CWS | Junio 2022
El sueño que Leidy y Jorge reconstruyeron
El sueño que Leidy y Jorge reconstruyeron
Conversamos con una de las familias que participan en el programa Vivienda con Dignidad, en Honduras, para ayudar a quienes perdieron su casa tras los huracanes Eta e Iota. Dentro de poco, Jorge y Leidy van a mudarse a su nuevo hogar.

Cuando Jorge Luis Sarmiento era un niño, sufrió un accidente durante el huracán Mitch. El agua, lodo y escombros lo arrastraron. Cinco días después, lo encontraron gravemente herido. Él perdió su audición.
A pesar de los desafíos, Jorge siempre trabajó para conseguir su sueño de tener un lugar donde vivir y un terreno donde cultivar alimentos para sustentar a su familia. Desafortunadamente, en Noviembre del 2020, los huracanes Eta e Iota destruyeron su casa.
“Estábamos muy tristes. Nos costó tanto ser dueños de nuestra casa y en segundos todo se vino abajo”, nos dijo Leidy. El terreno en el que vivían se declaró inhabitable. Era época de cosecha; todos los cultivos se perdieron. En ese lugar, 35 familias más perdieron sus viviendas.
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en Honduras los huracanes afectaron a 4,7 millones de personas y obligaron a más de un millón a evacuar sus hogares.
“Todos ahí cerca éramos familia. Mamá, tía, abuela, todos quedaron sin casa”, dice Jorge. Leidy, por su parte, recuerda que su hijo tenía apenas 20 días de nacido. “Debajo de nuestra casa pasaba una quebrada, entonces entró el agua. Las paredes se rajaron, la casa se estaba hundiendo, nos tocó salir. Luego, se derrumbó todo. Quedamos con las cosas en la calle”.

Una nueva esperanza apareció para ellos. Después de una rápida evaluación de necesidades y entrega de ayudas, realizada por socios locales de CWS, se identificaron a 93 familias en situación de vulnerabilidad extrema y se pasó a una segunda fase de apoyo. Este grupo entró a hacer parte del Proyecto Vivienda con Dignidad, desarrollado en tres comunidades: Nuevo Celilac, Ceguaca y San Nicolás, en el departamento de Santa Bárbara.
La nueva casa de Leidy y Jorge se está construyendo en el terreno que les cedieron sus padres. Ya está completo en un 90% y sólo faltan las ventanas y puertas.
Jorge participó activamente en la construcción de su casa. Se unió a los trabajadores y los ayudó con sus tareas diarias. “A veces, los trabajadores se iban, pero Jorge seguía construyendo bloques porque estaba ansioso por ver su casa terminada”, dijo Leidy.
El sueño de esta familia es mudarse a su casa, emprender y trabajar juntos para criar a su hijo. Mientras esperan que la construcción esté lista, la pareja vive en una casa alquilada. Leidy añadió: “Agradecemos a Dios y a todos los que nos están apoyando”.
Hasta el momento han participado 23 familias (117 personas). Actualmente se están construyendo 70 casas nuevas para 70 familias (350 personas). Además de la construcción de casas, este programa desarrollará oportunidades de subsistencia agrícola para los miembros de la comunidad. Estas actividades incluirán el suministro de semillas, capacitaciones en recursos agrícolas y resiliencia.
El Proyecto Vivienda Con Dignidad lo lidera CWS, implementado por los socios locales Comisión de Acción Social Menonita y Proyecto Aldea Global, con el financiamiento de Church of the Brethren (COB), Latter-day Saint Charities y algunos donantes individuales.











