¿Qué viene a tu mente cuando piensas en el aloe vera? Para los participantes de la reciente capacitación que apoyamos en varias comunidades en Haití, esta planta, conocida también como sábila, representa un alivio en tiempos difíciles y la esperanza de un futuro mejor y más estable.
Ellos aprendieron a producir jabón con aloe vera. Wilda Fortilus fue una de las participantes. Ella vive en Pichon, en la comunidad de Belle-Anse, con su marido y sus cuatro hijos.
Antes de las capacitaciones sobre aloe vera, ella no sabía que esta especie tenía múltiples usos. Ahora, Wilda sabe cómo convertir el aloe vera en jabón y cuáles son sus usos medicinales. Debido a la pandemia por el COVID-19, su familia continúa luchando para generar un ingreso estable. Su nuevo negocio les permitió recuperarse. “Esta es la única actividad comercial en nuestro hogar, que nos ayuda en estos momentos. Gracias», nos contó.
Carnette Darius.
Carnette Darius, otra participante del programa, vive cerca de Fond Saint Luc con su hijo y su esposo. Ella compartió: “Esta actividad funciona bien para mí. En promedio, vendo seis galones por semana. Obtengo una buena ganancia con esta actividad”. Carnette usó los ingresos que obtuvo de la venta de jabón para comprar pollos. Ella espera expandir sus ventas y eventualmente, vender su jabón en el mercado local.
En Sou Mòn, Melida Charles conoció otro uso del aloe vera: Mermelada. Después de ir a la capacitación sobre cómo hacer mermelada, ella se unió a un grupo de ahorro en su comunidad y comenzó su propio negocio de venta.
Melida nos contó: “Cuando vendo todo, compro otros ingredientes para seguir haciendo mermelada. Participo en un grupo de ahorro. La capacitación es muy útil e importante para mí”. Mezclada con ingredientes que incluyen jengibre, azúcar, canela y nuez moscada, la deliciosa mermelada de Melida y su participación en un grupo de ahorro le han permitido tener más estabilidad financiera.
Charles Melida.
Al descubrir nuevas formas de usar el aloe vera, estas tres mujeres también conocieron otras maneras de mejorar sus medios de vida y apoyar sus familias. Su participación en grupos de ahorro también les dio la oportunidad de crecer financieramente con sus vecinos y comenzar sus propios negocios.
Estamos agradecidos por el apoyo de nuestros socios Week of Compassion y Organisation des Planteurs de Fond Saint-Luc pour le Développement Intégré de Baie-de-Henne por hacer posible estas historias.
Si alguna vez has tenido una planta, sabrás que uno de los factores más importantes para garantizar que sobreviva es la salud del suelo. Demasiada agua, y la planta podría volverse amarilla. Poca agua, y la planta podría secarse. A medida que aumentan las temperaturas y los niveles de CO2 debido al cambio climático, los agricultores de todo el mundo conocen este desafío y luchan por crear las condiciones de suelo necesarias para que sus cultivos prosperen.
En Haití, estamos trabajando para resistir estos efectos. Enseñamos a los agricultores locales técnicas de conservación del suelo. Los miembros de la comunidad aprendieron a construir canales de contorno y muros de roca que protegen el suelo, reducen el riesgo de erosión y aumentan la fertilidad y productividad de los cultivos.
Sadira Jeanty, de 76 años, vive en Nabou con su esposa y sus cinco hijas. Él pasó los últimos años luchando contra la inestabilidad financiera. Recientemente, se unió a las capacitaciones para aprender una nueva forma de generar ingresos y cuidar los cultivos. Él compartió que “en esa capacitación, aprendí a construir muros de roca y canales de contorno para disminuir la fuerza del aguaque desciende sobre nuestros campos, para que el suelo pueda permanecer en su lugar”.
Sadira Jeanty
Al participar en este programa, Sadira también recibió un ingreso que usó para pagar sus deudas y concentrarse en sus cultivos. “El dinero que gané me fue muy útil porque debía dinero, entonces pagué la deuda que tenía”, dijo. Sadira ya construyó varios canales de contorno y se está preparando para comenzar a sembrar cultivos que sabe que estarán bien protegidos.
