Donde una familia siembra un futuro: cultivando estabilidad a través de la fe y el trabajo arduo A través del proyecto Produce Verde, apoyado por CWS, la familia de Pedro Maldonado está transformando sus medios de vida, fortaleciendo su unidad e inspirando a su comunidad mediante prácticas agrícolas sostenibles. | Autor: CWS | Cuando la luz del día apenas se asoma tímidamente, la rutina de la familia Maldonado ya ha iniciado. Con una oración agradecen por un nuevo día, desayunan y salen al campo, donde además de sus cultivos también crece la esperanza. Hace unos años, la vida de Pedro y su familia fue puesta a prueba cuando la pandemia golpeó Honduras. El trabajo se volvió incierto, los precios subieron y conseguir alimentos se hizo cada vez más difícil. La situación llegó a ser tan grave que su esposa Edis consideró migrar a los Estados Unidos para ayudar económicamente, pero la familia no quería separarse. Decidieron quedarse en Honduras, permanecer juntos y aferrarse a su fe. Poco después, llegó la oportunidad de integrarse al programa de seguridad alimentaria que lidera la Comisión de Acción Social Menonita CASM, con el apoyo de Church World Service y Growing Hope Globally. Este programa marcó un antes y un después en sus vidas. Recibieron animales, capacitación y herramientas para transformar su hogar en una finca productiva. Crecimiento, aprendizaje y liderazgo compartido Dos años después, los cambios son visibles en cada rincón. Donde antes había pocos animales, hoy hay corrales organizados para gallinas ponedoras, pollos de engorde y pollitos más pequeños. Edis ahora lidera el proyecto avícola con confianza. Empezó con apenas 15 gallinas, hoy cuida hasta 100 pollitos y recibe pedidos constantes de la comunidad. “Gracias a mi esposo que me ha dado fuerza, que me dice: ‘no tenga miedo de invertir”. El biodigestor instalado en la finca les permite producir gas a partir de desechos, reducir costos y aprovechar mejor los recursos. La secadora solar ha mejorado el manejo del café, y las técnicas de abono orgánico fortalecieron la tierra. Incluso, aprovechan cada subproducto: con las cáscaras de tomate, zanahoria y limón, desparasitan a los animales, sin necesidad de químicos. Sembrando estabilidad en familia Cada mejora representa aprendizaje, esfuerzo y perseverancia. Sin embargo, Pedro insiste en que el cambio más grande no se ve a simple vista. Está en la forma en que su familia trabaja ahora. Antes, él sentía que debía resolverlo todo solo. Hoy, cada miembro tiene un rol y un propósito. Su esposa cuida los animales, sus hijos apoyan en el abono y el café, y las decisiones se toman juntos. Ese trabajo compartido mejoró la economía del hogar y trajo tranquilidad y alegría. Y este proceso está profundamente conectado con su fe, porque aunque sus actividades comienzan en la madrugada y se extienden hasta la noche, “tenemos siempre el tiempo para Dios”, dice Edis. La familia participa activamente en su comunidad religiosa, y cuidar la tierra es, para ellos, una forma de honrar la creación. Pedro lo describe con sencillez: “Estamos siendo administradores de la creación y cuando estamos implementando cosas como estas, estamos contribuyendo con el medio ambiente”. La luz se comparte. El impacto ya se extendió más allá de su hogar. A través del proyecto Produce Verde, Pedro no sólo recibió apoyo técnico, sino también una nueva forma de ver el futuro. Esa visión ha comenzado a inspirar a otras familias de la comunidad, que ahora se acercan para observar, preguntar y aprender. Pedro nunca buscó convertirse en un ejemplo, pero su experiencia lo ha llevado a compartir lo que sabe con quienes lo rodean y ser un líder. Avanzando, paso a paso Cuando habla del futuro, Pedro no menciona metas definitivas ni éxitos concluidos. Prefiere hablar del proceso. “No le digo que lo hemos logrado, sino que lo estamos logrando porque el plan es seguir avanzando. Darnos cuenta de que podemos desarrollar proyectos familiares es muy importante”. Edis sueña con una finca más grande, con la casa en el centro y espacio suficiente para expandir los proyectos y compartir conocimientos con otros. Pedro escucha ese sueño con una sonrisa tranquila y dice: “Pedro está donde está porque ha sido un loco soñador y ha dicho: “se puede”. Relacionadas: Centroamérica Cosechas: nutrición, aprendizaje y generosidad 17 de noviembre, 2025Leer ahora «La Bendición»: una finca que alimenta a la familia Rivera 23 de abril, 2025Leer ahora La familia Gutiérrez cultiva vida y esperanza en Honduras 22 de abril, 2025Leer ahora