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“Ustedes le han dado entidad e importancia a esos que eran invisibles”
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En el año 2016, durante la producción del documental Desinvisibilizar, uno de los protagonistas comentó tras terminar la entrevista: “Yo comparto mi historia con ustedes, pero espero que esto ayude a que pase algo”.
Aquella frase quedó resonando en quienes la escucharon y se transformó, al igual que muchas otras cosas que han dicho lxs niñas, niños y adolescentes que tienen a referentes adultos privados/as de libertad (NNAPEs), en un “objetivo a seguir”: que pase algo.
Hoy, años después, y gracias al trabajo que se realizó con ACIFAD en espacios locales y nacionales, se podría decir que “algo pasó” o está empezando a pasar.
Desde que CWS empezó a apoyar y liderar acciones de generación de conocimiento, visibilización e incidencia sobre lxs niños, niñas y adolescentes que tienen a referentes adultos privados/as de libertad, junto con ACIFAD y el resto de las organizaciones que integran la Plataforma NNAPEs, uno de los principales objetivos fue lograr que el tema se incorporara en la agenda de tomadores de decisiones y de quienes están encargados de proteger y velar por los derechos de niños, niñas y adolescentes en general.
La firma del convenio entre ACIFAD, CWS y el Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires (Argentina), el pasado 21 de marzo, es un gran paso en esa búsqueda, pues el Ministerio Público Tutelar (MPT) tiene como misión “el control de legalidad de los procedimientos, la promoción del acceso a la justicia y el respeto, protección, promoción y satisfacción de los derechos y garantías de niñas, niños y adolescentes (NNA) y personas que requieren apoyo para su salud mental” de la Ciudad de Buenos Aires.
Hasta el momento, el MPT se enfocaba principalmente en proteger los derechos de NNA que fueran víctimas, testigos o de aquellos que entraban en conflicto con la ley. Ahora, este organismo incluyó también al tema “NNAPEs” como un eje en su agenda. Antes, estos casos se atendían, pero sólo en situaciones particulares en que alguien las derivara al organismo.
En este proceso, fue crucial el apoyo de la Dra. Noris Pignata, Asesora Tutelar ante la Cámara de Apelaciones del Fuero Penal, Penal Juvenil, Contravencional y de Faltas del MPT. Ella ayudó a que esto ocurriera con la convicción de que: “Si un Estado toma una decisión legítima, pero que genera un daño en terceras personas que no son los directamente involucrados, el Estado debe tomar todas las precauciones o recaudos para que ese impacto, en este caso en los/as hijos/as de las personas que son privadas de su libertad, sea el menor posible…”

En relación a lo que significa que el MPT tome el tema como eje estratégico, ella comentó: “Esto significa que en todas las asesorías del MPT vamos a tener que tener un criterio general de actuación ante todos estos casos y en todas las instancias”. Luego, agregó: “Este criterio podrá tener pasos a seguir, como por ejemplo: identificar a los/as niños/as, entender las situaciones, hacer los planteos en el proceso, articular acciones con otros organismos no judiciales del Estado (de la Ciudad de Buenos Aires) para que no se vulneren y/o se garanticen todos los derechos de estos/as NNA y, llegado el caso, iniciar acciones judiciales como amparos de vivienda, de becas educativas o cuestiones similares”.
Sumado a lo anterior, la idea también es comenzar a velar por los derechos de estos NNA durante el proceso de ejecución de la pena de los adultos; de manera que su interés superior y sus opiniones sean tenidas en cuenta. “Esto es algo que, en general, no ocurre y que de a poco intentaremos que cambie, ya que lamentablemente, en muchos casos, no se sigue el principio de la “no transcendencia de la pena”.
Más allá de atender casos particulares y acompañar estos procesos, la idea es que a partir del convenio se realicen otras actividades, entre las cuales se destacan la generación de conocimiento y estadísticas sobre el tema, en articulación con otros actores (judiciales y no judiciales), la sensibilización y capacitación de trabajadores comunitarios, de personal de la policía y de otros profesionales (docentes, por ejemplo) que trabajan con estos/as niños y la coordinación de actores con otros organismos de sociedad civil y del Estado en el país.
En este sentido, la Dra. Pignata mencionó que para ella lo que es interesante es: “que el tema se transversalice a lo interno del MPT y que no sólo quienes trabajan en lo judicial atiendan el asunto, sino que los equipos multidisciplinarios, que trabajan en el terreno con otras cuestiones de acceso a derecho y en articulación con una infinidad de actores de diferentes jurisdicciones, también lo tengan como prioridad”.
Por último, destacó la importancia y relevancia que el trabajo de CWS, junto a ACIFAD y la Plataforma NNAPEs, ha tenido en los últimos años: “Ustedes le han dado entidad e importancia a esos que eran invisibles”, dijo, “han elaborado una mirada general y si se quiere, regional del tema y sus impactos, lo cual es muy diferente a que lo vea yo sola en un caso y lo presente de esa manera. Porque nosotros lo miramos desde dentro del proceso penal, pero ustedes ven cómo esos procesos judiciales impactan en la vida de estos/as NNA y que hasta ahora, nunca fueron escuchadxs. Ustedes los han puesto, a ellos y sus familias, en un lugar de iguales”.
La semana pasada ya se llevó a cabo la primera reunión de trabajo en el marco del proyecto, que se espera puede alcanzar, acompañar y apoyar a todos/as los/as NNAPEs que viven en la Ciudad de Buenos Aires y que además sirva de modelo para otras jurisdicciones tanto en Argentina como en la región.
Fotos: Cortesía de Ministerio Público Tutelar
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“Detrás de mi historia, hubo una familia que me abrazó”
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1 de abril, 2022 | Autora: Mónica Arango | Gran Chaco Sudamericano, Historias de cambio