Sader Saint Juste es otro participante. Él vive cerca de Diondion, en la comuna Jean-Rabel. Desde los 12 años, Sader comenzó a cultivar la tierra de su familia, recolectaba rocas que encontraba y las colocaba en pequeños montones para hacer espacio para sus siembras. Ahora tiene 39 años, y continua con esta tradición y actividad familiar.
“Ahora construyo muros de roca en lugar de hacer pequeños montones en medio de la tierra”, dijo. Sader también usó el dinero que recibió mientras trabajaba en el programa para comprar nuevas semillas y plantarlas.
Mientras nuestro planeta sufre mudanzas extremas por el cambio climático, estamos trabajando para equipar a agricultores como Sader y Sadira con las herramientas que necesitan para resistir estos efectos. Su resiliencia y capacidad de adaptación les han dado la fuerza para seguir creciendo a pesar de los desafíos que trae el entorno.
En el último año, Paraguay enfrentó olas de calor y sequías severas. Esto fue devastador para los agricultores locales y sus cultivos de yuca, sandías, melones y calabazas, entre otros. La falta de acceso al agua afectó la capacidad de producción.
Ahora que en su comunidad mejoró la infraestructura para obtener agua potable, Niño Gómez y sus vecinos ya no tienen que caminar largas distancias para abastecerse. En Monte Alto, localizado en el Bajo Chaco Paraguayo, hoy cuentan con un tanque de 10 mil litros de almacenamiento y las personas se capacitaron sobre prácticas de consumo seguro para evitar enfermedades.
“Estamos muy bien. Las mujeres tienen agua. Ya no es como antes que debíamos acarrear agua de muy lejos; ahora ya tenemos hasta para regar nuestras plantas, nuestras huertas. Tenemos suficiente agua y los niños también. Entonces queremos agradecerle a la Pastoral Social”, dice Niño.
Felicita y Niño Gómez. Foto: Cortesía PSBA.
Él conforma una de las 136 familias participantes del proyecto “Desarrollo Rural Integral en Comunidades Indígenas del Bajo Chaco Paraguayo”, implementado por CWS y su socio local, Pastoral Social Diocesana Benjamín Aceval, con el apoyo de ELCA y Growing Hope Globally.
Uno de los tanques de agua instalados en la comunidad. Foto: Cortesía PSBA.
“Anteriormente, sufrimos mucho con las inundaciones y las sequías, no había nada, no había peces ni otras fuentes de alimento”, contó Odilda Gómez. Ella y su familia recibieron siete ovejas. “Estoy muy agradecida con ustedes, ahora hay más ovejas para poder criarlas para nuestro consumo”.
El clima mudó y ayudó con las actividades previstas. En junio de este año se lograron las primeras siete huertas activas en las comunidades indígenas y hay tres más en proceso de germinación de semillas.
Además de Monte Alto, el proyecto incluye a las comunidades de Espinillo, San Fernando, Laguna Pato, Yakye Axa y Sawhoyamaxa, en el Departamento de Presidente Hayes. En el segundo semestre de este año, las capacitaciones sobre prácticas de uso, consumo y cuidado del agua se extenderán para 240 familias más.
En elmundo, la agriculturarepresenta un aproximado del 70 porciento de todas las extracciones de agua dulce. La seguridad alimentaria de las comunidadestambiéndepende del acceso al vital líquido, sobretodo, las zonas alejadas de la infraestructuraurbana. Más información aquí.
Aproximadamente780 millones de personas enelmundo no tienenaccesoaagua potablelimpia. Un tercio viveen África y alrededor de 130 millonesvivenen América Latina y el Caribe. Más información aquí.
Josefa se siente orgullosa de trabajar con su vestido típico. “No podemos cambiar nuestra cultura, debemos mantenerla viva”, dice.
Josefa Pérez y su esposo llevan más de una década cultivando la tierra que tienen cerca de su casa; pero sólo hace un año comenzaron a ver una diferencia enorme en su trabajo. Ellos aprendieron a sembrar de manera sustentable, libre de tóxicos y con estrategias de producción para vender más y ganar un sustento para sus familias.
“Ahora cosechamos el tomate dentro del invernadero y da mejores resultados. No es igual que sembrarlo al aire libre. No teníamos idea, pero CIEDEG vino a enseñarnos. También aprendimos a cuidar la tierra y abonarla. Nos sentimos satisfechos porque vimos un cambio”, cuenta Josefa.