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Construyendo resiliencia en Haití: voces de esperanza en medio de la crisis
Construyendo resiliencia en Haití: voces de esperanza en medio de la crisis | Autor: CWS | Cuando los desastres, la sequía y la violencia son continuos, la resiliencia se convierte en un salvavidas. En el noroeste de Haití, las familias de Baie‑de‑Henne atraviesan momentos difíciles. Desde los impactos climáticos hasta el aislamiento económico, los desafíos son inmensos; sin embargo, las historias que emergen de esta región también revelan fortaleza, ingenio y esperanza. Las reducciones significativas en la asistencia internacional dejaron a más de 10.000 familias agricultoras sin semillas al inicio de la temporada de siembra en el 2025. Los pocos cultivos que lograron sembrar no germinaron debido al retraso de las lluvias. Las familias que aún tenían acceso al agua, la transportaron a pie hasta sus parcelas, sólo para ver cómo los insectos devoraban sus plantaciones debido a que la sequía eliminó otras fuentes de alimento. La segunda temporada de siembra, en agosto, ofreció una breve esperanza, pero esta se desvaneció rápidamente. Las inundaciones de septiembre y el huracán Melissa en octubre destruyeron la mayor parte de los cultivos de plátano y yuca justo cuando estaban listos para cosecharse. Al mismo tiempo, los bloqueos y la violencia vinculada a pandillas aislaron aún más la región, desconectando a las familias de los mercados nacionales y provocando un aumento vertiginoso en los precios de los alimentos. Frente a estas crisis, dos proyectos que implementó nuestro socio local OPFSLDIBH con el acompañamiento de Church World Service (CWS) y el financiamiento de Growing Hope Globally, se convirtieron en un sistema de apoyo crucial. Estas iniciativas ofrecen a las familias herramientas, capacitación y confianza para adaptarse. Tal como promete Isaías 41:18: “Abriré ríos en las alturas desoladas… convertiré el desierto en estanques de agua.” Un manantial restaurado, una comunidad renovada Uno de los mayores logros de los últimos dos años refleja esa promesa: la rehabilitación del manantial natural de Dumercy, que estuvo seco en años anteriores, pero que ahora fluye de manera continua incluso resistiendo las fuertes inundaciones y el huracán.Hoy, el manantial provee agua esencial para lavar ropa, atender animales y cocinar. A su alrededor, tierras que antes eran áridas se transformaron. Las familias sembraron plátano, malanga, maíz y calabaza, alimentando a sus hogares y vendiendo los excedentes en el mercado de Mare Rouge. Esta transformación fue posible gracias a amplios esfuerzos de conservación de suelos. Hasta ahora, 41 personas recibieron capacitación especializada en técnicas de conservación, y junto con supervisores capacitados, 195 agricultores aplicaron estos métodos en ocho hectáreas alrededor de la fuente Dumercy. Su trabajo incluyó la instalación de muros de piedra, cercas vivas, barreras de fijación de suelos y pasto, estructuras que se mantuvieron firmes tanto durante las inundaciones de septiembre como durante el huracán Melissa. Soluciones naturales para tiempos difíciles Entre los muchos agricultores que fortalecieron sus habilidades está Michelet Nacius, de 51 años, residente de Bombel y padre de siete hijos: “Durante mucho tiempo, los insectos devastaron mis cultivos, afectando negativamente mi cosecha. Sin embargo, gracias a esta capacitación, los insectos ya no arrasarán mis cultivos. Ya empecé a producir y usar pesticida natural, con buenos resultados. Antes no tenía medios para combatir las plagas. Gracias, OPFSLDIBH y CWS, por esta iniciativa que me ayuda a combatir los daños causados por los insectos”. Su experiencia se repite en los grupos agroecológicos. El pesticida natural se ha convertido en una herramienta vital durante un año en que la sequía obligó a los insectos a atacar con más agresividad los cultivos verdes. Estas formaciones permiten a los agricultores proteger sus parcelas sin depender de productos químicos costosos o inaccesibles. El agricultor Bruly Cornet, de 67 años, también experimentó cambios transformadores tras años luchando contra la erosión: “Cuando llovía, la erosión me causaba muchos problemas porque dejaba hoyos y se llevaba la capa fértil del suelo.” Tras la construcción de estructuras de conservación en su terreno, todo cambió: “Ya coseché frijoles y maíz… Las estructuras tuvieron un papel importante en el aumento de mi rendimiento.” Ahora protege esas obras y anima a sus vecinos: “Son muy útiles para la tierra… Voy