Delfina Acosta es una joven brillante y motivada de Orán (Salta, Argentina). Sus amigos la llaman Delfi, le encanta escuchar música, hacer nuevos amigos, jugar fútbol y rugby. Delfina también es pionera: fue la primera estudiante transgénero en graduarse de la universidad de su provincia.
Esta joven de 27 años es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de Salta, en la ciudad de Tartagal (Argentina). Con su título y su pasión, ahora Delfina es activista y dedica su tiempo a luchar por la igualdad de género. Hoy trabaja en el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de Argentina, en la Agencia Territorial en Salta.
Delfina fue una de las participantes en el “Estudio Exploratorio sobre Vulneración y Promoción de Derechos de la Población LGBTI+ en municipios del Gran Chaco Sudamericano”, realizado por CWS. Este informe captura las voces y demandas de las personas LGBTI+ en esta vasta región y ofrece recomendaciones para tomar acciones sociales y políticas.
Antes del informe, “no teníamos una herramienta académica ni datos concretos sobre la población LGBTIQ, y específicamente sobre la población trans”, explicó Delfina. “Este estudio ha sido una motivación para poder conocer a otras personas que también trabajan en este tema y tienen experiencia en nuestra provincia”.

A través del reporte, Delfina siente que a la comunidad LGBTIQ+ se le ha dado una voz y una posición más fuerte. Ella quiere seguir luchando por sus derechos a ocupar espacios y ser escuchados y escuchadas. La joven trabaja por este objetivo en el grupo de investigación del que hace parte, denominado “Área sobre Género, Feminismos y Disidencias Sexuales” en la Universidad Nacional de Salta. Esta institución también colaboró y participó en el estudio de CWS.

Entre muchas de sus metas inspiradoras, Delfina nos dijo que su mayor sueño es abrir “La Casita Trans”, una casa para recibir, escuchar y educar a personas transgénero y travestis. “Sé que lo lograremos”. Delfina es un ejemplo de lucha admirable y representa el espíritu de aceptación y deseo de un mundo donde todos sean acogidos.
Mira el reporte completo aquí: Estudio Exploratorio sobre Vulneración y Promoción de Derechos de la Población LGBTI+ en municipios del Gran Chaco Sudamericano.
Este estudio es una expresión del compromiso institucional con la construcción de un mundo con paz y justicia, donde ningún tipo de discriminación u otra forma de violencia sea tolerada o promovida hacia ningún grupo o colectivo de personas, donde todos los derechos sean reconocidos y respetados y donde siempre el diálogo, y no el agravio, sea el camino.
Fotos cortesía: Delfina Acosta
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Catarina y Juana: Dos mujeres comprometidas con su familia y su comunidad
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Catarina, es una valiente madre soltera que lucha para sacar adelante a sus hijas Luci e Imelda, completó sus estudios primarios y trabaja como promotora del proyecto desde hace más de dos años. Juana, es una joven soltera que apoya a sus padres y hermanos, es maestra de educación infantil que, ante la falta de empleo, lanzó como emprendedora una pequeña cafetería que debió cerrar debido al impacto de la pandemia, y es promotora en el proyecto hace poco más de un año.
El proyecto, implementado por nuestro socio local CIEDEG (Conferencia de Iglesias Evangélicas en Guatemala), ofrece acceso a recursos agropecuarios como semillas, insumos para preparar abonos, ganado ovino y porcino, y orientación técnica para la producción y aprovechamiento de alimentos, y el mejoramiento de la nutrición. También se impulsa la generación de ingresos mediante la venta de algunos de los productos agrícolas. Asimismo, se promueven los derechos de la mujer y el empoderamiento de las mujeres. Ellas representan más del 90% de participantes directas en el programa.

Debido a la pandemia y las limitaciones de movilización y encuentros presenciales, Catarina y Juana se han convertido en los ojos, oídos y manos de CIEDEG en el día a día del proyecto en las comunidades locales. Ellas compran y distribuyen semillas y otros insumos agrícolas, facilitan capacitaciones sobre derechos de las mujeres, hacen monitoreo y seguimiento visitando a las familias y sus huertos, y reportan a CIEDEG sobre dificultades o avances. Recientemente, también aplicaron entrevista para un diagnóstico participativo sobre disponibilidad, acceso, uso y consumo de alimentos, y talla-peso en niñas y niños menores de cinco años.
Al preguntarles qué han aprendido a través del proyecto, Catarina y Juana nos contaron que “la convivencia con otras mujeres y con las comunidades nos han dado aprendizajes nuevos”. Señalan que han aprendido sobre agricultura, seguridad alimentaria y derechos de las mujeres. Ellas destacan su compromiso con su comunidad y el agradecimiento que sienten por poder trabajar en el proyecto. No es casual que la primera palabra que me enseñaron en su idioma, el Maya Mam, fue “gracias”: Chjonte.