El objetivo del proyecto es contribuir a mejorar la seguridad alimentaria de las familias, en 17 comunidades de los departamentos del Quiché y Quetzaltenango, en Guatemala. Esto se ve reflejado en el trabajo de Josefa, quien no solo mejoró sus ingresos, sino la calidad de vida de sus seis hijos.
Josefa comienza su día a las 6 de la mañana. Después de hacer el desayuno para sus hijos, limpiar la casa, y dar alimento a sus gallinas, ella se va caminando hasta la tierra donde tiene sus cultivos de brócoli, repollo, apio y escarola.
“Lo que más me gusta de mi comunidad es que hay muchos árboles y eso nos protege del calor”.
“Lo más importante de trabajar en el campo es que no hay que comprar comida en el mercado. Mi familia tiene comida. Y si sobra, la vendemos”, asegura Josefa, quien a pesar de no haber contado con la oportunidad de estudiar, continúa alentando a sus hijos para que lo hagan. “Yo les digo que es lo que más les va a servir. Yo quisiera leer algo pero no puedo, no sé cómo”.
El proyecto contempla entrega de semillas y especies vegetales propias de cada región, como cilantro, rábano, remolacha, acelga, espinaca, entre otras. Ya se construyeron 590 huertos familiares y 30 invernaderos. Además, se implementó un mercado comunitario para que los participantes vendan sus productos y compren otras cosas que necesiten para su día a día, como ropa, medicinas y productos de higiene.
Conversamos con una de las familias que participan en el programa Vivienda con Dignidad, en Honduras, para ayudar a quienes perdieron su casa tras los huracanes Eta e Iota. Dentro de poco, Jorge y Leidy van a mudarse a su nuevo hogar.
Cuando Jorge Luis Sarmiento era un niño, sufrió un accidente durante el huracán Mitch. El agua, lodo y escombros lo arrastraron. Cinco días después, lo encontraron gravemente herido. Él perdió su audición.
A pesar de los desafíos, Jorge siempre trabajó para conseguir su sueño de tener un lugar donde vivir y un terreno donde cultivar alimentos para sustentar a su familia. Desafortunadamente, en Noviembre del 2020, los huracanes Eta e Iota destruyeron su casa.
“Estábamos muy tristes. Nos costó tanto ser dueños de nuestra casa y en segundos todo se vino abajo”, nos dijo Leidy. El terreno en el que vivían se declaró inhabitable. Era época de cosecha; todos los cultivos se perdieron. En ese lugar, 35 familias más perdieron sus viviendas.
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, en Honduras los huracanes afectaron a 4,7 millones de personas y obligaron a más de un millón a evacuar sus hogares.
“Todos ahí cerca éramos familia. Mamá, tía, abuela, todos quedaron sin casa”, dice Jorge. Leidy, por su parte, recuerda que su hijo tenía apenas 20 días de nacido. “Debajo de nuestra casa pasaba una quebrada, entonces entró el agua. Las paredes se rajaron, la casa se estaba hundiendo, nos tocó salir. Luego, se derrumbó todo. Quedamos con las cosas en la calle”.
Leidy y Jorge Luis Sarmiento y su hijo Jorge David. Foto: Sean Hawkey.
Una nueva esperanza apareció para ellos. Después de una rápida evaluación de necesidades y entrega de ayudas, realizada por socios locales de CWS, se identificaron a 93 familias en situación de vulnerabilidad extrema y se pasó a una segunda fase de apoyo. Este grupo entró a hacer parte del Proyecto Vivienda con Dignidad, desarrollado en tres comunidades: Nuevo Celilac, Ceguaca y San Nicolás, en el departamento de Santa Bárbara.
La nueva casa de Leidy y Jorge se está construyendo en el terreno que les cedieron sus padres. Ya está completo en un 90% y sólo faltan las ventanas y puertas.
Jorge participó activamente en la construcción de su casa. Se unió a los trabajadores y los ayudó con sus tareas diarias. “A veces, los trabajadores se iban, pero Jorge seguía construyendo bloques porque estaba ansioso por ver su casa terminada”, dijo Leidy.
El sueño de esta familia es mudarse a su casa, emprender y trabajar juntos para criar a su hijo. Mientras esperan que la construcción esté lista, la pareja vive en una casa alquilada. Leidy añadió: “Agradecemos a Dios y a todos los que nos están apoyando”.