a seguir protegiendo mis otras parcelas”. A pesar de perder el 96% de sus cosechas, vivir bajo aislamiento impuesto por pandillas y enfrentar el aumento del costo de los alimentos, las familias de Baie‑de‑Henne no se rinden. Están reconstruyendo suelos, restaurando manantiales, adoptando técnicas agrícolas resilientes al clima y fortaleciendo sus pequeños negocios. Esto es lo que significa resiliencia en el noroeste de Haití: agricultores cosechando nuevamente, mujeres expandiendo sus negocios, personas mayores protegiendo su tierra y familias manteniéndose unidas, incluso en medio de la tormenta. Estamos agradecidos con Growing Hope Globally por su apoyo en este trabajo. Aprende más sobre nuestro trabajo en Haití aquí. Relacionadas: Haití Lakou Tanama: Elevando las voces haitianas en la justicia sanadora 13 de octubre, 2025Leer ahora “Animo a todos los jóvenes a aprender una profesión” 30 de julio, 2024Leer ahora Una mirada más cercana a la vida en Haití 16 de julio, 2024Leer ahora
Cosechas: nutrición, aprendizaje y generosidad
Cosechas: nutrición, aprendizaje y generosidad Rigoberto vive en la comunidad de El Carrizal, en el departamento de Yoro, Honduras. Con dedicación y alegría, ha transformado su pequeño terreno en una huerta vibrante que alimenta a su familia y fortalece su conexión con la tierra y sus vecinos. | Autor: CWS | «Lo que me encanta es cosechar, consumir lo que yo produzco, y compartirlo», dice Rigoberto y añade que «la iglesia nos ha enseñado que no seamos egoístas». Esta filosofía guía su trabajo diario al lado de su esposa Ofelia y sus cuatro hijos. Él cultiva hortalizas como tomates, chiles y hojas verdes, y ha comenzado a experimentar con nuevos cultivos que prosperan en su región como el maíz y el fríjol. A través del proyecto Produce Verde, implementado por la Comisión de Acción Social Menonita (CASM) con el apoyo de Growing Hope Globally, Rigoberto ha aprendido a elaborar fertilizante orgánico, adoptar nuevas técnicas de siembra y preparar comidas nutritivas con lo que cultiva. Su objetivo no es hacer mucho dinero, sino “tener alimento para la familia”. Más que sembrar: aprender y compartir El proyecto Produce Verde se enfoca en la Seguridad Alimentaria Nutricional y Agricultura Familiar, ofreciendo formación en salud y nutrición a familias rurales. Para Rigoberto, esto ha significado mejorar sus prácticas agrícolas y aprender a preparar comidas más saludables para su familia. “Las capacitaciones son claras y concretas, no sólo de teoría, sino de poner en práctica lo que aprendemos. Hemos aprendido a hacer foliares (fertilizantes) y abonos, y a alimentarnos mejor, ahora hacemos jugos en lugar de tomar refrescos de gaseosa”, cuenta Rigoberto mientras muestra la variedad de frutas que organizó su esposa Ofelia en la mesa. El de Rigoberto es uno de los 81 hogares que han establecido parcelas productivas con cultivos diversos como plátano, yuca y sandía. También construyó una pequeña granja para la crianza de aves, lo que contribuye al consumo de proteína en su hogar y genera ingresos con la venta de excedentes de huevos y carne. Aprendizaje colectivo Marco, otro participante del proyecto, destaca cómo la capacitación les ha ayudado a valorar lo que producen y entender la importancia de la nutrición. “No se trata solo de cultivar alimentos, se trata de aprender cosas nuevas, estamos muy contentos,” comenta. Entre abril y septiembre del 2025, 152 personas han participado en talleres sobre producción de fertilizantes orgánicos, y 75 mujeres asistieron a sesiones comunitarias de cocina para aprender a preparar comidas balanceadas con ingredientes locales. Huertas que transforman comunidades Juntos, en esta comunidad están construyendo un futuro más resiliente. Sus huertas son más que fuentes de alimento: son espacios de aprendizaje, solidaridad y esperanza. El proyecto Produce Verde también promueve la conservación ambiental y la adaptación al cambio climático. Las familias han adoptado prácticas inteligentes como secadores solares y sistemas de cosecha de agua, y 53 productores han implementado tecnologías sostenibles para proteger sus cultivos y reducir costos. La historia de Rigoberto es una entre muchas que reflejan el espíritu del proyecto: cultivar no sólo la tierra, sino también el conocimiento, la salud y la generosidad. Conoce más sobre nuestro trabajo en Centroamérica. Relacionadas: Centroamérica «La Bendición»: una finca que alimenta a la familia Rivera 23 de abril, 2025Leer ahora La familia Gutiérrez cultiva vida y esperanza en Honduras 22 de abril, 2025Leer ahora Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras 2 de octubre, 2024Leer ahora