Por otro lado, comentaron que es importante valorarse como mujer, conocer y defender sus derechos. “En San Martín y San Juan, y hasta en mi familia, las mujeres no se daban su lugar y no participaban en la comunidad, o sus esposos les vedaban la participación, se discriminaba a la mujer”, dijo Juana. Esto implicaba que solo los hombres tenían el derecho de trabajar e ir y participar en actividades de la comunidad, y a las mujeres les estaba vedado. Por su parte, Catarina afirmó que “por eso es importante aprovechar las oportunidades y participar”. Y aunque ahora ven más participación de las mujeres, incluyendo la posibilidad para muchas de continuar estudios, los cambios aún son insuficientes. “Tenemos que animar a otras mujeres a que conozcan sus derechos y se valoren, es importante por eso informar y capacitar”, dijo Juana.
Y en el contexto del Día Internacional de la Mujer, ella agregó: “Me gustaría decirles a todas las niñas, señoritas, mujeres, que conozcamos nuestros derechos, nos valoremos y participemos en todos los espacios para aprender y poner en práctica la igualdad; es necesario participar para combatir la discriminación y que valoremos a las niñas y mujeres”.
“Es importante celebrar el Día Internacional de la Mujer porque habla sobre la igualdad de todos. Todas las mujeres tenemos derecho de trabajar, abuelas, madres, hijas, todas tenemos derechos. Saludo a todas las mujeres en este mismo día”, concluyó Catarina.
Conoce algunos de los testimonios de las mujeres que participaron en este proyecto de seguridad alimentaria y nutrición: Josefa y Rosa comparten sobre las iniciativas de sus aldeas en Guatemala.
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Josefa y Rosa comparten sobre las iniciativas de sus aldeas en Guatemala
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Un grupo de mujeres en Nebaj cosecha los resultados de una siembra cuidada con cariño; y otro, en San Martín Sacatepéquez y San Juan Ostuntalco, cría animales con la cooperación de la comunidad. Historias de cambio.
3 de marzo, 2022 | Autora: Mónica Arango | Centroamérica, Historias de cambio

Cuando el sol aún no asoma sus primeros rayos del día, Josefa Pérez ya está despierta orando. “Pido para que la cosecha aumente, que este año tengamos más siembras”. Por eso, lo primero que hace después de preparar el desayuno y limpiar la casa, es salir a ver sus cultivos de arveja, repollo, brócoli y papa.
Al igual que otras mujeres de la aldea La Pista, ubicada en Nebaj, en el departamento El Quiché (Guatemala), ella se esmera y pasa la mayoría de su tiempo en el huerto para cuidar la producción de vegetales que le sirve de alimento a su familia, y de ayuda financiera cuando logran vender la producción en el mercado campesino local, donde venden otros pequeños productores como ella.

Esta es una de las iniciativas en las que participan 490 familias como la de Josefa. Se trata del proyecto de Semillas de Esperanza para Seguridad Alimentaria y Nutrición, implementado por CWS a través de su socio local CIEDEG, y con el apoyo de Growing Hope Globally. Además de semillas y plantas, las familias reciben insumos químicos y orgánicos para preparar abonos; materiales para reconstruir o mantener sus invernaderos, sistemas de riego, equipos para aspersión de fertilizantes y plaguicidas orgánicos y/o químicos.
Además de Nebaj, el programa se desarrolla en San Martín Sacatepéquez y San Juan Ostuntalco, en el departamento de Quetzaltenango. Los participantes recibieron semillas para sembrar en sus huertas e invernaderos. Algunos también accedieron a capacitaciones en asuntos como derechos humanos, derechos de las mujeres, seguridad alimentaria e higiene.
La aldea La Pista está rodeada de montañas y aunque normalmente hace frío, estos primeros días del año han sido cálidos, con poca lluvia. Y sin importar el clima, Josefa y cuatro compañeras más van al huerto y al invernadero a trabajar, luciendo sus trajes típicos de la etnia Maya Ixil: usan faldas largas llamadas ‘cortes’ y blusas amplias llamadas ‘huipiles’, que son de algodón, bordadas con flores, animales y símbolos que identifican a sus comunidades en colores alegres. “Estamos contentas. Ha sido una buena cosecha. En el invernadero tenemos tomate, chile jalapeño, chile pimiento y pepino”, dice Josefa.