Hasta el momento han participado 23 familias (117 personas). Actualmente se están construyendo 70 casas nuevas para 70 familias (350 personas). Además de la construcción de casas, este programa desarrollará oportunidades de subsistencia agrícola para los miembros de la comunidad. Estas actividades incluirán el suministro de semillas, capacitaciones en recursos agrícolas y resiliencia.
"Ustedes le han dado entidad e importancia a esos que eran invisibles"
Recientemente se firmó un convenio entre ACIFAD, CWS y el Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires (Argentina) para velar por las garantías de los lxs niñas, niños y adolescentes que tienen a referentes adultos privados/as de libertad (NNAPEs) en procedimientos legales y judiciales que involucran a sus familiares.
En el año 2016, durante la producción del documental Desinvisibilizar, uno de los protagonistas comentó tras terminar la entrevista: “Yo comparto mi historia con ustedes, pero espero que esto ayude a que pase algo”.
Aquella frase quedó resonando en quienes la escucharon y se transformó, al igual que muchas otras cosas que han dicho lxs niñas, niños y adolescentes que tienen a referentes adultos privados/as de libertad (NNAPEs), en un “objetivo a seguir”: que pase algo.
Hoy, años después, y gracias al trabajo que se realizó con ACIFAD en espacios locales y nacionales, se podría decir que “algo pasó” o está empezando a pasar.
Desde que CWS empezó a apoyar y liderar acciones de generación de conocimiento, visibilización e incidencia sobre lxs niños, niñas y adolescentes que tienen a referentes adultos privados/as de libertad, junto con ACIFAD y el resto de las organizaciones que integran la Plataforma NNAPEs, uno de los principales objetivos fue lograr que el tema se incorporara en la agenda de tomadores de decisiones y de quienes están encargados de proteger y velar por los derechos de niños, niñas y adolescentes en general.
La firma del convenio entre ACIFAD, CWS y el Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires (Argentina), el pasado 21 de marzo, es un gran paso en esa búsqueda, pues el Ministerio Público Tutelar (MPT) tiene como misión “el control de legalidad de los procedimientos, la promoción del acceso a la justicia y el respeto, protección, promoción y satisfacción de los derechos y garantías de niñas, niños y adolescentes (NNA) y personas que requieren apoyo para su salud mental” de la Ciudad de Buenos Aires.
Hasta el momento, el MPT se enfocaba principalmente en proteger los derechos de NNA que fueran víctimas, testigos o de aquellos que entraban en conflicto con la ley. Ahora, este organismo incluyó también al tema “NNAPEs” como un eje en su agenda. Antes, estos casos se atendían, pero sólo en situaciones particulares en que alguien las derivara al organismo.
En este proceso, fue crucial el apoyo de la Dra. Noris Pignata, Asesora Tutelar ante la Cámara de Apelaciones del Fuero Penal, Penal Juvenil, Contravencional y de Faltas del MPT. Ella ayudó a que esto ocurriera con la convicción de que: “Si un Estado toma una decisión legítima, pero que genera un daño en terceras personas que no son los directamente involucrados, el Estado debe tomar todas las precauciones o recaudos para que ese impacto, en este caso en los/as hijos/as de las personas que son privadas de su libertad, sea el menor posible…”
Fotos: Cortesía de Ministerio Público Tutelar
En relación a lo que significa que el MPT tome el tema como eje estratégico, ella comentó: “Esto significa que en todas las asesorías del MPT vamos a tener que tener un criterio general de actuación ante todos estos casos y en todas las instancias”. Luego, agregó: “Este criterio podrá tener pasos a seguir, como por ejemplo: identificar a los/as niños/as, entender las situaciones, hacer los planteos en el proceso, articular acciones con otros organismos no judiciales del Estado (de la Ciudad de Buenos Aires) para que no se vulneren y/o se garanticen todos los derechos de estos/as NNA y, llegado el caso, iniciar acciones judiciales como amparos de vivienda, de becas educativas o cuestiones similares”.
Sumado a lo anterior, la idea también es comenzar a velar por los derechos de estos NNA durante el proceso de ejecución de la pena de los adultos; de manera que su interés superior y sus opiniones sean tenidas en cuenta. “Esto es algo que, en general, no ocurre y que de a poco intentaremos que cambie, ya que lamentablemente, en muchos casos, no se sigue el principio de la “no transcendencia de la pena”.