Un futuro sostenible para las comunidades indígenas
Un futuro sostenible para las comunidades indígenas | Autor: CWS | En el corazón del Bajo Chaco paraguayo, las personas están construyendo un panorama más resiliente. Gracias al proyecto Desarrollo rural integral en nueve comunidades indígenas del Bajo Chaco Paraguayo*, se han logrado avances significativos en educación, seguridad alimentaria y fortalecimiento comunitario. “Las comunidades son las protagonistas de su propio desarrollo”, afirma la abogada Raquel Pérez, quien coordina las capacitaciones en liderazgo participativo y organizacional, con el apoyo de facilitadores indígenas. Las jornadas de formación en derechos humanos han contado con una amplia participación de mujeres. «Quiero animarlas a luchar por nuestros derechos», dice Mariana Ayala, una de las mujeres que más ha aportado con su liderazgo. Conoce su historia aquí: «Las mujeres de esta comunidad parecen haber despertado de un largo sueño» Video: Otros testimonios Disciplina y participación comunitaria A pesar de los desafíos durante el segundo semestre de 2024, por causa de una sequía que afectó la producción agrícola y dejó a muchas comunidades sin acceso al agua, la persistencia de los y las participantes permitió que los procesos de agroecología y ganadería continuaran: Más de la mitad de las huertas siguieron activas en 19 aldeas. El 70% de las familias sacaron adelante su parcela agroecológica En 10 aldeas lograron comercializar el 70% de la producción apícola en un mercado seguro y a precio justo. El número de cabras y ovejas aumentó. Por otro lado, el proyecto promovió la participación en 16 reuniones de la Mesa Técnica Departamental sobre Cambio Climático, abordando los efectos de El Niño y La Niña, así como estrategias de adaptación y mitigación. Y como parte de las prioridades, se instalaron 15 nuevas fuentes de agua segura y se repararon tres más. También se realizaron talleres sobre potabilización y se instalaron filtros en espacios comunitarios como escuelas. Lee más sobre las mesas departamentales aquí: Tres países se comprometen para la Gestión del Agua en el Chaco El compromiso de cada persona involucrada en este proyecto nos demuestra que es posible construir un futuro donde el acceso al agua, la educación y la seguridad alimentaria sean una realidad para todos. Su resiliencia es un ejemplo de cómo el desarrollo puede ser inclusivo y sostenible a largo plazo. * Este proyecto es implementado por nuestro socio local, la Pastoral Social Diocesana de Benjamín Aceval (PSDBA) con el apoyo financiero de Growing Hope Globally. Relacionadas: Gran Chaco Sudamericano Tres países se comprometen para la Gestión del Agua en el Chaco 10 de septiembre, 2024Leer ahora Video: Voces de mujeres indígenas 27 de agosto, 2024Leer ahora “Las mujeres de esta comunidad parecen haber despertado de un largo sueño” 24 de julio, 2024Leer ahora
“Ser agricultor es un acto de paciencia y fe”
“Ser agricultor es un acto de paciencia y fe” | Autor: CWS | Para Óscar Caballero Benítez, “ser agricultor es un acto de paciencia y fe”, y esto reafirma su creencia en Dios. “El más creyente es el agricultor: Sembramos esperando que la naturaleza nos dé frutos. A veces, pasa hasta un año. Así como la tierra, nuestra vida necesita tiempo y cuidado para dar cosecha”. Él vive con su esposa y cuatro de sus seis hijos en Valle Verde, una comunidad de 110 familias ubicada en el occidente de Honduras. Rodeados de montañas y un clima templado, el lugar es ideal para los agricultores de la zona, quienes tienen un gran potencial productivo capaz de abastecer mercados cercanos como el de Copán y San Pedro Sula. El día comienza temprano en la casa de Óscar. A las 6:00 a.m., alimentan a las gallinas y revisan las parcelas. “Lo que más nos gusta es cosechar en familia”, comenta Óscar. Su hijo menor, de 10 años, se emociona cada vez que recoge los huevos del gallinero. Para Óscar, su parcela es un símbolo de resiliencia y colaboración comunitaria. Hace algunos años, las fuertes lluvias y las plagas habían mermado las cosechas. Él cultivaba maíz, como sus padres le habían enseñado, pero las técnicas tradicionales ya no eran suficientes. Fue entonces cuando la Comisión de Acción Social Menonita llegó a la zona con el proyecto ‘Produce Verde’* y les ofreció capacitaciones técnicas e insumos a los agricultores. Gracias a las nuevas técnicas de siembra que le enseñaron, Óscar aprendió a optimizar sus cultivos. Ahora sabe