De igual forma, a unos 135 kilómetros de Nebaj, CIEDEG también implementa el proyecto en seis aldeas: Toj Mech, El Rincón, La Estancia y Toj Alik (en el municipio de San Martín Sacatepéquez); y Nueva Concepción y Agua Blanca (en el municipio de San Juan Ostuncalco).

En la Nueva Concepción, conversamos con Rosa Elvira Vásquez, quien cuida de sus animales y cultivos mientras carga a Alexa (18 meses) en la espalda. Ella es la menor de sus cuatro hijas. La familia de Rosa recibió un cerdo hace dos años, gracias al apoyo de CWS y LDS Charities, ahora tienen tres. También recibió semillas y sembró maíz, papa, cilantro, remolacha, rábano y zanahoria.
Esta es otra iniciativa que ha traído resultados para las familias de San Martín Sacatepéquez y San Juan Ostuncalco. La cadena productiva de pase consiste en que varias familias reciben animales como cerdos, gallinas y ovejas, y cuando estos se reproducen, son repartidos a otras familias, para que puedan iniciar su proceso de cría y venta.
Los recursos que obtienen con esta actividad les ayuda a comprar otros alimentos, medicinas, ropa y útiles escolares para sus hijos. “He aprendido mucho, lo que recogemos en los huertos nos sirve para preparar el almuerzo y las comidas”, dice Rosa, y aunque nos contó que ella no tuvo la oportunidad de estudiar, sus hijas ya entraron a la escuela.
En una próxima etapa del proyecto, se ofrecerán talleres de seguridad alimentaria y técnicas agrícolas para los técnicos y promotores de CIEDEG y las organizaciones locales, y se terminará de medir talla y peso en niños menores de cinco años para determinar sus condiciones nutricionales.
Fotos: CIEDEG
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Estudiar está abriendo una puerta de posibilidades a los habitantes del Bajo Chaco paraguayo. Integrantes de comunidades indígenas cuentan sobre sus logros tras capacitarse en producción agrícola y apícola, entre otros asuntos.
2 de marzo, 2022 | Autora: Mónica Arango | Gran Chaco Sudamericano, Historias de cambio

Uno de los deseos más grandes de Teresa Benítez, habitante de El Espinillo, es «estudiar, conocer quién es la A, la B y las otras letras también”. Ella tiene 76 años, se dedica a la siembra de hortalizas y producción de miel, y vive con su esposo y sus dos hijos.
Por su parte, Jorgelina Flores y un grupo de mujeres de la comunidad Yakye Acá, han manifestado la misma necesidad: «Queremos leer y escribir, y no morir haciendo solamente nuestra firma con huellas dactilares”. Y en la comunidad Sawhoyamaxa, Mariana Ayala comenta que después de haberse capacitado, “es hora de despertarnos y de hacer valer nuestros derechos por la educación de nuestros niños”.
Todas ellas tienen algo en común: participan en el proyecto ‘Desarrollo Rural Integral en Comunidades Indígenas del Bajo Chaco Paraguayo’, implementado por CWS a través de su socio local, Pastoral Social Diocesana de Benjamín Aceval, con el apoyo de Growing Hope Globally.
El programa incluye actividades como instalación de huertas, capacitación en derechos humanos, civiles y políticos, salud indígena, producción agrícola y apícola, excavación de pozos someros donde hubo escasez de agua, entre otros aspectos vitales para las comunidades de la región.

Antes de participar en las formaciones sobre siembra de semillas y producción de alimentos, Alodia González no sabía cómo generar ingresos para su familia. Con lo aprendido en agricultura y apicultura, ella lideró el proceso productivo de la huerta comunitaria y comenzó a trabajar con sus propias cajas apícolas para producir miel.
El proceso productivo de miel inició en septiembre del 2021 y terminó con la última cosecha en febrero de este año.
“Con la buena producción de miel estamos generando ingresos económicos muy importantes para el sostenimiento de mi familia; la miel la cosechamos de las cajas apícolas y la vendemos acá en la comunidad o nos organizamos y vendemos en ferias en Asunción (Paraguay)”, dijo Alodia.
También añadió que “con la huerta pudimos comer lechugas, perejil y otras verduras producidas por nosotras”.
Y aunque las huertas sufrieron daños por las temporadas de calor en el 2021 y esto retrasó el crecimiento de las hortalizas sembradas, más adelante se retomó la siembra de arbolitos frutales (390) como limón, naranja, mandarina, pomelo y mango.
En la comunidad de Alodia también recibieron tejido de alambre para el cercado de la huerta comunitaria, así como herramientas, semillas y asistencia técnica para la elaboración de alimentos a partir de productos cultivados. En total, se activaron 11 huertas con la participación de 75 familias.