Más allá de atender casos particulares y acompañar estos procesos, la idea es que a partir del convenio se realicen otras actividades, entre las cuales se destacan la generación de conocimiento y estadísticas sobre el tema, en articulación con otros actores (judiciales y no judiciales), la sensibilización y capacitación de trabajadores comunitarios, de personal de la policía y de otros profesionales (docentes, por ejemplo) que trabajan con estos/as niños y la coordinación de actores con otros organismos de sociedad civil y del Estado en el país.
En este sentido, la Dra. Pignata mencionó que para ella lo que es interesante es: “que el tema se transversalice a lo interno del MPT y que no sólo quienes trabajan en lo judicial atiendan el asunto, sino que los equipos multidisciplinarios, que trabajan en el terreno con otras cuestiones de acceso a derecho y en articulación con una infinidad de actores de diferentes jurisdicciones, también lo tengan como prioridad”.
Por último, destacó la importancia y relevancia que el trabajo de CWS, junto a ACIFAD y la Plataforma NNAPEs, ha tenido en los últimos años: “Ustedes le han dado entidad e importancia a esos que eran invisibles”, dijo, “han elaborado una mirada general y si se quiere, regional del tema y sus impactos, lo cual es muy diferente a que lo vea yo sola en un caso y lo presente de esa manera. Porque nosotros lo miramos desde dentro del proceso penal, pero ustedes ven cómo esos procesos judiciales impactan en la vida de estos/as NNA y que hasta ahora, nunca fueron escuchadxs. Ustedes los han puesto, a ellos y sus familias, en un lugar de iguales”.
La semana pasada ya se llevó a cabo la primera reunión de trabajo en el marco del proyecto, que se espera puede alcanzar, acompañar y apoyar a todos/as los/as NNAPEs que viven en la Ciudad de Buenos Aires y que además sirva de modelo para otras jurisdicciones tanto en Argentina como en la región.
Delfina Acosta es una joven brillante y motivada de Orán (Salta, Argentina). Sus amigos la llaman Delfi, le encanta escuchar música, hacer nuevos amigos, jugar fútbol y rugby. Delfina también es pionera: fue la primera estudiante transgénero en graduarse de la universidad de su provincia.
Esta joven de 27 años es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de Salta, en la ciudad de Tartagal (Argentina). Con su título y su pasión, ahora Delfina es activista y dedica su tiempo a luchar por la igualdad de género. Hoy trabaja en el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de Argentina, en la Agencia Territorial en Salta.
Delfina fue una de las participantes en el “Estudio Exploratorio sobre Vulneración y Promoción de Derechos de la Población LGBTI+ en municipios del Gran Chaco Sudamericano”, realizado por CWS. Este informe captura las voces y demandas de las personas LGBTI+ en esta vasta región y ofrece recomendaciones para tomar acciones sociales y políticas.
Antes del informe, “no teníamos una herramienta académica ni datos concretos sobre la población LGBTIQ, y específicamente sobre la población trans”, explicó Delfina. “Este estudio ha sido una motivación para poder conocer a otras personas que también trabajan en este tema y tienen experiencia en nuestra provincia”.
Delfina siente orgullo de sus raíces indígenas. “Para conocerme, debo entender y conocer de dónde vengo”, dijo.
A través del reporte, Delfina siente que a la comunidad LGBTIQ+ se le ha dado una voz y una posición más fuerte. Ella quiere seguir luchando por sus derechos a ocupar espacios y ser escuchados y escuchadas. La joven trabaja por este objetivo en el grupo de investigación del que hace parte, denominado “Área sobre Género, Feminismos y Disidencias Sexuales” en la Universidad Nacional de Salta. Esta institución también colaboró y participó en el estudio de CWS.
Delfina Acosta, 27 años.
Entre muchas de sus metas inspiradoras, Delfina nos dijo que su mayor sueño es abrir “La Casita Trans”, una casa para recibir, escuchar y educar a personas transgénero y travestis. “Sé que lo lograremos”. Delfina es un ejemplo de lucha admirable y representa el espíritu de aceptación y deseo de un mundo donde todos sean acogidos.
Este estudio es una expresión del compromiso institucional con la construcción de un mundo con paz y justicia, donde ningún tipo de discriminación u otra forma de violencia sea tolerada o promovida hacia ningún grupo o colectivo de personas, donde todos los derechos sean reconocidos y respetados y donde siempre el diálogo, y no el agravio, sea el camino.