que el distanciamiento entre las plantas puede influir en la calidad del maíz, dependiendo de si busca cosechar grano o elote. También recibió apoyo para construir los gallineros en los que tiene 20 gallinas, productoras de 10 a 12 huevos diarios. Este recurso mejora la dieta familiar y genera ingresos adicionales. Además, CASM ayudó a modernizar el sistema de agua comunitario. Con la instalación de tuberías nuevas y un sistema de riego en desarrollo, Valle Verde está mejor preparada para enfrentar los desafíos climáticos. Óscar también participó en talleres de sostenibilidad y aprendió a fabricar fertilizantes e insecticidas orgánicos para proteger sus cultivos. Con estas herramientas y el acompañamiento técnico, Óscar diversificó su producción. Hoy no solo trabaja con maíz, sino también con plátano, chile, yuca, papaya y piña. Las lluvias intensas siguen siendo un desafío, pero gracias a la reubicación estratégica de parcelas y al sistema de drenaje comunitario, los agricultores han logrado mitigar los daños. “Antes, una lluvia menor nos afectaba mucho. Ahora, nuestras preparaciones hacen que las cosechas sean más seguras”, explica. El sueño de Óscar y su familia es abrir una panadería para combinar dos pasiones: cultivar y preparar comidas. Con un horno casero, él y su esposa ya empezaron a hornear pan y venderlo por encargo. Su visión es expandir el negocio e incluir tamales, ‘montucas’ y tamalitos (preparaciones tradicionales a base de maíz). “Creemos en Dios y confiamos en que él nos dará lo necesario. También agradecemos por este proyecto que nos ha permitido avanzar”. *Nuestro socio local, la Comision de Accion Social Menonita (CASM) implementa el proyecto Produce Verde, con el apoyo de CWS y Growing Hope Globally. Historias de cambio Video: Voces de mujeres indígenas 27 de agosto, 2024Leer ahora “Animo a todos los jóvenes a aprender una profesión” 30 de julio, 2024Leer ahora “Las mujeres de esta comunidad parecen haber despertado de un largo sueño” 24 de julio, 2024Leer ahora
Con incidencia y liderazgo, Don Elías logró que su comunidad acceda al agua
Con incidencia y liderazgo, Don Elías logró que su comunidad acceda al agua | Autor: CWS| En el remoto pueblo de Pinabete, zona rural de Honduras, la lucha por el derecho al agua y la acción de una pequeña comunidad dio resultados. El líder Elías Pérez asumió el desafío de trabajar en incidencia política, y no solo logró persuadir al gobierno local para que les diera permiso de utilizar una fuente de agua que hallaron cerca, sino también los recursos para construir la infraestructura necesaria y llevar el vital líquido a todos. Don Elías vive con su esposa y dos hijas, se dedica a la recolección de café y la siembra de hortalizas y granos. Él es el presidente de la junta de agua en el Pinabete y de la Asociación de las Juntas de Agua en el municipio de Azacualpa. “Todo ha sido como una misión para mí. Vamos a lograr cubrir tres comunidades”, dijo. En medio de su labor, él conoció al equipo de la Comisión de Acción Social Menonita CASM en la zona y entró a participar en el proyecto que busca mejorar las condiciones de vida de las personas a través de entrega de insumos agrícolas y capacitaciones. Además de los insumos, Don Elías recibió apoyo para la construcción de una letrina para su familia. A través de CASM, en coordinación con las autoridades locales, y el apoyo financiero de Growing Hope Globally, lograron destinar recursos para comprar tubos, válvulas y cemento. El próximo año (2024) comenzará el proyecto de abastecimiento con el que cerca de 300 habitantes recibirán agua. Para César Yovani Soriano, del equipo regional de CASM en Santa Bárbara, “el abastecimiento de agua con calidad y segura para las familias es una prioridad. Don Elías es una conexión importante porque él está liderando las juntas de agua locales; él nos ayuda a identificar necesidades de las comunidades y gestionar recursos del gobierno local”. En el caso de las letrinas, se identifican a las familias que más la están necesitando. Les ayudan con la tasa campesina (un sanitario de cierre hidráulico y una pila de almacenamiento de agua) y las láminas de aluminio para cubrirla. En los casos en los que las familias completaron más de 20 años con una letrina; el apoyo fue para actualizarla o repararla. A través de esfuerzos colaborativos, Pinabete pasó de ser una comunidad que luchaba por el acceso al agua a una empoderada con los recursos esenciales para una vida mejor. Don Elías concluyó diciendo que “hay que sembrar, porque de lo que yo siembre en esta tierra, es como todo mundo me va a recordar. Ese es mi deseo, dejar huellas bien plantadas”. Agradecemos a la Comisión Menonita de Acción Social (CASM) por su liderazgo en este programa y a la generosidad de Growing Hope Globally por su apoyo. Personas migrantes y refugiadas Encuentro de organizaciones de fe a favor de personas migrantes 20 de febrero, 2024Leer ahora ¿Cómo la migración exige una actuación multisectorial? 21 de septiembre, 2023Leer ahora El trabajo de los defensores de migrantes en “un país de impunidad” 20 de septiembre, 2023Leer ahora