“Nosotras guardamos nuestras semillas, ahora ya plantamos y están germinando todas nuestras semillas que juntamos el año pasado”, indicó Herminia González, productora agrícola de la aldea Lolaico Guasu, comunidad Laguna Pato.
Por otro lado, uno de los mayores desafíos sigue siendo la falta de agua para consumo humano y producción durante los periodos largos de sequía. Por eso, para aumentar la cantidad de fuentes de agua, se excavaron 24 pozos someros en 15 aldeas. De estos, 10 son de agua dulce y abastecerán a las comunidades más afectadas en en tiempos de sequía y escasez de agua de lluvia. Un total de 301 familias resultaron beneficiadas.
“Para que mejore la educación en todas las comunidades, debemos unirnos todos para mejorar”, afirmó Leonardo Martínez, líder de la aldea 26 de Junio, Espinillo.
Durante la ejecución del proyecto de desarrollo rural también se han atendido necesidades básicas de 520 familias por causa de la pandemia por el Covid-19. Se han donado kits de alimentos no perecederos de 12 kg. en los lugares donde más se dificulta el acceso porque no hay carreteras o vías.
Este año, al igual que las actividades mencionadas, continúa el objetivo de empoderar a los miembros de las comunidades, para que puedan autogestionar sus producciones y cultivos.
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Cuando el programa Promoción de la seguridad alimentaria comunitaria comenzó en las zonas rurales de Nicaragua, el único cultivo que tenía Maribel Espinoza Bermúdez era maíz y a veces, frijoles.
20 de diciembre, 2021 | Autora: Mónica Arango | Centroamérica

Las actividades y capacitaciones le brindaron a ella y a 292 familias de la comunidad de San Antonio en el municipio de Diriamba (Nicaragua), plantas frutales y semillas para producir y ampliar sus cultivos con hortalizas, y eventualmente, mejorar la producción de alimentos y tener una dieta más saludable. La diversificación de cultivos es una de las estrategias de este proyecto, para fortalecer la seguridad alimentaria de las familias participantes, como la de Maribel.
“Gracias a Dios somos parte del proyecto CIEETS”, dice la mujer. Ella vive con su esposo Inés Mendieta (54 años) y sus hijos Anabel (39), Orlanfo (23), Josueska (17) y Silvia (12). “Gracias al Pastor de la Iglesia Nazarena, el proyecto CIEETS llegó a mi comunidad y a mi familiar. Alabo y bendigo su nombre”, dice.

Maribel y su familia ya no dependen únicamente de la producción de alimentos en época de lluvias, pues el proyecto los ayudó con un tanque de plástico para almacenar agua de lluvia. “Aprendimos a producir con riego. Todo lo que cosechamos es bienvenido, es la base de nuestro sustento”, comenta. También agradece que el proyecto la ayudó a reemplazar una letrina que había alcanzado su tiempo útil.
Garantizar el acceso a agua potable, riego, saneamiento e higiene, son otras de las estrategias para fortalecer la seguridad alimentaria en la zona. Esto es especialmente importante en una zona como el Carazo, que tiene bajos niveles de cobertura en los servicios básicos.
El trabajo de los promotores agrícolas de la zona se ha fortalecido para promover técnicas como la diversificación de cultivos, la conservación de suelos, el uso sustentable de los recursos hídricos, la captación de agua de lluvia, la preparación de plaguicidas orgánicos y la comercialización de cultivos excedentes, entre otros.
Maribel agregó que su esposo ha buscado trabajos adicionales en construcción, pero las oportunidades son escasas y los ingresos son bajos, sobre todo después del impacto de Covid-19 y los huracanes Eta e Iota en la salud pública y la economía de la comunidad. Por lo tanto, el apoyo brindado a través del proyecto ha sido crucial para su familia.
“Que el Señor aumente las bendiciones al proyecto CIEETS, y sobre cada uno de los hermanos y sus familias que dedican recursos a nuestro sostenimiento, también les decimos que las cosas buenas vienen de arriba y las manos que dan, nunca vuelven vacías”, concluye Maribel.
El proyecto de seguridad alimentaria se ha completado con el apoyo de CIEETS, CWS y GHG (Growing Hope Globally), durante la respuesta de emergencia por los huracanes Eta e Iota, apoyando a 60 familias con transferencias monetarias para alimentos en Carazo, Nicaragua.
Durante la fase de rehabilitación, se volvieron a realizar transferencias monetarias para alimentos, se distribuyeron kits de semillas para recuperar medios de vida, se restauraron los sistemas de agua y saneamiento y se entregaron kits de higiene, incluyendo máscaras para prevenir el Covid-19. Se apoyaron a 221 familias.
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De estufas a jardines, agua y ganado, la familia de Esmeralda está prosperando
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Esmeralda Robles es una de las participantes del proyecto desarrollado por CASM (Comisión de Acción Social Menonita), con el apoyo de CWS y GHG (Growing Hope Globally).