Catarina y Juana: Dos mujeres comprometidas con su familia y su comunidad
Catarina Juárez de León y Juana López García son promotoras locales en el proyecto de seguridad alimentaria y nutrición que CWS apoya en comunidades Maya Mam de Quetzaltenango (Guatemala). Participan 490 familias.
Catarina Juárez de León y Juana López García. Foto: CWS.
Catarina, es una valiente madre soltera que lucha para sacar adelante a sus hijas Luci e Imelda, completó sus estudios primarios y trabaja como promotora del proyecto desde hace más de dos años. Juana, es una joven soltera que apoya a sus padres y hermanos, es maestra de educación infantil que, ante la falta de empleo, lanzó como emprendedora una pequeña cafetería que debió cerrar debido al impacto de la pandemia, y es promotora en el proyecto hace poco más de un año.
El proyecto, implementado por nuestro socio local CIEDEG (Conferencia de Iglesias Evangélicas en Guatemala), ofrece acceso a recursos agropecuarios como semillas, insumos para preparar abonos, ganado ovino y porcino, y orientación técnica para la producción y aprovechamiento de alimentos, y el mejoramiento de la nutrición. También se impulsa la generación de ingresos mediante la venta de algunos de los productos agrícolas. Asimismo, se promueven los derechos de la mujer y el empoderamiento de las mujeres. Ellas representan más del 90% de participantes directas en el programa.
Juana López García. Foto: CWS.
Debido a la pandemia y las limitaciones de movilización y encuentros presenciales, Catarina y Juana se han convertido en los ojos, oídos y manos de CIEDEG en el día a día del proyecto en las comunidades locales. Ellas compran y distribuyen semillas y otros insumos agrícolas, facilitan capacitaciones sobre derechos de las mujeres, hacen monitoreo y seguimiento visitando a las familias y sus huertos, y reportan a CIEDEG sobre dificultades o avances. Recientemente, también aplicaron entrevista para un diagnóstico participativo sobre disponibilidad, acceso, uso y consumo de alimentos, y talla-peso en niñas y niños menores de cinco años.
Al preguntarles qué han aprendido a través del proyecto, Catarina y Juana nos contaron que “la convivencia con otras mujeres y con las comunidades nos han dado aprendizajes nuevos”. Señalan que han aprendido sobre agricultura, seguridad alimentaria y derechos de las mujeres. Ellas destacan su compromiso con su comunidad y el agradecimiento que sienten por poder trabajar en el proyecto. No es casual que la primera palabra que me enseñaron en su idioma, el Maya Mam, fue “gracias”: Chjonte.
Catarina Juárez de León. Foto: CWS.
Por otro lado, comentaron que es importante valorarse como mujer, conocer y defender sus derechos. “En San Martín y San Juan, y hasta en mi familia, las mujeres no se daban su lugar y no participaban en la comunidad, o sus esposos les vedaban la participación, se discriminaba a la mujer”, dijo Juana. Esto implicaba que solo los hombres tenían el derecho de trabajar e ir y participar en actividades de la comunidad, y a las mujeres les estaba vedado. Por su parte, Catarina afirmó que “por eso es importante aprovechar las oportunidades y participar”. Y aunque ahora ven más participación de las mujeres, incluyendo la posibilidad para muchas de continuar estudios, los cambios aún son insuficientes. “Tenemos que animar a otras mujeres a que conozcan sus derechos y se valoren, es importante por eso informar y capacitar”, dijo Juana.
Y en el contexto del Día Internacional de la Mujer, ella agregó: “Me gustaría decirles a todas las niñas, señoritas, mujeres, que conozcamos nuestros derechos, nos valoremos y participemos en todos los espacios para aprender y poner en práctica la igualdad; es necesario participar para combatir la discriminación y que valoremos a las niñas y mujeres”.
“Es importante celebrar el Día Internacional de la Mujer porque habla sobre la igualdad de todos. Todas las mujeres tenemos derecho de trabajar, abuelas, madres, hijas, todas tenemos derechos. Saludo a todas las mujeres en este mismo día”, concluyó Catarina.