Cuidar del agua para alimentar la región: el desafío en el Bajo Chaco Paraguayo
Cuidar del agua para alimentar la región: el desafío en el Bajo Chaco Paraguayo A pesar de un clima adverso con fuertes sequías y una baja producción agrícola, seis comunidades indígenas en esta región demuestran su compromiso y capacidad de resiliencia. | Autor: CWS | Lavarse las manos, tener la casa limpia, cultivar la tierra para alimentarse y vender productos en mercados locales, son las actividades básicas que Leonardo Martínez y su familia desempeñan a diario para sobrevivir. Parece fácil, pero la realidad de muchas familias indígenas en el Bajo Chaco Paraguayo, se ha vuelto cada vez más difícil por la falta de agua. “El año pasado (2022) hubo poca lluvia; el clima cambia mucho, todo está seco, absolutamente seco”, dijo Leonardo. Él es líder en El Espinillo, una de las comunidades en las que CWS está acompañando el proyecto de Desarrollo Rural Integral, liderado por su socio local, Pastoral Social Diocesana Benjamín Aceval, con el apoyo de Growing Hope Globally. A inicios del 2022, la ola de calor en Paraguay afectó la producción agrícola, y quemó los cultivos que estaban en etapa de cosecha. En el caso de los participantes del proyecto, lograron cosechar cerca de un 30% de lo previsto. “No hay cómo cultivar muchas cosas, sólo algunas plantas y naranjas, pero por lo menos, hoy tenemos agua segura, gracias a la ayuda de ustedes”. Él conforma una de las 196 familias de Espinillo y Monte Alto que mejoraron su calidad de vida gracias a la reparación de la infraestructura de obtención de agua potable, excavación de pozos e instalación de techos colectores de agua. En el último año, surgieron otras iniciativas contundentes para abordar estos desafíos: Con el liderazgo de la Pastoral Social y la participación de CWS, se realizó el primer Conversatorio Interinstitucional del Bajo Chaco sobre Cambio Climático, la Mesa Técnica Departamental de Cambio Climático, y la Cumbre Departamental sobre Cambio Climático. Por otro lado, el proyecto incluye entrega de insumos agrícolas y apícolas, mantenimiento de huertas, entrega de ovejas y cabras, entre otros. En Octubre del 2022, se entregaron 100 cabras y 11 ovejas distribuidas en 10 aldeas. Adicionalmente, se crearon 11 huertas comunitarias y 8 particulares, junto con 61 chacras de producción diversificada. Leonardo aseguró que la producción está creciendo y “hoy hay más colmenas cargadas de miel”. Este año, se registraron 122 productores, y hasta el 20 de diciembre, se habían registrado 60 litros de miel por cada uno. También hubo tiempo para aprender. Los participantes recibieron clases de alfabetización y leyes de educación indígena, y con el acompañamiento de SENASA (Servicio Nacional de Saneamiento Ambiental), conocieron sobre formas de potabilizar el agua y las consecuencias del consumo de agua contaminada. Los encuentros llegaron a 360 familias. En el 2023, los objetivos serán monitorear los frutos de un año productivo que dejó oportunidades para que la comunidad crezca. El Bajo Chaco Paraguayo es una región de América Latina ubicada en Paraguay, tiene amplias zonas de palmares y pantanos, un clima tropical húmedo de difíciles condiciones y contrastes. Hay épocas de intensas lluvias e inundaciones, y otras, de fuertes oleadas de calor, temperaturas altas y sequías severas. Esto representa una amenaza y riesgo para las comunidades indígenas, que dependen de la actividad agrícola para sobrevivir. Relacionadas: Gran Chaco Sudamericano Tres países se comprometen para la Gestión del Agua en el Chaco 10 de septiembre, 2024Leer ahora Video: Voces de mujeres indígenas 27 de agosto, 2024Leer ahora “Las mujeres de esta comunidad parecen haber despertado de un largo sueño” 24 de julio, 2024Leer ahora
Trabajan en equipo para cuidar de los cultivos