Preparar el caldo de gallina con albahaca, orégano y guineos verdes o el pescado frito que tanto le gustan a su hijo y esposo ahora es más fácil y menos dañino para su salud. En la cocina de Esmeralda Robles (27 años) hoy se usa menos leña, se cocina más rápido y se ahorra tiempo de preparación.
Antes, su casa quedaba cubierta de hollín, una sustancia negra, muy fina y grasienta que forma el humo y queda adherida a las superficies. “Ahora, con una carguita de leña, uno cocina, no necesita mucha, a diferencia del fogón que teníamos antes, y es de mucha ayuda que no haya humo, por los pulmones, antes tenía una tos permanente”, dice Esmeralda.
Esta es una de las ventajas que trae el ecofogón que ella y 58 familias más adecuaron en sus casas para preparar comidas sin aumentar la polución ambiental. La contribución más importante de las estufas ecológicas, sin embargo, es la reducción significativa en el uso de leña. Se trata de una de las actividades de prácticas ecológicas y adaptación al cambio climático del programa Gobernanza y productividad ecológica para la seguridad alimentaria y nutricional, desarrollado por CASM (Comisión de Acción Social Menonita), con el apoyo de CWS.
El proyecto se implementó en las municipalidades de Macuelizo, Nueva Frontera y Azacualpa, en el departamento de Santa Bárbara, Honduras, y en total, participan 500 familias de áreas rurales con recursos económicos limitados.

Esmeralda vive en la comunidad de Vainillas, en el municipio de Macuelizo. El clima es cálido y a veces, hace frío en la mañana. En este lugar hay unas 50 viviendas ubicadas cerca a un bosque de pino y árboles grandes de tamarindo y mango. Después de transitar varias carreteras y caminos, se alcanza a divisar la casa verde donde vive Esmeralda con su esposo Rigoberto López y su hijo Diego López Robles. La mujer comenta que su comunidad es “un lugar bonito con gente amable, de buena convivencia, todos nos conocemos porque estamos desde siempre. Yo nací y crecí aquí”.
En Macuelizo ya todos recibieron las dos dosis de la vacuna de Covid-19 y mantienen el uso de mascarilla, así como el lavado constante de las manos.
A través de la actividad “cadena de pase”, Esmeralda recibió varios animales de crianza. Esta iniciativa consiste en que una familia recibe un cerdo, oveja o vaca preñada, la alimenta y cuida, y cuando nace la próxima cría, se pasa a otra familia, que a su vez hará lo mismo. Hoy, Esmeralda tiene una cerda preñada, dos ovejas, un ovejo y 30 gallinas.

Otras iniciativas de CASM en la comunidad donde vive Esmeralda incluyen la instalación de tuberías para el paso de agua potable (antes, las familias tenían un acceso limitado al recurso hídrico) y el cultivo de peces tilapias, cría de vacas, ovejas y gallinas.
Esmeralda ha participado en capacitaciones de siembra de cultivos y producción de abono, recibió semillas y hoy en día produce la mayoría de alimentos que su familia consume, como por ejemplo, plátano maduro, ayote, chiles y yuca, que los tiene en su parcela; además, los vende o intercambia con sus vecinos. Ella y su familia también aprendieron sobre alimentación y nutrición, higiene, manejo de basuras y protección del medio ambiente.
En las ocasiones especiales, como Navidad o Año Nuevo, el plato que preparan en casa son tamales con carne (es una comida tradicional que tiene una base de maíz y un relleno de verduras, papa y carne, se sirve envuelto en hojas de plátano). “Aquí siempre lo pasamos en familia, vamos a la iglesia, somos católicos, vamos un rato y estamos juntos para compartir una cena”.
El próximo proyecto en casa de Esmeralda es conseguir un biodigestor para aprovechar más los residuos de materia orgánica en descomposición (como los excrementos de animales) y producir gas metano. “Un sueño que tenemos como familia es tener una microempresa o una venta y producción de carne. Lo primero que vamos a hacer es comprar el congelador”, dice Esmeralda y añade que con el dinero que consigan planean ampliar la casa, que hoy tiene dos habitaciones.
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“Cuando se emigra, se sabe que hay muchos riesgos en el camino”
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Hace tres años, Alexis Márquez migró a los Estados Unidos. En el trayecto sufrió un accidente y perdió ambos pies. Estuvo detenido, fue deportado a su país (Honduras) y en un nuevo intento de mejorar su vida, encontró el que hoy considera su hogar: el Albergue Abba, en Celaya, México.
16 de diciembre, 2021 | Autora: Mónica Arango | Centroamérica, Historias de cambio, Personas migrantes y refugiadas