Josefa y Rosa comparten sobre las iniciativas de sus aldeas en Guatemala
Un grupo de mujeres en Nebaj cosecha los resultados de una siembra cuidada con cariño; y otro, en San Martín Sacatepéquez y San Juan Ostuntalco, cría animales con la cooperación de la comunidad. Historias de cambio.
Cuando el sol aún no asoma sus primeros rayos del día, Josefa Pérez ya está despierta orando. “Pido para que la cosecha aumente, que este año tengamos más siembras”. Por eso, lo primero que hace después de preparar el desayuno y limpiar la casa, es salir a ver sus cultivos de arveja, repollo, brócoli y papa.
Al igual que otras mujeres de la aldea La Pista, ubicada en Nebaj, en el departamento El Quiché (Guatemala), ella se esmera y pasa la mayoría de su tiempo en el huerto para cuidar la producción de vegetales que le sirve de alimento a su familia, y de ayuda financiera cuando logran vender la producción en el mercado campesino local, donde venden otros pequeños productores como ella.
Josefa Pérez.
Esta es una de las iniciativas en las que participan 490 familias como la de Josefa. Se trata del proyecto de Semillas de Esperanza para Seguridad Alimentaria y Nutrición, implementado por CWS a través de su socio local CIEDEG, y con el apoyo de Growing Hope Globally. Además de semillas y plantas, las familias reciben insumos químicos y orgánicos para preparar abonos; materiales para reconstruir o mantener sus invernaderos, sistemas de riego, equipos para aspersión de fertilizantes y plaguicidas orgánicos y/o químicos.
Además de Nebaj, el programa se desarrolla en San Martín Sacatepéquez y San Juan Ostuntalco, en el departamento de Quetzaltenango. Los participantes recibieron semillas para sembrar en sus huertas e invernaderos. Algunos también accedieron a capacitaciones en asuntos como derechos humanos, derechos de las mujeres, seguridad alimentaria e higiene.
La aldea La Pista está rodeada de montañas y aunque normalmente hace frío, estos primeros días del año han sido cálidos, con poca lluvia. Y sin importar el clima, Josefa y cuatro compañeras más van al huerto y al invernadero a trabajar, luciendo sus trajes típicos de la etnia Maya Ixil: usan faldas largas llamadas ‘cortes’ y blusas amplias llamadas ‘huipiles’, que son de algodón, bordadas con flores, animales y símbolos que identifican a sus comunidades en colores alegres. “Estamos contentas. Ha sido una buena cosecha. En el invernadero tenemos tomate, chile jalapeño, chile pimiento y pepino”, dice Josefa.
Rosa Elvira Vásquez.
De igual forma, a unos 135 kilómetros de Nebaj, CIEDEG también implementa el proyecto en seis aldeas: Toj Mech, El Rincón, La Estancia y Toj Alik (en el municipio de San Martín Sacatepéquez); y Nueva Concepción y Agua Blanca (en el municipio de San Juan Ostuncalco).
Rosa Elvira Vásquez.
En la Nueva Concepción, conversamos con Rosa Elvira Vásquez, quien cuida de sus animales y cultivos mientras carga a Alexa (18 meses) en la espalda. Ella es la menor de sus cuatro hijas. La familia de Rosa recibió un cerdo hace dos años, gracias al apoyo de CWS y LDS Charities, ahora tienen tres. También recibió semillas y sembró maíz, papa, cilantro, remolacha, rábano y zanahoria.
Esta es otra iniciativa que ha traído resultados para las familias de San Martín Sacatepéquez y San Juan Ostuncalco. La cadena productiva de pase consiste en que varias familias reciben animales como cerdos, gallinas y ovejas, y cuando estos se reproducen, son repartidos a otras familias, para que puedan iniciar su proceso de cría y venta.
Los recursos que obtienen con esta actividad les ayuda a comprar otros alimentos, medicinas, ropa y útiles escolares para sus hijos. “He aprendido mucho, lo que recogemos en los huertos nos sirve para preparar el almuerzo y las comidas”, dice Rosa, y aunque nos contó que ella no tuvo la oportunidad de estudiar, sus hijas ya entraron a la escuela.
En una próxima etapa del proyecto, se ofrecerán talleres de seguridad alimentaria y técnicas agrícolas para los técnicos y promotores de CIEDEG y las organizaciones locales, y se terminará de medir talla y peso en niños menores de cinco años para determinar sus condiciones nutricionales.
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