Trabajan en equipo para cuidar de los cultivos y la comunidad En República Dominicana, dos comunidades aprendieron sobre formas de producción agrícola más sostenibles y con mejores resultados financieros. | Autora: Mónica Arango | Junto con otro grupo de mujeres, Ángela Ramírez asumió la responsabilidad de llenar cerca de 30.000 sacos de abono para sembrar plantas y hortalizas. No fue una tarea fácil, pero ella y sus compañeras lo hicieron con dedicación, aprovechando este tiempo para aprender, conocerse y compartir experiencias en su comunidad. Ángela tiene 21 años, vive con su mamá, sus hermanos, y su hija Willenis, de tres años. Ella integra una de las 155 familias del proyecto de seguridad alimentaria “Desarrollo Empresarial Cooperativo”, que implementó nuetro socio local en República Dominicana: Servicio Social de Iglesias Dominicanas, con el apoyo de Growing Hope Globally. Las actividades están encaminadas a ofrecer medios de vida resilientes y atiende, principalmente, a mujeres, jóvenes y adultos mayores. El objetivo es fortalecer las capacidades y habilidades de los participantes para cultivar y comercializar plantas de café, aguacate, limón y otras variedades. A Ángela la describen como una joven sonriente y trabajadora. “El trabajo me ayuda a olvidar los problemas porque se comparte mucho. Aquí vivo feliz y me gusta ayudar en todo lo que pueda”, dice la joven, para quien esta experiencia en el vivero fue como una terapia que la ayudaba a lidiar con dificultades que tenía en su día a día. Ese sentimiento es compartido. Para Damiana Ogando, participante del sector de Babor Arriba, “el vivero es lo mejor que ha llegado a la comunidad. Una cosa muy buena para todos y confiamos que nuestros nietos también lo disfrutarán”. Para Crusely Valdez, de El Batey, gracias al proyecto, las mujeres aprendieron a transplantar, germinar e injertar plantas. “De aquí salimos empresarias y maestras para enseñar a hacer viveros a otras personas que no lo saben. Yo aquí trabajo por mí, mi familia y mi comunidad”. Las y los líderes comunitarios aprendieron técnicas de comercialización y mercadeo, elaboración de un plan de negocios y formas de crédito y ahorro. Para garantizar el suministro de agua necesario, SSDD también apoyó la instalación de uma bomba de agua a la orilla del río más cercano hasta el vivero, una distancia de 1.500 metros. Además, se construyó un germinador con capacidad para producir 40.000 plántulas de diferentes especies y trasplantarlas después a los viveros. Los viveros son sitios dedicados a la producción de plantas, con la mejor calidad y al menor costo posible. Requieren de una buena estructura, sistemas de riego, suficiente agua y luz, equilibrio de temperatura y humedad, entre otras cosas. Ángela Ramírez. Vivero El Batey. Vivero El Batey. Vivero El Batey. Pura Ogando. Taller sobre métodos de siembra. Capacitación a la comunidad. Plantaciones en el municipio de Dajabón. Relacionadas: Centroamérica Inteligencia Climática en la Sierra del Merendón, Honduras 2 de octubre, 2024Leer ahora Las manos de doña Santos cosechan el futuro de su familia 17 de mayo, 2024Leer ahora Con incidencia y liderazgo, Don Elías logró que su comunidad acceda al agua 15 de diciembre, 2023Leer ahora
Aloe vera para la estabilidad financiera de familias en Haití
Aloe vera para la estabilidad financiera de familias en Haití | Autora: Mariana Gama | ¿Qué viene a tu mente cuando piensas en el aloe vera? Para los participantes de la reciente capacitación que apoyamos en varias comunidades en Haití, esta planta, conocida también como sábila, representa un alivio en tiempos difíciles y la esperanza de un futuro mejor y más estable. Ellos aprendieron a producir jabón con aloe vera. Wilda Fortilus fue una de las participantes. Ella vive en Pichon, en la comunidad de Belle-Anse, con su marido y sus cuatro hijos. Antes de las capacitaciones sobre aloe vera, ella no sabía que esta especie tenía múltiples usos. Ahora, Wilda sabe cómo convertir el aloe vera en jabón y cuáles son sus usos medicinales. Debido a la pandemia por el COVID-19, su familia continúa luchando para generar un ingreso estable. Su nuevo negocio les permitió recuperarse. “Esta es la única actividad comercial en nuestro hogar, que nos ayuda en estos momentos. Gracias», nos contó. Carnette Darius, otra participante del programa, vive cerca de Fond Saint Luc con su hijo y su esposo. Ella compartió: “Esta actividad funciona bien para mí. En promedio, vendo seis galones por semana. Obtengo una buena ganancia con esta actividad”. Carnette usó los ingresos que obtuvo de la venta de jabón para comprar pollos. Ella espera expandir sus ventas y eventualmente, vender su jabón en el mercado local. En Sou Mòn, Melida Charles conoció otro uso