A sus 28 años, Alexis Márquez* ya se acostumbró a vivir con nostalgia y sintiendo la falta de sus seres queridos: “Cuando se vive lejos, se extrañan siempre a la familia, las costumbres, la tierra, porque el país lo traemos en la sangre, no lo podemos negar”. Sin embargo, agrega que no extraña la vida que tenía en Honduras, desempleado y sin oportunidades.
«Cuando se emigra, se sabe que hay muchos riesgos en el camino», comenta. «Se viene con miedo y con valor, para seguir adelante, para progresar un poco. Uno se va de la mano de Dios, pidiendo que pueda llegar a cualquier destino”. Y así lo hizo: En el 2019, Alexis se fue indocumentado para Estados Unidos. En el trayecto, sufrió un accidente y perdió ambos pies; luego, fue detenido.
“Fue difícil estar preso, con una discapacidad y en medio de una pandemia. Estuve mal psicológicamente, con alto riesgo de enfermarme, en silla de ruedas». El encierro era frustrante: «a uno se le viene el mundo abajo, se le cierra todo”. El 6 de enero del 2021 fue deportado a Honduras.
De regreso en su país, el joven se vio obligado a continuar “otra prisión” en casa. Debido a las constantes amenazas que recibía en su pueblo, no podía salir ni a la esquina. Alexis vivía en una zona montañosa, sin opciones de movilidad para una persona usuaria de silla de ruedas. Entonces, incluso con miedo y dudas, decidió irse nuevamente; esta vez, a México, donde ya había vivido años atrás, por temporadas, en Guanajuato, San Luis, Aguascalientes y Zacatecas.

Alexis llegó al Albergue Abba, socio de CWS, y que cada año atiende de 8 a 10 mil migrantes (especialmente de Centro América); ofrece alojamiento, alimentación y nutrición, servicios de salud y medicamentos, apoyo psicosocial y espiritual, asesoría legal y en derechos humanos, y trabaja en incidencia en políticas públicas y educación.
Abba es uno de los 22 refugios en la red nacional de migración para migrantes transitando en México. Más de su trabajo aquí.

“Nos ayudan a terminar los estudios de primaria y secundaria, hay cursos de pintura, y música. Yo estoy en clases de guitarra», dice Alexis, y agrega que a veces, también le gusta pintar. Además de recibir ayuda psicológica y asesoría legal para conseguir la autorización de residencia, el mayor regalo que Abba le hizo a este joven fueron las prótesis. Alexis realizó su sueño de volver a caminar.
Ahora, él trabaja como voluntario en el albergue; piensa que es la mejor forma de agradecer por todo lo que han hecho por él. “Yo soy el encargado de recibir a las personas que llegan buscando apoyo, les doy la bienvenida, y por seguridad, reviso que no traigan navajas, armas, o que estén bajo los efectos del alcohol”.
Él cuenta que ya tiene las dos dosis de la vacuna contra el COVID 19, y se está preparando para presentar las pruebas del último año de secundaria; es lo único que le falta para obtener el diploma de estudio. También está esperando la respuesta de su solicitud de visa humanitaria. Lo siguiente en la lista será aplicar para una visa de trabajo.
El Instituto Nacional de Migración (INM) de México, otorga estatus migratorios a los migrantes por distintos factores:
- La regularización migratoria por razones humanitarias a migrantes sin visa, cuya vida o integridad están en riesgo, o han sido víctimas de desastres y/o violencia, o están en estado grave de salud.
- La visa humanitaria (concedida a personas con las mismas características que en el caso anterior), es válida por un año y ofrece la opción de realizar actividades remuneradas.
- El permiso de estadía a solicitantes de asilo o estatuto de refugiado, mientras dure el trámite respectivo. Abba ha hecho uso de todas estas opciones con migrantes apoyados por su programa legal.
Hoy, Alexis lleva una vida sencilla, disfruta ayudando a sus compañeros y de sus clases de música y manualidades en el Albergue. De vez en cuando sale a comer sus platos favoritos, como fríjoles con arroz y tajaditas de plátano, o pollo rostizado y tacos con crema. Él planea conseguir una casa propia y formar una familia. «Hay que seguir echándole ganas siempre, sin importar el obstáculo que uno tenga en el camino, porque yo traigo una discapacidad física, pero como dice el dicho: “la discapacidad no es una incapacidad”.
*Su nombre ha sido cambiado para proteger su identidad.
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