. Ella tiene 76 años, se dedica a la siembra de hortalizas y producción de miel, y vive con su esposo y sus dos hijos. Por su parte, Jorgelina Flores y un grupo de mujeres de la comunidad Yakye Acá, han manifestado la misma necesidad: «Queremos leer y escribir, y no morir haciendo solamente nuestra firma con huellas dactilares”. Y en la comunidad Sawhoyamaxa, Mariana Ayala comenta que después de haberse capacitado, “es hora de despertarnos y de hacer valer nuestros derechos por la educación de nuestros niños”. Todas ellas tienen algo en común: participan en el proyecto ‘Desarrollo Rural Integral en Comunidades Indígenas del Bajo Chaco Paraguayo’, implementado por CWS a través de su socio local, Pastoral Social Diocesana de Benjamín Aceval, con el apoyo de Growing Hope Globally. El programa incluye actividades como instalación de huertas, capacitación en derechos humanos, civiles y políticos, salud indígena, producción agrícola y apícola, excavación de pozos someros donde hubo escasez de agua, entre otros aspectos vitales para las comunidades de la región. Antes de participar en las formaciones sobre siembra de semillas y producción de alimentos, Alodia González no sabía cómo generar ingresos para su familia. Con lo aprendido en agricultura y apicultura, ella lideró el proceso productivo de la huerta comunitaria y comenzó a trabajar con sus propias cajas apícolas para producir miel. El proceso productivo de miel inició en septiembre del 2021 y terminó con la última cosecha en febrero de este año. “Con la buena producción de miel estamos generando ingresos económicos muy importantes para el sostenimiento de mi familia; la miel la cosechamos de las cajas apícolas y la vendemos acá en la comunidad o nos organizamos y vendemos en ferias en Asunción (Paraguay)”, dijo Alodia. También añadió que “con la huerta pudimos comer lechugas, perejil y otras verduras producidas por nosotras”. Y aunque las huertas sufrieron daños por las temporadas de calor en el 2021 y esto retrasó el crecimiento de las hortalizas sembradas, más adelante se retomó la siembra de arbolitos frutales (390) como limón, naranja, mandarina, pomelo y mango. En la comunidad de Alodia también recibieron tejido de alambre para el cercado de la huerta comunitaria, así como herramientas, semillas y asistencia técnica para la elaboración de alimentos a partir de productos cultivados. En total, se activaron 11 huertas con la participación de 75 familias. “Nosotras guardamos nuestras semillas, ahora ya plantamos y están germinando todas nuestras semillas que juntamos el año pasado”, indicó Herminia González, productora agrícola de la aldea Lolaico Guasu, comunidad Laguna Pato. Por otro lado, uno de los mayores desafíos sigue siendo la falta de agua para consumo humano y producción durante los periodos largos de sequía. Por eso, para aumentar la cantidad de fuentes de agua, se excavaron 24 pozos someros en 15 aldeas. De estos, 10 son de agua dulce y abastecerán a las comunidades más afectadas en en tiempos de sequía y escasez de agua de lluvia. Un total de 301 familias resultaron beneficiadas. “Para que mejore la educación en todas las comunidades, debemos unirnos todos para mejorar”, afirmó Leonardo Martínez, líder de la aldea 26 de Junio, Espinillo. Durante la ejecución del proyecto de desarrollo rural también se han atendido necesidades básicas de 520 familias por causa de la pandemia por el Covid-19. Se han donado kits de alimentos no perecederos de 12 kg. en los lugares donde más se dificulta el acceso porque no hay carreteras o vías. Este año, al igual que las actividades mencionadas, continúa el objetivo de empoderar a los miembros de las comunidades, para que puedan autogestionar sus producciones y cultivos. Relacionadas: –