del aloe vera: Mermelada. Después de ir a la capacitación sobre cómo hacer mermelada, ella se unió a un grupo de ahorro en su comunidad y comenzó su propio negocio de venta. Melida nos contó: “Cuando vendo todo, compro otros ingredientes para seguir haciendo mermelada. Participo en un grupo de ahorro. La capacitación es muy útil e importante para mí”. Mezclada con ingredientes que incluyen jengibre, azúcar, canela y nuez moscada, la deliciosa mermelada de Melida y su participación en un grupo de ahorro le han permitido tener más estabilidad financiera. Al descubrir nuevas formas de usar el aloe vera, estas tres mujeres también conocieron otras maneras de mejorar sus medios de vida y apoyar sus familias. Su participación en grupos de ahorro también les dio la oportunidad de crecer financieramente con sus vecinos y comenzar sus propios negocios. Estamos agradecidos por el apoyo de nuestros socios Week of Compassion y Organisation des Planteurs de Fond Saint-Luc pour le Développement Intégré de Baie-de-Henne por hacer posible estas historias. Relacionadas: Haití “Animo a todos los jóvenes a aprender una profesión” 30 de julio, 2024Leer ahora Una mirada más cercana a la vida en Haití 16 de julio, 2024Leer ahora Jornadas de atención comunitaria que transformaron el espíritu de ayuda de sus participantes 10 de abril, 2024Leer ahora
Agricultores en Haití se adaptan al cambio climático
Agricultores en Haití se adaptan al cambio climático | Autora: Mariana Gama | Si alguna vez has tenido una planta, sabrás que uno de los factores más importantes para garantizar que sobreviva es la salud del suelo. Demasiada agua, y la planta podría volverse amarilla. Poca agua, y la planta podría secarse. A medida que aumentan las temperaturas y los niveles de CO2 debido al cambio climático, los agricultores de todo el mundo conocen este desafío y luchan por crear las condiciones de suelo necesarias para que sus cultivos prosperen. En Haití, estamos trabajando para resistir estos efectos. Enseñamos a los agricultores locales técnicas de conservación del suelo. Los miembros de la comunidad aprendieron a construir canales de contorno y muros de roca que protegen el suelo, reducen el riesgo de erosión y aumentan la fertilidad y productividad de los cultivos. Sadira Jeanty, de 76 años, vive en Nabou con su esposa y sus cinco hijas. Él pasó los últimos años luchando contra la inestabilidad financiera. Recientemente, se unió a las capacitaciones para aprender una nueva forma de generar ingresos y cuidar los cultivos. Él compartió que “en esa capacitación, aprendí a construir muros de roca y canales de contorno para disminuir la fuerza del agua que desciende sobre nuestros campos, para que el suelo pueda permanecer en su lugar”. Al participar en este programa, Sadira también recibió un ingreso que usó para pagar sus deudas y concentrarse en sus cultivos. “El dinero que gané me fue muy útil porque debía dinero, entonces pagué la deuda que tenía”, dijo. Sadira ya construyó varios canales de contorno y se está preparando para comenzar a sembrar cultivos que sabe que estarán bien protegidos. Sader Saint Juste es otro participante. Él vive cerca de Diondion, en la comuna Jean-Rabel. Desde los 12 años, Sader comenzó a cultivar la tierra de su familia, recolectaba rocas que encontraba y las colocaba en pequeños montones para hacer espacio para sus siembras. Ahora tiene 39 años, y continua con esta tradición y actividad familiar. “Ahora construyo muros de roca en lugar de hacer pequeños montones en medio de la tierra”, dijo. Sader también usó el dinero que recibió mientras trabajaba en el programa para comprar nuevas semillas y plantarlas. Mientras nuestro planeta sufre mudanzas extremas por el cambio climático, estamos trabajando para equipar a agricultores como Sader y Sadira con las herramientas que necesitan para resistir estos efectos. Su resiliencia y capacidad de adaptación les han dado la fuerza para seguir creciendo a pesar de los desafíos que trae el entorno. Estamos agradecidos por el apoyo de nuestros socios Growing Hope Globally, la Iglesia Evangélica Luterana en América y la Association des Groupes Évangéliques d’Haïti pour la Prédication du Monde et le Développement d’une Nouvelle Génération, por hacer posible estas historias. Relacionadas: Haití “Animo a todos los jóvenes a aprender una profesión” 30 de julio, 2024Leer ahora Una mirada más cercana a la vida en Haití 16 de julio, 2024Leer ahora Jornadas de atención comunitaria que transformaron el espíritu de ayuda de sus participantes 10 de abril, 2024Leer ahora